Informality and resilience in the pandemic – Informalidad y resiliencia en la pandemia

Carlos Toranzo writes in Pagina Siete:

Informality and resilience in the pandemic

In Bolivia the development pattern has always been primary exporter and it seems that it will continue to be; all bets on industrialization have failed. The mentality of Bolivians, of the political authorities, of businessmen and of the popular sectors is extractivist, together with the rentier culture. Bolivia does not think about reinvesting the income from natural resources, what it wants is its use in increasing consumption and, sometimes, in favor of redistribution. That is why Bolivian capitalism is a mediocre proto-capitalism.

The different currents of Marxism, the POR or the PC, as well as the revolutionary nationalism led by the MNR coincided in their hypotheses about Bolivian development, the same that were formulated by the theorists of the development of capitalism, who argued that England transited from feudalism to capitalism through the development of urbanization, that country was gradually de-peasantized to provide manpower for the growth of industrialization.

It meant that the peasants who migrated to the cities gradually became proletarians of the nascent industries. But in Bolivia there was a slow urbanization and the de-peasantization also operated, but at a weary pace, to such a degree that at present the rural population still represents 30% of the total.

The rural population migrated to the cities and there was an increase in urbanization, however, this did not match the proletarianization of migrants for the simple reason that there was no industrialization. Therefore, migrants did not become salaried workers, rather, what they generated was the informalization of the labor market. To subsist, they entered the different areas of underemployment, self-employment, precarious and family employment; to the different spheres of informality, to retail trade, to the trade-union space, to urban transport, to the sale of groceries, to the commercialization of food and to the smuggling of merchandise.

In this way, informality emerged early throughout the country, this situation has advanced to the present; the existence of industry and wage labor are the exception in Bolivian capitalism and informality the norm. 14 years ago, informal employment reached close to 66% and under the influence of the “process of change” and the reprimarization of the economy today it reaches 80%.

Theorists make a mistake in understanding that Bolivian development would come by way of formalizing the informal. The correct thing would be to explain informality as a normal and dominant phenomenon in Bolivia and inquire how it operates. For now, the labor market is 80% informal. It is its actors, the informal ones, who have demonstrated great resilience to the pandemic; they generate their own jobs, quickly converting their activities; for years they have shown extraordinary versatility to accommodate the demands of the market.

If this is the reality of the labor market, public policies, even if they are emergency, must deal with it; the old Keynesianism of making holes and covering them to create jobs is not enough, rather it is a matter of strategically looking at the informal, supporting it to make technological leaps, access financial inclusion, ensure and improve the value chains of products from the agricultural sector, which is better articulated to the industrial production generated in the country.

It is clear that the generation of surplus is still linked to the production of hydrocarbons, mining or soy, but Bolivia has rediscovered its informals who, for now, are the secret of generating employment, precarious, but employment. Public policy must scrutinize how to reduce its levels of precariousness.

In turn, the country has rediscovered its rural sector, the peasant economy, it was not dead, it was attacked by the exchange rate that made the dollar the cheapest commodity that led to the promotion of food imports. But, in the pandemic, the agricultural sector of small producers, who are “neighbors”, half rural, half urban, in reality, mestizos from agriculture, that agricultural sector, fed and nourished products to urban centers. Therein lies one of the keys to future food security. Were there and are there public policies to support them? Bolivia must rethink this issue.

Carlos Toranzo Roca is an economist.

====versión español====

Informalidad y resiliencia en la pandemia

En Bolivia el patrón de desarrollo siempre ha sido primario exportador y parece que lo seguirá siendo; todas las apuestas por la industrialización han fracasado. La mentalidad de los bolivianos, de las autoridades políticas, de los empresarios y de los sectores populares es extractivista, unida a la cultura del rentismo.  Bolivia no piensa en la reinversión de la renta de los recursos naturales, lo que desea es su uso en el aumento del consumo y, a veces, en favor de la redistribución. Por eso el capitalismo boliviano es un protocapitalismo mediocre.

