Between power and death – Entre el poder y la muerte

Renzo Abruzzese writes in Pagina Siete:

Between power and death

An unprecedented dilemma has put the political system in trouble, two irreducible principles are faced: the principle of opportunity and that of public health. In the first, the political conditions that would eventually lead to an electoral victory are prioritized, it is a question of power; in the other, the possibility of controlling a pandemic is prioritized, which clearly can be devastating.

At one extreme, the urgency to safeguard public health collides with the need to activate the economic apparatus, since it is true that the coronavirus epidemic stripped the poverty that prevails in the country, and forces more than two thirds of the population to earn a living, the daily bread despite the risks. It is also true that if the epidemic gets out of control, the economic argument falls under its own weight, at a certain point the virus could beat the economy and far from solving the problems it would aggravate them.

At the other extreme, the possibility that the opposition forces win the election to MAS is part of an unobjectionable strategic logic. In politics, opportunities are not usually eternal, much less when the country is torn between the forces of survival and the forces of power.

In the balance, rationality and the survival instinct would advise to prudently wait until the moment when the probability of contagion has diminished and complying with the citizen’s obligation to vote is no longer a suicide attempt, which would certainly advise further postponement of the elections.

Postponing the elections puts the opposition forces and MAS at the same level of risk. Both are aware that Bolivia’s political unpredictability could jeopardize all its possibilities. Those who favor elections despite the epidemic align themselves with the masista strategy and those who oppose it to the opposition strategy.

With its nuances and differences, the scenario is clear, on one plate in the balance are those who direct their actions towards the protection of life and the citizen, on the other, the infinite ambition for power of Evo Morales and his lieutenants.

In politics it is very difficult to find a “just way,” especially when that way could lead to a defeat or the loss of vital spaces from a strategic point of view. We could, however, appreciate the advantages and disadvantages if we put ourselves in the shoes of those who will vote despite the epidemiological dangers.

If by voting I lose a loved one devastated by the coronavirus or my decision brings a series of anguishes typical of such a dangerous disease, whoever benefits from my vote will probably end up in the Palacio Quemado will enjoy the legality that a democratic election grants, but it is most likely that the winner’s legitimacy will lose in direct proportion to the number of those affected, to the extent that his decision was paid for with the lives of the citizens.

If the elections prolong the already painful experience of isolation and its economic, social and psychological consequences, the winner runs the risk of being attributed the same thing that is now attributed to MAS: a disproportionate disregard for life.

If hypothetically the election act does not aggravate the epidemiological situation, none of the aforementioned scenarios has any value, the fact is that from the prospective point of view and as the epidemic progresses in our environment, and in particular in some capital cities, the most It is probable that the elections set for September, if held under the shadow of the coronavirus, will end up subtracting more than adding support to the winner.

Renzo Abruzzese is a sociologist.

====versión español====

Entre el poder y la muerte

Una disyuntiva inédita ha puesto el sistema político en aprietos, se enfrentan dos principios irreductibles: el principio de la oportunidad y el de la salud pública. En el primero se priorizan las condiciones políticas que eventualmente derivarían en una victoria electoral, es una cuestión de poder; en el otro, se prioriza la posibilidad de controlar una pandemia que a claras luces puede resultar devastadora.

En un extremo, la urgencia de salvaguardar la salud pública colisiona con la necesidad de activar el aparato económico, pues es cierto que la epidemia del coronavirus desnudó la pobreza que reina en el país, y obliga a más de dos tercios de la población a ganarse el pan de cada día a pesar de los riesgos. También es cierto que si la epidemia sale de control, el argumento económico cae por su propio peso, en un determinado momento el virus podría ganarle la partida a la economía y lejos de solucionar los problemas los agravaría.

En el otro extremo, la posibilidad de que las fuerzas de oposición le ganen la elección al MAS hace parte de una lógica estratégica inobjetable. En política las oportunidades no suelen ser eternas y mucho menos cuando el país se debate entre las fuerzas de la sobrevivencia y las fuerzas del poder.

En la balanza, la racionalidad y el instinto de sobrevivencia aconsejarían una prudente espera hasta el momento en que las probabilidades de contagio hayan menguado y cumplir con la obligación ciudadana de votar deje de ser un intento suicida, lo que aconsejaría ciertamente postergar aún más las elecciones.

Postergar las elecciones pone en el mismo nivel de riesgo a las fuerzas de oposición y al MAS. Ambas están conscientes de que la impredecibilidad política de Bolivia podría echar por la borda todas sus posibilidades. Quienes se inclinan por elecciones a pesar de la epidemia se alínean en la estrategia masista y quienes se opone a ello a la estrategia de oposición.

Con sus matices y diferencias, el escenario es claro, en un plato de la balanza están los que orientan sus acciones a la protección de la vida y el ciudadano, en el otro, la infinita ambición de poder de Evo Morales y sus alfiles.

En política es muy difícil encontrar un “justo medio”, sobre todo cuando ese medio podría conllevar una derrota o la pérdida de espacios vitales desde el punto de vista estratégico. Podríamos, sin embargo, apreciar las ventajas y desventajas si nos ponemos en los zapatos de quienes vayan a votar a pesar de los peligros epidemiológicos. 

Si por votar pierdo un ser querido devastado por el coronavirus o mi decisión acarrea una serie de angustias propias de una enfermedad tan peligrosa, probablemente el que se beneficie de mi voto termine en el Palacio Quemado gozará de la legalidad que otorga una elección democrática, pero lo más seguro es que la legitimidad del vencedor pierda en proporción directa al número de afectados, en la medida en que su decisión se pagó con la vida de los ciudadanos.

 Si las elecciones prolongan la ya dolorosa experiencia del aislamiento y sus secuelas económicas, sociales y psicológicas, el ganador corre el riesgo de que a él se le atribuya lo mismo que ahora se le atribuye al MAS: un desproporcionado desprecio por la vida.

Si hipotéticamente el acto eleccionario no agrava la situación epidemiológica, ningún escenario de los mencionados tiene valor alguno, el hecho es que desde el punto de vista prospectivo y tal como la epidemia avanza en nuestro medio, y en particular en algunas ciudades capital, lo más probable es que las elecciones fijadas para septiembre, si se realizan bajo la sombra del coronavirus, terminarán restando más que sumando a poyo al vencedor.

 Renzo Abruzzese  es sociólogo.

https://www.paginasiete.bo/opinion/renzo-abruzzese/2020/6/16/entre-el-poder-la-muerte-258478.html

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