Are we a pathetic country? – ¿Somos un país patético?

Vesna Marinkovic writes in El Dia:

Are we a pathetic country?

I am beginning to fear that we are a pathetic country. In 195 years of history we have not been able to build an institutional framework that makes us a solid and reliable country; we almost survived by magic. Planning is outside our borders. Example: the municipalities and governorates begin to request economic resources just when the quarantine is ending; they should have done it before with the idea of propping up infrastructure and medical personnel. To do it now will be to attend, above all, personal anguish entrenched long ago in these spaces.

Under these conditions, continuing to support the country’s political class and its follies in shaping the legal, political, economic and social order is definitely unsustainable. The blame is not even ideological, it is class. All of those who make up the national political class, with a few honorable exceptions, have demonstrated levels of ineffectiveness bordering on the pathetic. The levels of reflection on the management of public affairs seem to be the art of improvised villains with results that have nothing to do with the necessary threading for the construction of a democratic institutionality that sustains us.

The role of institutions around democracy is erratic. We do not have a state framework that projects the country in this direction. The Political Constitution of the State is a reissue of obese norms that have failed in so many years to have a state skeleton that energizes our potential and redirects our shortcomings. Education has created poor readings, and the political class around this legal, political and social order; it has been generally inefficient and masterfully corrupt.

We cannot continue in these conditions. We do not deserve to have more governments of the same. We must demand a change that begins with the transformation of our democratic institutions in a systematic way but without pause. Societal projects are, in the end, a product of the evolution of men and their institutions. Our citizen right is to demand it.

Before MAS, the country-idea was absorbed by an inoperative and in crisis political class that atomized it; during the MAS government, the deployment of the power turmoil and corruption, subsidized it; now, we are facing a return of the traditional political class that seems determined to wipe out all public funds in what already feels like the longest transition in history. COVID-19 has exacerbated ineffectiveness, corruption and has revealed the monstrous lack of institutionality.

In this context, we should start by changing the CPE, not reforming it as has been the trend so far. Change must happen, then, by having institutions that facilitate change, development, and management. We are such a “tight” country that we even object to the pandemic itself, just for taking “to the last consequences” the whims of leaders rarefied by power.

I suggest, as for a long time, to incorporate to the CPE the figure of the Council of State as an entity that builds order and citizenship and that from this instance, supra-governmental, Bolivians begin to generate consensual public policies consistent with the profile and interests from Bolivia.

That, based on this figure, Bolivians get used to planning, respecting an economic, political and social order depending on the country and leaving the course of anarchy, improvisation and private interests that are undermining what little remains of country.

Preparing the country for what comes after COVID-19 will be the task of giants; never more of improvised and thieves of the public coffers. Its strong impact on the economy will be as or greater than the lethality of the virus, so that in a context of low growth, job loss, inequality, vulnerability, ineffectiveness and corruption; the weakening of the country can take months. If we are not capable of building a country order; The scenario that awaits us will be Dantesque. The challenge can no longer be entrusted to the deteriorating political class, it must be a citizen challenge as a whole. I wish we could live up to events.

====versión español====

¿Somos un país patético?

Estoy comenzando a temer que somos un país patético. En 195 años de historia no hemos podido construir una institucionalidad que nos haga un país sólido y confiable; sobrevivimos casi por arte de magia. La planificación esta fuera de nuestras fronteras. Ejemplo: los municipios y gobernaciones comienzan a pedir recursos económicos justo cuando está acabando la cuarentena; debieron haberlo hecho antes con la idea de apuntalar infraestructura y personal médico. Hacerlo ahora será para atender, sobre todo, angurrias personales enquistadas hace tiempo en estos espacios.

En estas condiciones, seguir soportando a la clase política del país y sus desatinos en la formación del orden jurídico, político, económico y social, es definitivamente insostenible. La culpa no es ni siquiera de orden ideológico, es de clase. Todos los que forman la clase política nacional, con algunas honrosas excepciones, han demostrado niveles de inoperancia rayando en lo patético. Los niveles de reflexión sobre el manejo de la cosa pública parece arte de villanos improvisados con resultados que no tienen nada que ver con el hilvanamiento necesario para la construcción de una institucionalidad democrática que nos sustente.

El papel de las instituciones en torno a la democracia es errático. No tenemos un armazón estatal que proyecte país en esta dirección. La Constitución Política del Estado es una reedición de normas obesas que no han logrado en tantos años tener un esqueleto estatal que dinamice nuestras potencialidades y reconduzca nuestras falencias. La educación ha creado deficientes lecturas, y la clase política alrededor de este ordenamiento jurídico, político y social; ha sido generalmente ineficiente y magistralmente corrupta.

No podemos seguir en estas condiciones. No merecemos tener más gobiernos de lo mismo. Debemos exigir un cambio que comience por la transformación de nuestra institucionalidad democrática de manera sistemática pero sin pausa. Los proyectos societales son, al final, producto de la evolución de lo hombres y sus instituciones. Nuestro derecho ciudadano es exigirlo.

Antes del MAS, la idea-país fue absorbida por una clase política inoperante y en crisis que la atomizó; durante el gobierno del MAS, el despliegue de la angurria de poder y la corrupción, la subsidiarizaron; ahora, estamos ante un retorno de la clase política tradicional que parece decidida a arrasar con todos los fondos públicos en lo que ya se siente como la transición más larga de la historia. El COVID-19 ha agudizado la inoperancia, la corrupción y ha visibilizado la carencia monstruosa de institucionalidad.

En este contexto, deberíamos arrancar por cambiar la CPE, no reformándola como ha sido la tendencia hasta ahora. El cambio debe pasar, entonces, por tener instituciones que faciliten el cambio, el desarrollo, y la gestión. Somos un país tan “tranca” que le  ponemos reparos hasta a la propia pandemia, solo por llevar “hasta las últimas consecuencias” los caprichos de líderes enrarecidos por el poder.

Sugiero, como desde hace tiempo, incorporar a la CPE la figura del Consejo de Estado como ente constructor de orden y ciudadanía y que a partir de esta instancia, supragubernamental, los bolivianos comencemos a generar políticas públicas consensuadas y coherentes con el perfil y los intereses de Bolivia.

Que, a partir de esta figura, los bolivianos nos acostumbremos a planificar, a respetar un orden económico, político y social en función de país y dejar el derrotero de la anarquía, la improvisación y los intereses particulares que están minando lo poco que queda de país.

Preparar al país para lo que viene después del COVID-19 será tarea de gigantes; nunca más de improvisados y ladrones de las arcas públicas. Su fuerte impacto sobre la economía será tan o más grande que la letalidad del virus, de manera que en un contexto de bajo crecimiento, pérdida de empleos, desigualdad, vulnerabilidad, inoperancia y corrupción; el debilitamiento del país puede ser cosa de meses. Si no somos capaces de construir un orden-país; el escenario que nos espera será dantesco. El desafío ya no puede ser confiado a la deteriorada clase política, debe ser un desafío ciudadano de conjunto. Ojalá que pudiéramos estar a la altura de los acontecimientos.

https://www.eldia.com.bo/index.php?c=OPINION&articulo=%BFSomos-un-pais-patetico?&cat=162&pla=3&id_articulo=307283

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