Renzo Abruzzese, Pagina Siete:
The coup d’etat theory
When Evo Morales fled and the 14-year-old regime collapsed like a house of cards, the vast majority of citizens were sure that we had achieved an irreversible result, and that based on this, the restitution of the rule of law was proportional to the powerful citizen movement that shook the social lethargy that Evo and the MAS imposed for almost three decades. Today, as the product of a black magic spell, we witness the return of the gadgets that the MAS had become used to executing. The persecution returned, the prosecution, the corrupt left jails and the message is clear: no matter what you do, we defend you.
Terrorists benefit with freedom, racism is reborn like the phoenix, polarization is fueled by all means and a shadow of fear begins to cover the social epidermis. Much earlier than expected, the government issues messages that are clearly discernible to the ordinary citizen, even to the Armed Forces and the Police themselves: no one is free from the power of the MAS. That is the message.
The official discourse has not changed one iota. We continue to recall the 14 years of bonanza, bonuses, development, “stability” and everything seems to revolve around the same discursive axis: Evo’s triumphal Bolivia. In the collective imagination, the contrasts begin as a result of some confusion, confusion that is the first step in the projected return of the caudillo.
For all this to end in the figure of Evo Morales, and for the current president to go down in history with a certain personality of his own beyond Evo, a narrative is needed that allows accepting that nothing really changed, and that the four million Citizens who took to the streets to oust Morales last October were never really what they were.
The factual condition of this gimmick is to install in the public conscience that Morales never fled, that the resignation was an accident, that Congress never debated and accepted the resignation, that it was not the Masista two-thirds who actually governed the period of transition, and that the Armed Forces did not go out to repress the masista vandals, paramilitaries and mercenaries to protect the citizenship, but that they were agents of the right, with the express order to massacre the people. In short, the attempt is to erase from the collective memory the moment in history in which the public won the battle against Masista despotism and that everything was the product of a coup.
For the return of the caudillo to take place and surround himself with a halo of naturalness and social legitimacy, it is necessary not only a large number of post-truths, but the certainty that the vast majority of the people believe in the theory of the coup.
Among the extreme efforts to impose on social subjectivity the masista discourse around the departure of their boss, denying the citizen power that forced him to flee, Morales prepares the ground inch by inch and in a meticulous and ant work. The subnational elections will grant them a large part of territorial control, Congress suppressed two thirds, they fractured the ranks of Creemos, they will try to do it with the CC caucuses.
The citizen movement has dismantled as a result of the transition and the errors of Añez and the MAS, internally, it recomposes its cadres in an effort to give itself a renewed and democratic facade.
The opposition parties are not able to articulate a minimum of power that allows them to stop the masista movement, neither inside nor outside Congress. Citizens perceive that the entire resistance effort was diluted in the hands of personal, group and corporate ambitions that facilitated the victory of Arce Catacora, and that, in a short time, they will return the legitimacy of municipal control and governorships to the MAS.
Consequently, a promising future is not predicted and the signs in all spheres are beginning to show in red. The possibility of an Evo ruling, the ineptitude of the politicians and the general crisis we are experiencing do not seem to presage very good times, and something screams at us, inside, that perhaps we have what we deserve.
Renzo Abruzzese is a sociologist.
La teoría del golpe
Cuando Evo Morales fugó y el régimen de 14 años se desplomó como un castillo de naipes, la inmensa mayoría de los ciudadanos tuvimos la seguridad de que habíamos logrado un resultado irreversible, y que en función de ello, la restitución del Estado de Derecho era proporcional al poderoso movimiento ciudadano que sacudió el letargo social que Evo y el MAS impusieron por casi tres lustros. Hoy, como producto de un hechizo de magia negra, presenciamos el retorno de los artilugios que el MAS se había acostumbrado a ejecutar. Volvió la persecución, la judicialización, los corruptos salieron de las cárceles y el mensaje es claro: no importa lo que hagas te defendemos.
Los terroristas se benefician con libertad, el racismo renace como el ave fénix, la polarización es alimentada por todos los medios y una sombra de temor empieza a cubrir la epidermis social. Mucho más pronto de lo esperado el gobierno emite mensajes que son claramente discernibles para el ciudadano de a pie, incluso para las mismas Fuerzas Armadas y la Policía: nadie está libre del poder del MAS. Ese es el mensaje.
El discurso oficial no ha cambiado un ápice. Seguimos rememorando los 14 años de bonanza, los bonos, el desarrollo, la “estabilidad” y todo parece que gira sobre el mismo eje discursivo: la Bolivia triunfal de Evo. En el imaginario colectivo empiezan los contrastes producto de cierta confusión, confusión que es el primer paso en el proyectado retorno del caudillo.
Para que todo esto termine en la figura de Evo Morales, y para que el actual mandatario pueda pasar a la historia con cierta personalidad propia más allá de Evo, se necesita una narrativa que permita aceptar que nada realmente cambió, y que los cuatro millones de ciudadanos que salieron a las calles para sacar del gobierno a Morales, en octubre pasado, nunca fueron en realidad lo que fueron.
La condición fáctica de este artilugio pasa por instalar en la consciencia ciudadana que Morales nunca fugó, que la renuncia fue un accidente, que el Congreso nunca debatió y aceptó la renuncia, que no fueron los dos tercios masistas los que en realidad gobernaron el periodo de transición, y que las Fuerzas Armadas no salieron a reprimir a los vándalos masistas, paramilitares y mercenarios para proteger la ciudadanía, sino, que fueron agentes de la derecha, con la expresa orden de masacrar al pueblo. En pocas palabras, el intento pasa por borrar de la memoria colectiva el momento de la historia en que la ciudadanía le ganó la batalla al despotismo masista y que todo fue producto de un golpe.
Para que el retorno del caudillo se produzca y se rodee de un halo de naturalidad y legitimidad social, se necesita no sólo una gran cantidad de posverdades, sino la certeza de que la gran mayoría del pueblo cree en la teoría del golpe.
Entre que se extreman los esfuerzos por imponer en la subjetividad social el discurso masista en torno a la salida de su jefe, negando el poder ciudadano que lo obligó a fugar, Morales prepara el terreno palmo a palmo y en un trabajo minucioso y de hormiga. Las elecciones subnacionales le otorgarán gran parte del control territorial, el Congreso suprimió los dos tercios, fracturaron las filas de Creemos, intentarán hacerlo con las bancadas del CC.
El movimiento ciudadano se ha desarticulado como efecto de la transición y los errores de Añez y el MAS, internamente, recompone sus cuadros en un esfuerzo por darse una fachada renovada y democrática.
Los partidos de oposición no logran articular un mínimo de poder que le permita frenar el impulso masista, ni dentro ni fuera del Congreso. La ciudadanía percibe que todo el esfuerzo de la resistencia se diluyó en manos de las ambiciones personales, grupales y corporativas que facilitaron la victoria de Arce Catacora, y que, en poco, le devolverán la legitimidad del control municipal y gobernaciones al MAS.
No se augura, en consecuencia, un futuro prometedor y las señales en todas las esferas empiezan a marcar en rojo. La posibilidad de un Evo gobernando, la ineptitud de los políticos y la crisis general que experimentamos no parecen presagiar muy buenos tiempos, y algo nos grita, fueros adentro, que quizá tenemos lo que nos merecemos.
Renzo Abruzzese es sociólogo.
https://www.paginasiete.bo/opinion/renzo-abruzzese/2020/12/1/la-teoria-del-golpe-276594.html