Unity is a new nation project – La unidad es un nuevo proyecto de nación

Gonzalo Chávez writes in Pagina Siete:

Unity is a new nation project

We begin 2020 with a task that seems Herculean and almost impossible to implement: the construction of a single party front that disputes the next national elections. Everything indicates that the Socialism Movement (MAS) will continue to be an important electoral and political option. You could even win the electoral contest, at least in the first round. Unity is demanded from civil society and certain sectors of public opinion.

Contrary to this requirement, at the moment several of the political leaders who had some relevance in the democratic resistance and subsequent defeat of authoritarianism have presented themselves as candidates. The last to do so was Jorge Quiroga. There are new faces, but also old politicians. We know very little about the proposals. The only security is that the vote will be dispersed.

The main argument to promote unity remains to defeat the Morales party. This path, while legitimate, has too many hormonal, emotional and voluntary components. Certainly, the single front orders are not enough to enclose the cycle of distributionist populism.

The political and economic challenge is multidimensional and structural. It includes both civil society and the political class. It has short-term tasks and long-range constructions. The objective should not only be to defeat a candidate, but rather to build a vision of development and a collective project that, at once, places Bolivia in the 21st century.

Undoubtedly, a priority task is to reconstruct the social fabric destroyed by the ideological polarization promoted by 14 years of understanding the world in black and white, in the friend/enemy logic, karas/t’aras [white/indigenous], west/east, just to quote some of the cleavages built by the authoritarian government that left.

It should also be remembered that the social gap originates in unfinished challenges or wrong approaches to central issues of the nation. For me the most important is the issue of inequality. In almost 200 years of Republican life, the political pendulum went from left to right, promoted certain advances and many setbacks, but opportunities in education, health, work and wealth continue to be concentrated in the hands of a few.

Without resolving inequality, neither a democratic and fair society is possible, let alone a productive economy with competitive human capital.

In the face of polarization -this is to see us on the opposite banks of the rivers of history- a small nation like Bolivia must build all kinds of bridges to promote social and political reunion on the basis of democracy, social solidarity, and the productivity.

In the days of October and November 2019, part of the people gathered in the streets, in the blockades, in the marches. It was reborn as a community in different ways. They began to build a “we” in the defense of the vote, in the exercise of democracy and freedom. This was an impulse of millions of people, especially young people, who now need to reinvent themselves in an institutional embrace, in an organized channeling of ideas and proposals.

There were many leaderships that risked their lives right now. All valuable and deserve recognition. But it is not the time of people and of organic projects. The challenge now is to continue with the sum of wills that now requires more opportunity builders than warriors.

In political terms, a democratic center is required to rescue all just, economic, social and institutional causes that are still in the pipeline of history. The unit is built by designing a new vision of the country and creating a new historical block of actors of inclusive, green, intelligent and productive development.

Therefore, unity is an opportunity for politicians and society to leave behind almost 200 years of extractivism and developmental nationalism, both associated with the old economy of natural resources. Therefore, it is not just a minimum public policy agenda on which certain political parties and leaders should agree, but the elaboration of a new dream as a nation.

In those days, last year the social energy was released, now corresponds to the organized civil society (Conade, universities, civic committees, citizen groups and other social organizations) to convene a large meeting of all and all who participated in the rebirth of Democracy to build a new nation project. This is a first step to build unity and historical strength. Unity is a new nation project.

Gonzalo Chávez A. is an economist.

====versión español====

La unidad es un nuevo proyecto de nación

Comenzamos el 2020 con una tarea que parece hercúlea y casi imposible de implementar: la construcción de un frente único de partidos que dispute las próximas elecciones nacionales.  Todo indica que el Movimiento Al Socialismo (MAS) seguirá siendo una opción electoral y política importante. Incluso podría ganar la justa electoral, por lo menos en la primera vuelta. Desde la sociedad civil y ciertos sectores de la opinión pública se demanda unidad.

