Bloqueos – Blockades

Rafael Archondo, Pagina Siete:

Failed guide to unblock

When the civic caravan headed towards Tiquipaya, the blockades had already vanished. They had no choice but to return to the headquarters of their functions. The stone and log carpets were left there, and without people, they became mere portable obstacles to the movement of motorized vehicles. There is no blockade without social activation, there is no effective stoppage without siege from the hills or rotating surveillance. The agrarian unions in Bolivia have enormous power that is exercised from the physical occupation of the territory, from the material control of the roads. The country does not work if the peasantry revolts.

“If we lift the roadblocks now, these shits will laugh, those foreigners who came here to drive us, to exploit us, to racially discriminate against us. They have called us human beasts, they have called us savages, they have told us shitty Indians. We cannot bear that, brothers,” Felipe Quispe proclaimed, megaphone in hand, on the road to Copacabana. Quispe is the designated commander of the blockades for the northern provinces. The idea that you are not supported even in your community is a credible way of underestimating you. The Mallku has returned.

How to explain this firm determination to block until Añez resigns followed by the sudden intermission in the mobilizations until October 18? Is it the end of union hegemony? Is it proof that Quispe Huanca is nothing more than a temporary relief, a catharsis to symbolically bury Murillo? There is no certain answer to any of those questions. The massive town hall on Friday, August 14 in El Alto seemed like the prelude to an insurrection. The displayed fortress was followed by silent rout until the next opportunity.

The day before, Luis Fernando Camacho, the voice of radicalism from Santa Cruz, gave José Pomacusi the following recipe to ward off blockades: “What is putting order? Apprehend those who are generating violence and they are not all. All are paid. That is why it is necessary to identify the leaders who are leading this type of thing and that one as a Minister of Government must know who they are, that he take a little out of those in Intelligence and lead them to follow the real criminals and make them continue to see what they do and apprehend them.”

Lethal narrowness of mind that of Camacho. According to the “We Believe” candidate, the blockades are a gross sum of payments and criminal inclinations. In Tarata, the Naval Club officers sent a soldier in civilian clothing to take photos and notes on the blockades. The mobilized confiscated a fax from the Army Intelligence department in which Camacho’s recipe is reread: point in to arrest. How much frivolity. There is no salary for blockades. All mobilization demands resources, but that will never be the engine of the bout. Camacho and the uniformed men need a crash course in Bolivian social history.

And when at each point of the asphalt there was an ardent debate about whether or not to raise the barricades, the brave voice of Segundina Flores, the main executive of the Bartolinas, arrived: “Today we want to say to the gentlemen who have always dominated us, that they are professionals middle class, who have led the process of change with us. Those people today where have they made us end up? They were wise, intellectuals, who have led the process of change, but they continue to lead and we as founders of the political instrument, we have to be strong here.

I want to tell the gentlemen, (…) that from the Vice Presidency we were bowed to the MAS, today where do you want to take us? These gentlemen surround, follow, Brother President, but do not lead us to this bad path. Today we are not traitors, we are defending this mobilization, this protest and this organic structure. We are not betraying. The gentlemen who were driving us continue to betray us and (…), they have not let us drive. Those gentlemen are always speaking on our behalf, on our ribs, on our sweat, on our struggle, they continue to use the name of former President Evo Morales.”

We are then facing a split. Those raised on stones are breaking chains of subordination with the scab that prevented them from making their decisions. Yes, perhaps it is the end of a hegemony, but not of the popular subjects, but of their retreating political commissars, first by the Pititas revolution and now by their own social bases, which they colonized until exhaustion.

Rafael Archondo is a journalist.

Guía fallida para desbloquear

Cuando la caravana de cívicos se encaminó hacia Tiquipaya, los bloqueos ya se habían esfumado. No les quedó otra que retornar a la sede de sus funciones. Quedaron allí las alfombras de piedras y troncos, que sin gente, pasaron a ser meras trabas portátiles a la circulación de motorizados. No hay bloqueo sin activación social, no hay paralización efectiva sin asedio desde los cerros ni vigilancia rotativa.  Los sindicatos agrarios en Bolivia tienen un enorme poder que se ejerce desde la ocupación física del territorio, desde el control material de las vías.  El país no funciona si el campesinado se rebela.

