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The economy is bad, but not so bad – La economía está mal, pero no tan mal

Rolando Morales writes in Pagina Siete:

The economy is bad, but not so bad

The economy ended battered in 2019, so it was expected to have a bad year in 2020, in addition to the pandemic that plagues the entire world. However, the evolution in the first quarter was not as bad as feared: according to the IGAE, economic activity grew to 0.53%, the unemployment rate was 7.34 percent, deposits in banks grew by 1943 million dollars until May 15, net international reserves grew by 45 million and the only sectors that had sharp falls were mining, construction and transport. But, public finances continued to deteriorate. The strongest hit of the pandemic to the economy occurred during the second quarter, so bad results can be expected, as well as in the rest of the year.

According to the World Bank (which is generally wrong in its forecasts) the Bolivian economy would have a 5.9% fall this year, but next year it would recover with 2.2%. According to this organism, the big economies would have bigger falls, superior to 7%, but they would also recover next year with rates between 3 and 4%.

Despite the pessimism that prevails, because the productive apparatuses are intact, recovery can be expected on condition that the losses of the State and the companies incurred during the pandemic are distributed over time. The State must try to reduce its expenses, increase its income and achieve internal and/or external credits at reasonable terms and under concessional conditions. ASFI must establish emergency regulations to facilitate bank financing that companies require. Fortunately, Bolivia has a very strong financial system that can aid recovery. It would be appropriate to establish a small business refinancing fund with the logistical support of NGOs. It is a good idea to prohibit the dismissal of workers, but compliance will have to be ensured, even violated by government authorities.

Bolivia has three additional problems that other countries face: a weak external sector, a disturbing political crisis, and the urgent need to make institutional changes. Exports will decline even if mineral and hydrocarbon markets recover and imports could continue to grow if no measures are taken to contain them. Devaluing this year would be a serious mistake, what corresponds is to introduce temporary quantitative restrictions on the import of goods that are not essential and introduce incentives for non-traditional exports.

Although Bolivia is not at risk of contagion from the global financial crisis due to its low insertion, it has a derived type of risk: its neighboring countries, Brazil, Peru and Chile have very high cases of coronavirus infection, making it possible that for sanitary (non-financial) reasons Bolivia closes its borders with these countries with damage to its economy.

Bolivia has never had a political crisis with the current characteristics: a president who has left, a small group that takes over the Palacio Quemado, an acute social conflict and unsupported presidential candidates. To this must be added the fear of professionals of participating in politics and occupying positions of command in the public administration. Bolivia is like a helpless body, without a head, and the worst thing is that no solution is in sight at such difficult times with great challenges in health and economy.

Finally, a fourth challenge is to complete those unfinished tasks postponed for many years. The health crisis has exposed the disorganization of the Bolivian State since the Administrative Decentralization Law of 1995, particularly in the case of the health sector, where responsibilities are double-headed or diffuse. In general, we have not adopted good administrative principles to organize the country, this is the origin of the current disorder. On the other hand, Bolivia urgently requires judicial and police reform.

Our existential problem is who can do all this?

Rolando Morales Anaya is an economist.

====versión español====

La economía está mal, pero no tan mal

La economía terminó maltrecha en el año 2019 por lo que cabía esperar tener un mal año en el 2020, además por la pandemia que azota al mundo entero. Sin embargo, la evolución en el primer trimestre no fue tan mala como se temió: según el IGAE, la actividad económica creció al 0,53%, la tasa de desempleo fue de 7,34 por ciento, los depósitos en los bancos crecieron en 1943 millones de dólares hasta el 15 de mayo, las reservas internacionales netas crecieron en 45 millones y los únicos sectores que tuvieron fuertes caídas fueron la minería, la construcción y el transporte. Pero, las finanzas públicas continuaron a deteriorarse. El golpe más fuerte de la pandemia a la economía se dio durante el segundo trimestre, por lo que puede esperarse malos resultados, al igual que en lo que queda del año.

Según el Banco Mundial (que generalmente se equivoca en sus pronósticos) la economía boliviana tendría una caída de 5,9% este año, pero el próximo año se recuperaría con un 2,2%. Según este organismo, las economías grandes tendrían caídas más grandes, superiores al 7%, pero se recuperarían también el próximo año con tasas entre 3 y 4%.

A pesar del pesimismo que cunde, porque los aparatos productivos están intactos, se puede esperar la recuperación a condición que se logre distribuir en el tiempo las pérdidas del Estado y de las empresas incurridas durante la pandemia. El Estado deberá intentar disminuir sus gastos, aumentar sus ingresos y lograr créditos internos y/o externos a plazos razonables y en condiciones concesionales. La ASFI deberá establecer una normativa de emergencia para facilitar el financiamiento bancario que requieren las empresas. Felizmente, Bolivia tiene un sistema financiero muy sólido que puede ayudar a la recuperación. Sería conveniente establecer un fondo de refinanciamiento de las pequeñas empresas con el apoyo logístico de las ONG. Es una buena idea prohibir el despido de trabajadores, pero habrá que asegurar su cumplimiento, violado incluso por las autoridades de gobierno.

Bolivia tiene tres problemas adicionales a los que los otros países enfrentan: un sector externo débil, una inquietante crisis política y la urgente necesidad de hacer cambios institucionales. Las exportaciones mermarán incluso si los mercados de minerales e hidrocarburos se recuperan y las importaciones podrían seguir creciendo si no se toma medidas para contenerlas. Devaluar este año sería un gravísimo error, lo que corresponde es introducir restricciones cuantitativas temporales a la importación de bienes que no son imprescindibles e introducir incentivos a las exportaciones no tradicionales.

Si bien Bolivia no corre el riesgo de un contagio de la crisis financiera mundial debido a su escaza inserción, tiene un tipo de riesgo derivado: sus países vecinos, Brasil, Perú y Chile tienen casos muy elevados de infección del coronavirus, por lo que es posible que por razones sanitarias (no financieras) Bolivia cierre sus fronteras con estos países con daños para su economía.

Bolivia nunca ha tenido una crisis política con las características actuales: un presidente que se va, un pequeño grupo que se hace cargo del Palacio Quemado, un agudo conflicto social y candidatos presidenciales sin apoyo. A esto hay que añadir el miedo de los profesionales de participar en política y de ocupar puestos de mando en la administración pública. Bolivia se encuentra como un cuerpo inerme, sin cabeza, y lo peor es que no se vislumbra una solución en momentos tan difíciles con grandes desafíos en salud y en economía. 

Finalmente, un cuarto desafío es el completar tareas inconclusas postergadas desde hace muchos años. La crisis sanitaria ha puesto al descubierto la desorganización del Estado boliviano a partir de la Ley de Descentralización Administrativa de 1995, muy particularmente en el caso del sector salud, donde las responsabilidades son bicéfalas o difusas. En general, no hemos adoptado buenos principios administrativos para organizar el país, éste es el origen del desorden actual. Por otra parte, Bolivia requiere con urgencia la reforma judicial y de la Policía.

Nuestro problema existencial es ¿quién podrá hacer todo esto?

Rolando Morales Anaya es economista.

https://www.paginasiete.bo/opinion/2020/6/25/la-economia-esta-mal-pero-no-tan-mal-259367.html