¿Y ahora qué? – Now, what?

Editorial, El Diario:

Pathetic inheritance for the new government

Whichever new government holds the reins of the State in its hands, it will encounter great economic and, therefore, social and political difficulties. The waste of the last fourteen years by the mismanagement of the MAS of Evo Morales-García Linera reaches incredible proportions. Added to that pathetic heritage is the international economic crisis, a product of the Covid-19 pandemic, a situation that has little hope of a short-term solution.

The Bolivian economy presents as general characteristics, symptoms that are nothing short of alarming: the Nation is disorganized, the economic apparatus paralyzed, the productive forces in decline, the democratic system destroyed. These general aspects are translated into concrete data, no less dramatic.

The Gross Domestic Product this year will be just over 2.5 percent, having dropped from 6 percent, due to internal and external problems. Mining is in agony and international prices continue to fall. The price of oil has fallen from $ 150 a barrel to around $ 40 a barrel. Gold and zinc continue to fall in price. The agriculture of the valleys and highlands in ruins and the eastern one without prospects. The industry has fallen to extremely low levels. 74 state companies, cable cars, satellite, Bulo Bulo, etc. –Called “white elephants” – they barely work, they are bankrupt and cannot even be sold or capitalized.

On the other hand, the Covid-19 pandemic has produced considerable losses, to which were added the half-year stoppages and strikes, which meant losses of 100 million dollars a day.

By the end of this year, Bolivia will register an 8% recession. International reserves fell from $ 15 billion to $ 6.5 billion. The external debt is around 28% of GDP and the service of this external debt is 800 million dollars a year.

Bolivian society is disorganized. It does not produce, it hopes to live on the bonds. About a billion dollars worth of food is imported. Small businesses reign throughout the country based on smuggling and importing food, textiles, toys, even matches, coffee, flour for bread, potatoes, onions, etc. Drug trafficking, corruption, and inefficiency have driven their rampant claws into the national body.

There is no hope of dismantling the plural economic apparatus, much less changing the Constitution that allows reorienting the country towards democracy. It seems that the residual political parties want to reach the government to “perfect” the populist regime bequeathed by Evo Morales and company to the Bolivian people.

Thus, not only great difficulties await the new government, but also to the self-sacrificing Bolivian people.

Patética herencia para el nuevo gobierno

Cualquiera que sea el nuevo gobierno que tenga en sus manos las riendas del Estado, se encontrará con grandes dificultades económicas y, por tanto, sociales y políticas. El despilfarro de los últimos catorce años por el desgobierno del MAS de Evo Morales-García Linera alcanza proporciones increíbles. A esa herencia patética se suma la crisis económica internacional, producto de la pandemia del Covid-19, situación que tiene pocas esperanzas de solución a corto plazo.

La economía boliviana presenta como características generales, síntomas poco menos que alarmantes: la Nación está desorganizada, el aparato económico paralizado, las fuerzas productivas en retroceso, el sistema democrático destruido. Esos aspectos generales se traducen en datos concretos, no menos dramáticos.

El Producto Interno Bruto será este año de algo más del 2.5 por ciento habiendo bajado del 6 por ciento, por problemas internos y externos. La minería está en agonía y los precios internacionales siguen de caída. El precio del petróleo ha caído de 150 dólares el barril a alrededor de 40. El oro y el zinc siguen cayendo de precio. La agricultura de los valles y altiplano en ruinas y la oriental sin perspectivas. La industria ha caído a niveles bajísimos. 74 empresas del Estado, teleféricos, satélite, Bulo Bulo, etc. –llamadas “elefantes blancos”— funcionan apenas, están en quiebra y ni siquiera se las puede vender ni capitalizar.

Por otro lado, la pandemia del Covid-19 ha producido pérdidas considerables, a las que se sumaron los paros y huelgas de medio año, que significaron pérdidas de 100 millones de dólares al día.

A fines de este año, Bolivia registrará recesión de 8%. Las reservas internacionales cayeron de 15 mil millones de dólares a 6.500 millones. La deuda externa está en torno al 28% del PIB y el servicio de esa deuda externa es de 800 millones de dólares al año.

La sociedad boliviana está desorganizada. No produce, espera vivir de los bonos. Se importa alrededor de mil millones de dólares en alimentos. El comercio pequeño reina en todo el país con base en el contrabando y la importación de alimentos, textiles, juguetes, hasta fósforos, café, harina para pan, papa, cebolla, etc. El narcotráfico, la corrupción y la ineficiencia han clavado sus garras rampantes en el cuerpo nacional.

No se vislumbra alguna esperanza de desmontar el aparato económico plural y mucho menos cambiar la Constitución que permita reorientar al país a la democracia. Pareciera que los partidos políticos residuales quieren llegar al gobierno para “perfeccionar” el régimen populista legado por Evo Morales y compañía al pueblo boliviano.

Así, no solo le esperan grandes dificultades al nuevo gobierno, sino también al sacrificado pueblo boliviano.

https://www.eldiario.net/noticias/2020/2020_10/nt201020/editorial.php?n=17&-patetica-herencia-para-el-nuevo-gobierno

Abecor Oct/20/2020

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