“Si ahora levantamos los bloqueos de carreteras se van a reír estos carajos, esos extranjeros que vinieron aquí a manejarnos, a explotarnos, a discriminarnos racialmente. Nos han dicho bestias humanas, nos han dicho salvajes, nos han dicho indios de mierda. Eso no podemos soportar, hermanos”, proclamaba Felipe Quispe, megáfono en mano, sobre la ruta a Copacabana. Quispe es el comandante designado de los bloqueos por las provincias del norte. La idea de que no lo apoyan ni en su comunidad es una forma feble de subestimarlo. El Mallku ha regresado. 

¿Cómo explicar esta firme determinación de bloquear hasta que Añez renuncie seguida por el súbito cuarto intermedio en las movilizaciones hasta el 18 de octubre?, ¿es el fin de la hegemonía sindical?, ¿la prueba de que Quispe Huanca no es más que un desahogo temporal, una catarsis para sepultar simbólicamente a Murillo? No hay respuesta certera a ninguna de esas preguntas. El cabildo masivo del viernes 14 de agosto en El Alto parecía el preludio de una insurrección. A la fortaleza exhibida le siguió el desbande silencioso hasta la próxima oportunidad.  

Un día antes, Luis Fernando Camacho, la voz del radicalismo cruceño, le daba a José Pomacusi la siguiente receta para conjurar bloqueos: “¿Qué es poner orden? Aprehender a aquellos que están generando la violencia y no son todos. Todos son pagados. Por eso hay que identificar a los cabecillas que están liderando este tipo de cosas y que uno como Ministro de Gobierno debe saber quiénes son, que saque un ratito a esos de Inteligencia y los lleve a seguirlos a los verdaderos criminales y los haga seguir para  ver qué hacen y los aprehendan”.

Estrechez letal de mente la de Camacho.  Según el candidato de “Creemos”, los bloqueos son una suma burda de pagos e inclinaciones delincuenciales. En Tarata, los oficiales del Club Naval enviaron a un soldado vestido de civil para que tome fotos y apuntes sobre los bloqueos.  Los movilizados le confiscaron un fax del departamento de Inteligencia del Ejército en el que se vuelve a leer la receta de Camacho: fichar para arrestar.  Cuánta frivolidad. No hay bloqueos por salario. Toda movilización demanda recursos, pero ese jamás será el motor de la contienda. A Camacho y a los uniformados les hace falta un curso acelerado de historia social boliviana. 

Y cuando en cada punto del asfalto se debatía ardorosamente sobre levantar o no las barricadas, llegó la voz valiente de Segundina Flores, la principal ejecutiva de las Bartolinas:  “Hoy día queremos decir a los señores que siempre nos han dominado, que son profesionales de clase media, que han llevado junto a nosotros el proceso de cambio. Esas personas hoy en día ¿dónde nos han hecho terminar? Eran sabios, intelectuales, que han conducido al proceso de cambio, pero siguen conduciendo y nosotros como fundadores del instrumento político, tenemos que estar fuertes acá. 

Quiero decirles a los señores, (…)que desde la Vicepresidencia se nos doblegaba al MAS, hoy ¿adónde nos quieren llevar? Esos señores rodean, siguen, al hermano Presidente, pero que no nos lleven a este mal camino. Hoy en día nosotros no somos traidores, estamos defendiendo esta movilización, esta protesta y esta estructura orgánica. Nosotros no estamos traicionando. Siguen traicionando los señores que nos conducían y (…), no nos han dejado conducir. Esos señores siempre están hablando a nombre de nosotros, a las costillas de nosotros, al sudor de nosotros, a la lucha de nosotros, siguen utilizando el nombre del expresidente Evo Morales”.

Estamos entonces ante una escisión. Los levantados en piedras van rompiendo cadenas de subordinación con la costra que les impedía tomar sus decisiones. Sí, quizás es el fin de una hegemonía, pero no de los sujetos populares, sino de sus comisarios políticos batidos en retirada, primero por la revolución pitita y ahora por sus propias bases sociales, a las que colonizaron hasta el cansancio.

Rafael Archondo es periodista.

https://www.paginasiete.bo/opinion/2020/8/20/guia-fallida-para-desbloquear-265075.html

Abecor 8/16/2020

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