Clarifying the reality of employment in Bolivia – Sincerar la realidad del empleo en Bolivia

Editorial El Deber:

The reality is not as the Government paints it. They say that the national economy is better, but the situation of Bolivian families is not similar to what they had before the pandemic. Household income fell; hundreds of thousands of Bolivians lost their jobs or saw their salaries decrease. Those who were left without fixed incomes have opted for the underground economy and it is in this territory that the true situation of the citizens is revealed.

Already in 2018, the International Labor Organization warned about the levels reached by the informal economy in Bolivia, more than 80% of the activities are carried out in an unregulated environment, with sources of work that are precarious: without social security or retirement and , the worst, with salaries that fall to almost half the national minimum wage.

In its edition of Sunday, April 10, EL DEBER reflected that reality. In the employment agencies there are people who accept 1,300 bolivianos of salary in order to work; professionals who file the title and perform other tasks to earn an income. In the informal economy there is labor instability and all of this is tolerated because it is the only survival option for thousands of Bolivians.

The reality is that barely two out of every ten workers in Bolivia work in the formal sector of the economy and that is precisely where wage increases and tenure are charged, as a kind of punishment for legality. However, the State does nothing to control the informal economy or to prevent the accelerated deterioration of employment.

Meanwhile, the demands of the industrial or agricultural sectors where they cry out to be allowed to work and generate decent jobs are ignored. The president of the Chamber of Industry and Commerce, Fernando Hurtado, said that “the best redistribution is the generation of employment in greater quantity and of higher quality.” Given the aforementioned evidence, it is worth asking if it is in the real interest of the Government to improve the quality of life of Bolivians, because it must be agreed that a bond does not allow “living well”, as Vice President David Choquehuanca proposes.

The Central Obrera Boliviana demands an increase of 10% to the national minimum wage and 7% to the basic wage. Its leaders (most of them declared in commission with juicy salaries) say that May 1 must arrive with an answer. Their calculations are political and not economic. They know that their request will not benefit the majority of workers and they know that the economy is not recovering, but it seems that this is not an issue that matters much to them.

It is necessary to hope that the Government is sensible and takes care of the national economy before the votes or the endorsement of a sector like the COB. Under current conditions, a salary increase can mean the closure of companies and more job losses. And, although the economic model praises the greater intervention of the State in production, it is clear that the public apparatus spends much more than what it receives; in other words, it has no strength to give that benefit to the workers. We will have to see the cost benefit and be honest with the reality of the country.

La realidad no es como la pinta el Gobierno. Dicen que la economía nacional está mejor, pero la situación de las familias bolivianas no se parece a la que tenían antes de la pandemia. Cayeron los ingresos en los hogares; cientos de miles de bolivianos perdieron su empleo o vieron disminuir sus sueldos. Los que quedaron sin entradas de dinero fijas han optado por la economía subterránea y es en ese territorio en el que se pone en evidencia la verdadera situación de los ciudadanos.

Ya en 2018, la Organización Internacional del Trabajo alertaba sobre los niveles alcanzados por la economía informal en Bolivia, más del 80% de las actividades se desarrollan en un ámbito no regulado, con fuentes de trabajo que son precarias: sin seguridad social ni jubilación y, lo peor, con sueldos que caen a casi la mitad del salario mínimo nacional.

En su edición del domingo 10 de abril, EL DEBER reflejó esa realidad. En las agencias de empleo hay personas que llegan a aceptar 1.300 bolivianos de salario con tal de trabajar; profesionales que archivan el título y realizan otras tareas para tener un ingreso. En la economía informal hay inestabilidad laboral y todo eso es tolerado porque es la única opción de sobrevivencia para miles de bolivianos.

La realidad es que apenas dos de cada diez trabajadores en Bolivia se desempeñan en el sector formal de la economía y es ahí precisamente donde se cargan los incrementos salariales y la inamovilidad, como una especie de castigo a la legalidad. No obstante, el Estado no hace nada para fiscalizar a la economía informal ni para evitar el acelerado deterioro del empleo.

Mientras tanto, se ignoran los pedidos de los sectores industrial o agropecuario donde claman que se los deje trabajar y generar empleos dignos. El presidente de la Cámara de Industria y Comercio, Fernando Hurtado, decía que “la mejor redistribución es la generación de empleo en mayor cantidad y de mayor calidad”. Ante las evidencias mencionadas cabe preguntar si es de interés real del Gobierno mejorar la calidad de vida de los bolivianos, porque hay que convenir que un bono no permite “vivir bien”, como plantea el vicepresidente David Choquehuanca.

La Central Obrera Boliviana demanda incremento del 10% al salario mínimo nacional y del 7% al salario básico. Sus dirigentes (la mayoría de ellos declarados en comisión con jugosos sueldos) dicen que se debe llegar al 1 de mayo con una respuesta. Sus cálculos son políticos y no económicos. Saben que su pedido no beneficiará a la mayoría de los trabajadores y saben que la economía no se está recuperando, pero parece que ese no es un tema que les importe mucho.

Hay que esperar que el Gobierno sea sensato y cuide la economía nacional antes que los votos o los respaldos de un sector como la COB. En las condiciones actuales, un incremento salarial puede significar el cierre de empresas y más pérdida de empleos. Y, aunque el modelo económico ensalce la mayor intervención del Estado en la producción, es claro que el aparato público gasta mucho más de lo que le ingresa; o sea, no tiene espalda para dar ese beneficio a los trabajadores, Habrá que ver costo beneficio y sincerar la realidad del país.

https://eldeber.com.bo/opinion/sincerar-la-realidad-del-empleo-en-bolivia_274486

Published by Bolivian Thoughts

Senior managerial experience on sustainable development projects.

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