Contrariamente a este requerimiento, al momento varios de los líderes políticos que tuvieron alguna relevancia en la resistencia democrática y posterior derrota del autoritarismo se han presentado como candidatos. El último en hacerlo fue Jorge Quiroga. Hay caras nuevas, pero también viejos políticos. De las propuestas conocemos muy poco. La única seguridad es que el voto se dispersará.

La principal argumentación para promover la unidad sigue siendo derrotar el partido de Morales. Este camino, si bien es legítimo, tiene demasiados componentes hormonales, emocionales y voluntaristas.  Ciertamente, los pedidos de frente único no son suficientes para encerrar el ciclo del populismo distribucionista.

El desafío político y económico es multidimensional y estructural. Incluye tanto a la sociedad civil como a la clase política. Tiene tareas de corto plazo y construcciones de largo alcance. El objetivo no debe ser tan sólo derrotar a un candidato, más bien construir una visión de desarrollo y un proyecto colectivo que, de una vez, coloque a Bolivia en el siglo XXI. 

Sin duda, una tarea prioritaria es reconstruir el tejido social destruido por la polarización ideológica promovida por 14 años de entender el mundo en blanco y negro, en la lógica amigo/enemigo, karas/t’aras, occidente/oriente, para tan sólo citar algunos de los clivajes construidos por el gobierno autoritario que se fue.

Cabe también recordar que la brecha social  se origina en desafíos inconclusos o abordajes equivocados de temas centrales de la nación. Para mí el más importante es el tema de la desigualdad. En casi 200 años de vida republicana, el péndulo político fue de izquierda a derecha, promovió ciertos avances y muchos retrocesos, pero las oportunidades en educación, salud, trabajo y riqueza continúan concentradas en manos de unos cuantos.

Sin resolver la desigualdad no es posible ni una sociedad democrática y justa y menos aún una economía productiva con un capital humano competitivo. 

Frente a la polarización -esto de vernos en las orillas opuestas de los ríos de la historia- una nación pequeña como la boliviana debe construir todo tipo de puentes para promover el reencuentro social y político sobre la base de la democracia, la solidaridad social, y la productividad. 

En las jornadas de octubre y noviembre de  2019, parte de la gente se juntó en las calles, en los bloqueos, en las marchas. Renació como comunidad de diferentes maneras. Comenzó a construir un “nosotros” en la defensa del voto, en el ejercicio de la democracia y la libertad. Este fue un impulso de millones de personas, especialmente jóvenes, que ahora requieren reinventarse en un abrazo institucional, en una canalización organizada de ideas y propuestas.

Hubo muchos liderazgos que se jugaron la vida en estos momentos. Todos valiosos y que merecen reconocimiento. Pero no es la hora de personas y sí de proyectos orgánicos. El desafío ahora es seguir con la suma de voluntades que ahora requiere de más constructores de oportunidades que de guerreros. 

En términos políticos, se requiere de un centro democrático que rescate todas las causas justas, económicas, sociales e institucionales que aún están en el tintero de la historia. La unidad se construye diseñando una nueva visión de país y creando un nuevo bloque histórico de actores del desarrollo inclusivo, verde, inteligente y productivo. 

Por lo tanto, la unidad es una oportunidad para que los políticos y la sociedad dejen atrás casi 200 años de extractivismo y de  nacionalismo desarrollista, ambos asociados a la vieja economía de los recursos naturales. Por lo tanto, no se trata tan sólo de una agenda mínima de políticas públicas sobre la que se deberían poner de acuerdo ciertos partidos políticos y líderes, y sí de la elaboración de un nuevo sueño como nación.  

En las jornadas del año pasado se liberó la energía social, ahora corresponde a la sociedad civil organizada (Conade, universidades, los comités cívicos, colectivos ciudadanos y otras organizaciones sociales) convocar a un gran encuentro de todos y todas que participaron  en el renacer de la democracia para construir un nuevo proyecto de nación. Este es un primer paso para construir unidad y fuerza histórica. La unidad es un nuevo proyecto de nación.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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