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A tyrant named Evo Morales – Un tirano llamado Evo Morales

Enrique Fernández García writes for El Dia, picture below from the internet [versión en español, más abajo]:

Words of combat

A tyrant named Evo Morales

Even if it is no consolation, I clarify that I never considered him a reliable person, worse still worthy of the support at the polls. Since his time in the opposition, when blocking roads, assaulting police, military, but also the citizen who only wanted to work, his attitude was incompatible with the democratic order. His demands had the inevitable stamp of intransigence and, in addition, violent practices. He did not care how much damage was caused to obtain certain advantages in favor of the group he represented, the coca leaf producers, an indispensable element for making cocaine. In short, when it broke into the political sphere, he did not seem to offer us a change that would serve to improve Bolivia’s often difficult landscape.

His exercise of power has not been reluctant to irregular use of force. He promised that there would be no deaths in his Government; at present, it has numerous, nationwide, fallen when mobilized against his measures. Moreover, in 2009, at the Las Américas hotel, there were three extrajudicial executions, as evidenced by forensic medical reports. Perhaps one of the greatest examples is thanks to a deputy minister, Rodolfo Illanes, who, in 2016, practically, without any further collection, was sent to death because, thus, a repression was triggered to end a claim of cooperative miners. Of course, when they do not use these means, corrupt justice can be used to multiply proceedings against opponents. It is no accident that his regime has hundreds of exiles in several countries.

On the other hand, his Government, which has been thirteen years old, has been an incessant source of corruption. Unfortunately, indecency in the management of public resources was never an isolated event, much less; however, with his party, the larcenies surpassed our imagination. From an official of the state bank who, as if nothing, traveled with his friends by plane abroad, as well as giving a luxury car to his girlfriend, to the waste of the Indigenous Fund. I highlight the latter because, on several occasions, it was argued that Morales Ayma represented a kind of superior morality, due to the fact of being native (although, as you know, he does not even speak a native language); However, when managing millionaire projects, many had no problem in increasing their assets.

Naturally, what now provokes more outrage, although not surprise, is related to his contempt for voting. Indeed, Juan Evo Morales Ayma has boasted, shouting loudly, to “rule by obeying the people.” But everything has remained in his long and infertile speeches. In a 2016 referendum, clearly, most citizens spoke out against their re-election. There were different reasons for this; however, his own Constitution, in force since 2009, established it that way.

Did you obey the command of your sovereign?

No, he resorted to servile judges to be recognized as an absurd “human right” to be a candidate without any limitation of terms.

Thus, it is not surprising that, in these last elections, once again, he mocks the citizenship, imposes a fraudulent vote count and, without the slightest shame, pretends that we celebrate it. He wants to, do whatever he pleases. The problem is that not everyone is willing to contemplate his nth attack and do nothing to remedy it. His tyranny will encounter an immovable obstacle.

* Writer, philosopher and lawyer,

caidodeltiempo@hotmail.com

==== Versión en español ====

Palabras de combate

Un tirano llamado Evo Morales

Aun cuando no sirva de consuelo, aclaro que nunca lo consideré una persona confiable, peor todavía digna del apoyo en las urnas. Desde sus tiempos en la oposición, cuando bloqueaba caminos, agrediendo a policías, militares, pero también al ciudadano que sólo quería trabajar, su actitud era incompatible con el orden democrático. Sus demandas tenían el infaltable sello de la intransigencia y, además, las prácticas violentas. No le importaba cuánto daño se causaba para obtener ciertas ventajas en favor del grupúsculo que representaba, los productores de hoja de coca, elemento indispensable para elaborar cocaína. Resumiéndolo, ya cuando irrumpía en la esfera política, no parecía ofrecernos un cambio que sirva para mejorar el, a menudo, difícil panorama de Bolivia.

Su ejercicio del poder no ha sido reacio al uso irregular de la fuerza. Prometió que no habría ningún muerto en su Gobierno; al presente, lleva numerosos, a nivel nacional, caídos cuando se movilizaban contra sus medidas. Más aún, el año 2009, en el hotel Las Américas, se produjeron tres ejecuciones extrajudiciales, tal como lo evidenciaron informes médico-forenses del extranjero. Tal vez uno de los mayores ejemplos se dé gracias a un viceministro, Rodolfo Illanes, quien, en 2016, prácticamente, sin mayores recaudos, fue enviado a la muerte porque, así, se desencadenaba una represión para terminar con un reclamo de mineros cooperativistas. Por supuesto, cuando no emplean esos medios, puede utilizarse a la corrupta justicia para multiplicar procesos contra opositores. No es casual que su régimen tenga centenares de exiliados en varios países.

Por otro lado, su Gobierno, que ya lleva trece años, ha sido una fuente incesante de corrupción. Por desgracia, la indecencia en el manejo de los recursos públicos jamás fue un hecho aislado, ni mucho menos; empero, con su partido, los latrocinios sobrepasaron nuestra imaginación. Desde un funcionario del banco estatal que, como si nada, viajaba con sus amigos en avión al extranjero, así como también regalaba un auto de lujo a su novia, hasta el derroche del Fondo Indígena. Destaco esto último porque, en diversas ocasiones, se sostuvo que Morales Ayma representaba a una especie de moralidad superior, por el hecho de ser originario (aunque, como se sabe, ni siquiera habla un idioma nativo); sin embargo, al manejar proyectos millonarios, muchos no tuvieron problema en aumentar su patrimonio.

Naturalmente, lo que provoca ahora más indignación, aunque no sorpresa, se relaciona con su desprecio al voto. En efecto, Juan Evo Morales Ayma se ha jactado, gritándolo a voz en cuello, de “gobernar obedeciendo al pueblo”. Mas todo ha quedado en sus largos e infértiles discursos. En un referendo del año 2016, con claridad, la mayoría de los ciudadanos se manifestaron contra su reelección. Había distintas razones para ello; no obstante, su propia Constitución, vigente desde 2009, lo estableció de esa forma.

¿Obedeció el mandato de su soberano?

No, recurrió a jueces serviles para que se le reconozca un absurdo “derecho humano” a ser candidato sin ninguna limitación de mandatos.

Así las cosas, no asombra que, en estas últimas elecciones, una vez más, se burle de la ciudadanía, imponga un fraudulento recuento de votos y, sin la menor vergüenza, pretenda que lo celebremos. Quiere
hacer, pues, lo que le plazca. El problema es que no todos están dispuestos a contemplar su enésimo ataque y no hacer nada para remediarlo. Su tiranía se topará con un obstáculo inamovible.

*Escritor, filósofo y abogado,

caidodeltiempo@hotmail.com

https://www.eldia.com.bo/index.php?c=OPINION&articulo=Un-tirano-llamado-Evo-Morales&cat=162&pla=3&id_articulo=290477