Las diferentes corrientes del marxismo, el POR  o el PC, así como  el nacionalismo revolucionario encabezado por el MNR coincidieron en sus hipótesis sobre el desarrollo boliviano, las mismas que fueron formuladas por los teóricos del desarrollo del capitalismo, quienes plantearon que Inglaterra transitó  del feudalismo al capitalismo mediante el desarrollo de la urbanización, ese país se descampesinizaba progresivamente para dotar de  mano de obra para el  crecimiento de la industrialización. 

Quería decir que los campesinos que migraban a las ciudades se convertían paulatinamente en proletarios de las industrias nacientes. Pero en Bolivia se produjo una urbanización lenta y también operó la descampesinización, pero a paso cansino, a tal grado que en el presente la población rural representa aún el 30% del total.

La población del campo migró a las ciudades y se produjo un crecimiento de la urbanización, sin embargo, ésta no se acopló a la proletarización de los migrantes por la sencilla razón de que no existía industrialización. Por tanto, los migrantes no se convirtieron en trabajadores asalariados, antes bien, lo que generaron fue la informalización del mercado de trabajo. Para subsistir, entraron a los diferentes ámbitos del subempleo, autoempleo empleo precario y familiar; a las distintas esferas de la informalidad, al comercio minorista, al espacio de los gremiales, al transporte urbano, a la venta de abarrotes, a la comercialización de alimentos y al contrabando de mercancías.

De este modo, la informalidad emergió tempranamente en todo el país, esta situación avanzó hasta el presente; la existencia de la industria y el trabajo asalariado son la excepción en el capitalismo boliviano y la informalidad la norma. Hace 14 años, el empleo informal llegaba a cerca de 66% y bajo el influjo del “proceso de cambio” y de  la reprimarización de la economía alcanza hoy al 80%.

Los teóricos cometen un error al entender que el desarrollo boliviano vendría por la vía de formalizar a lo informal. Lo correcto sería explicar a la informalidad como un fenómeno normal y dominante en Bolivia e indagar cómo opera. Por de pronto, el mercado laboral es 80% informal. Son sus actores, los informales quienes han demostrado una gran capacidad de resiliencia a la pandemia; ellos generan sus propios empleos, reconvirtiendo ágilmente sus actividades; desde años atrás muestran una extraordinaria versatilidad para acomodarse a las exigencias del mercado. 

Si esta es la realidad del mercado laboral, las políticas públicas, así sean de emergencia, deben ocuparse de ella; no basta el viejo keynesianismo de hacer huecos y taparlos para crear empleo, más bien se trata de mirar de forma estratégica a lo informal, apoyarlo para que dé saltos tecnológicos, que acceda a la inclusión financiera, que asegure y mejore las cadenas de valor de los productos provenientes del sector agropecuario, que se articule mejor a la producción industrial generada en el país.

Está claro que la generación de excedente todavía está articulada a la producción de hidrocarburos, de la minería o de la soya, pero Bolivia ha redescubierto a sus informales que, por ahora, son el secreto de la generación de empleo, precario, pero empleo. La política pública debe escudriñar cómo disminuir sus grados de precariedad. 

A su vez, el país ha redescubierto a su sector rural, a la economía campesina, ella no estaba muerta, era atacada por el tipo de cambio que convirtió al dólar en la mercancía más barata que daba lugar a promover las importaciones de alimentos. Pero, en la pandemia el sector agropecuario de los pequeños productores, que son “vecinos”, medio rurales, medio urbanos, en realidad, mestizos del agro, ese sector agropecuario, nutrió y nutre de productos a los centros urbanos.  Ahí está una de  las claves de la futura seguridad alimentaria. ¿Hubo y hay políticas públicas para apoyarlos? Bolivia debe repensar este tema.

Carlos Toranzo Roca es economista.

https://www.paginasiete.bo/opinion/carlos-toranzo-roca/2020/7/1/informalidad-resiliencia-en-la-pandemia-259949.html

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