Of little ropes, little soccer fields and the vision of the fallen – De pititas, canchitas y la visión de los caídos

Alberto Bonadona writes in Pagina Siete, photo from the internet:

Of little ropes, little soccer fields and the vision of the fallen

Behind the simple little ropes were crowds. Crowds that, first, protected their vote that wanted to be whisked away. Second, crowds of citizens who went out peacefully to protest against a government that systematically cut elementary freedoms and, third, crowds of two middle classes: an ascending and an old one, both urban, who defended their property and even their lives against the rural masses that, enraged and threatening, shouted “now, civil war!”.

They did not place the little ropes to turn down the government. In fact, it was the MAS government itself that became entangled in its cords of excessive ambitions, growing authoritarianism and lies thrown at close range to hide the mistakes made in 13 years, nine months and 18 days. Thus, by its own hand, the MAS was self-defeated with the greatest of falsehoods: electoral fraud in the adulterated acts and in the huge cybernetic manipulation of the results. When the monumental fraud was discovered, the little ropes were tied in corners and squares and caused the mass leaders to run in terror. In their cowardly escape they forgot the slogan that even forced the Armed Forces troops to cry out: “Homeland or death.”

They clearly forgot both and not because they would die, but because they are fully aware of how they managed a government, which cannot show a single successful economic project. They were never, nor are they, willing to die for the country and less were convinced to achieve a true development of this country.

Another big lie that former President Morales and Vice President Garcia continue to proclaim is that in Bolivia a fierce racial hatred prevails in all sectors of this society. They insist that this was the cause of the supposed coup.

The sad thing about this proclamation is that while, with one hand, it was a regime that promoted social inclusion in many spheres, with the other hand they sowed the unfortunate idea of racial hatred, which Garcia himself refers to -in an interview given in Buenos Aires- as a characteristic of Bolivian society, which he calls “pigmentocracy society, where the color of the skin defined the powers” until the MAS arrived and tried to change it. This was the idea that devalued all the inclusion they promoted, because they did not genuinely seek integration, but rather differentiation and disunity among Bolivians.

It is curious, however, how those who defend that government are those who, with very little, are willing to the uncompromising defense of a regime that convinced them with little soccer fields and the occasional irrigation, drinking water or construction of a school. In repeated cases, these works were not bid and were awarded with the corruptible form of direct invitation or as “turnkey” projects. This last aspect is not seen and will not be seen by those who received the little field as a benefit to their social group.

For many, what MAS did is the foundation of a regional pride simply because it was a work that was done. It does not matter if it works or not (Karachipampa case, for example), if it was done badly or halfway and with a large or small corruption (case of many of the roads) or if it is in the wrong place, and with a production well below of the optimal use of a large installed capacity (case of Bulo Bulo). What matters is that the works were made and what counts is the regionalistic boast that it engenders. Amusingly, from there, it is up to the new government to fix what the MAS did wrong. In short: it is a distorted, perverse and malicious logic.

This is the vision of the fallen who stayed in Bolivia and cannot see the mistakes of those who directed the biggest scam to the Bolivians. Scam that is not only measured in millions of wasted money, but in the dissemination of a conjecture that Bolivia is a society divided by skin color and whose solution is in the destruction of a supposed “pigmentocracy.”

Alberto Bonadona Cossío is an economist.

====versión español====

De pititas, canchitas y la visión de los caídos

Detrás de simples pititas estaban muchedumbres. Muchedumbres que, primero, protegieron su voto que quiso ser escamoteado. Segundo, muchedumbres de ciudadanos que salieron pacíficamente a protestar contra un gobierno que sistemáticamente fue recortando las libertades elementales y, tercero, muchedumbres de dos clases medias: una ascendente y otra antigua, ambas urbanas, que defendieron su propiedad e incluso sus vidas frente a masas rurales que, enardecidas y amenazadoras, gritaban “¡ahora sí, guerra civil!”.

No colocaron las pititas para voltear a un gobierno. En realidad  fue el propio gobierno del MAS que se enredó en sus cordones de ambiciones desmedidas, autoritarismo creciente y mentiras lanzadas a mansalva para ocultar los errores que se cometieron en 13 años, nueve meses y 18 días. Así, por mano propia, el MAS se autogolpeó con la mayor de las falsedades: el fraude electoral en las actas adulteradas y en el descomunal manipuleo cibernético de los resultados. Al ser descubierto el monumental fraude, las pititas se ataron en esquinas y plazas e hicieron que los dirigentes masistas corrieran despavoridos.  En su cobarde escape olvidaron la consigna que incluso obligaron a clamar a las tropas de las Fuerzas Armadas: “Patria o muerte”.

Claramente olvidaron ambas y no porque irían a morir, sino porque tienen plena consciencia de cómo manejaron un gobierno, que no puede mostrar un solo proyecto económico exitoso. Nunca estuvieron, ni están, dispuestos a morir por la patria y menos estuvieron convencidos de alcanzar un auténtico desarrollo de este país.

Otra gran mentira que el expresidente Morales y el vicepresidente García continúan proclamando es que en Bolivia prevalece un frenético odio racial en todos los sectores de esta sociedad. Insisten que éste fue la causa del supuesto golpe de Estado. 

Lo triste de este pregón es que mientras, con una mano, fue un régimen que impulsó la inclusión social en muchas esferas, con la otra mano sembró la desdichada idea del odio racial, que el propio García la refiere -en una entrevista dada en Buenos Aires- como característica de la sociedad boliviana, a la que llama “sociedad pigmetocrática, donde el color de la piel definía los poderes” hasta que el MAS llegó e intentó cambiarla. Esta fue la idea que desvaloriza toda la inclusión que impulsaron, porque no buscaron genuinamente la integración, sino la diferenciación y desunión entre bolivianos.

Es curioso, no obstante, cómo los que defienden a ese gobierno son los que, con muy poco, se muestran dispuestos a la intransigente defensa de un régimen que los convenció con canchitas y alguna que otra obra de riego, agua potable o la construcción de una escuela. En repetidos casos, estas obras no se licitaron y se otorgaron con la corruptible forma de invitación directa o como proyectos “llave en mano”. Este último aspecto no lo ven y no lo verán los que recibieron la canchita como beneficio a su grupo social.

 Para muchos, lo que hizo el MAS es el fundamento de un orgullo regional simplemente porque fue una obra que se hizo. No interesa si funciona o no (caso Karachipampa, por ejemplo), si se hizo mal o a medias y con una corruptela grande o pequeña (caso de muchas de las carreteras) o si está en el lugar equivocado, y con una producción muy por debajo del óptimo uso de una gran capacidad instalada (caso de Bulo Bulo). Lo que interesa es que las obras se hicieron y lo que cuenta es la vanagloria regionalista que engendra. Graciosamente, a partir de ahí, corresponde al nuevo gobierno arreglar lo que el MAS hizo mal. En síntesis: es una lógica distorsionada, perversa y malévola. 

Esta es la visión de los caídos que se quedaron en Bolivia y que no pueden ver los errores de los que dirigieron la más grande estafa a los bolivianos. Estafa que no sólo se mide en millonarias cifras de dinero desaprovechado, sino en la divulgación de una conjetura de que Bolivia es una sociedad dividida por el color de la piel y cuya solución está en la destrucción de una supuesta “pigmetocracia”.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

https://www.paginasiete.bo/opinion/alberto-bonadona-cossio/2019/12/28/de-pititas-canchitas-la-vision-de-los-caidos-241727.html

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