Editorial, Pensamientos Bolivianos:
La Constitución boliviana no establece un “veto callejero” sobre gobiernos elegidos democráticamente. Establece una república democrática regida por elecciones, sucesión constitucional, separación de poderes y procedimientos institucionales. Esa diferencia importa hoy, cuando sectores de la Central Obrera Boliviana (COB) y organizaciones aliadas llaman abiertamente a la renuncia del presidente Rodrigo Paz apenas meses después de su elección.[1]
Los bolivianos tienen todo el derecho constitucional de protestar, criticar al gobierno y exigir soluciones a la crisis económica. Pero exigir la salida forzada de un presidente constitucionalmente electo fuera de los mecanismos establecidos por la ley cruza la línea entre la presión social legítima y la desestabilización antiinstitucional.
La Constitución Política del Estado es explícita respecto al mandato presidencial y la sucesión. El Artículo 166 establece que el Presidente y el Vicepresidente son elegidos mediante voto universal para un período constitucional.[2] El Artículo 169 define claramente las causas legales y el orden constitucional de sucesión presidencial: muerte, renuncia, ausencia o impedimento definitivo.[3] En ninguna parte la Constitución autoriza a sindicatos, grupos de presión o sectores movilizados a remover un gobierno mediante bloqueos, cercos o coerción política.
Precisamente para eso existen los procedimientos constitucionales. Las democracias están diseñadas para canalizar conflictos institucionalmente y no mediante la fuerza, la paralización o la intimidación.
Lo que vuelve particularmente peligrosa la actual retórica es la larga historia de inestabilidad política de Bolivia. El país ha sufrido repetidamente gobiernos debilitados o derribados no mediante votos, sino mediante presión organizada, violencia, bloqueos y asfixia económica. Cada vez que esas tácticas se normalizan, Bolivia se aleja más de la estabilidad republicana y se acerca a una fragilidad institucional permanente.
La contradicción también es imposible de ignorar. El gobierno ya respondió a la presión pública impulsando la derogación de la controvertida Ley 1720 y abriendo mecanismos de diálogo.[4] Sin embargo, en lugar de una desescalada, algunos sectores elevaron inmediatamente sus exigencias hacia la renuncia presidencial. Eso revela que la crisis ya no gira exclusivamente alrededor de una ley específica o desacuerdo de políticas públicas. Se ha convertido en un intento político de deslegitimar a una administración elegida democráticamente antes incluso de completar su primer año.
Incluso algunos sectores sociales reconocieron ese peligro. Dirigentes gremiales advirtieron públicamente que “sacar al Gobierno” no constituye una reivindicación social legítima y pidieron negociación.[5] Su posición refleja sentido constitucional básico: el descontento con la inflación, el desabastecimiento o la gestión pública no otorga a ninguna organización autoridad para terminar un mandato electoral.
Bolivia no puede funcionar si cada administración gobierna bajo la amenaza permanente de un asedio organizado. Hoy el objetivo puede ser Rodrigo Paz. Mañana podría ser cualquier presidente de cualquier tendencia ideológica. Una vez que se acepta el principio de que los gobiernos caen mediante presión coordinada y no mediante mecanismos constitucionales, las propias elecciones pierden significado.
La solución a los profundos desafíos económicos y políticos de Bolivia no es la sedición disfrazada de protesta. Es la reforma institucional, la responsabilidad democrática y el respeto al orden constitucional.
Una república no puede sobrevivir si la movilización más ruidosa termina siendo más poderosa que las urnas.
Notas
[1] Vision 360, “La COB llama a fortalecer la protesta y decide ir por la renuncia del presidente Paz: ‘No han dado soluciones claras al país’”
https://www.vision360.bo/noticias/2026/05/14/47982-la-cob-llama-a-fortalecer-la-protesta-y-decide-ir-por-la-renuncia-del-presidente-paz-no-han-dado-soluciones-claras-al-pais
[2] Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, Artículo 166:
“La Presidenta o el Presidente y la Vicepresidenta o el Vicepresidente del Estado serán elegidas o elegidos por sufragio universal…”
https://www.oas.org/dil/esp/constitucion_bolivia.pdf
[3] Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, Artículo 169:
“En caso de impedimento o ausencia definitiva de la Presidenta o del Presidente del Estado, será reemplazada o reemplazado…”
https://www.oas.org/dil/esp/constitucion_bolivia.pdf
[4] El País, “La Asamblea boliviana anula una polémica reforma agraria para pacificar el país”
https://elpais.com/america/2026-05-13/la-asamblea-boliviana-anula-una-polemica-reforma-agraria-para-pacificar-el-pais.html
[5] Vision 360, “Gremiales le dicen a la COB que sacar al Gobierno no es una reivindicación social y le exigen que reflexione y dialogue”
https://www.vision360.bo/noticias/2026/05/13/47802-gremiales-le-dicen-a-la-cob-que-sacar-al-gobierno-no-es-una-reivindicacion-social-y-le-exigen-que-reflexione-y-dialogue
Editorial, Bolivian Thoughts:
Bolivia’s Constitution does not establish a “street veto” over elected governments. It establishes a democratic republic governed by elections, constitutional succession, separation of powers and institutional procedures. That distinction matters today as sectors of the Central Obrera Boliviana (COB) and allied organizations openly call for the resignation of President Rodrigo Paz only months after his election.[1]
Bolivians have every constitutional right to protest, criticize the government and demand solutions to economic hardship. But demanding the forced resignation of a constitutionally elected president outside the mechanisms established by law crosses the line from legitimate social pressure into anti-institutional destabilization.
The Political Constitution of the State is explicit regarding presidential mandate and succession. Article 166 establishes that the President and Vice President are elected by universal vote for a constitutional term.[2] Article 169 clearly defines the legal causes and constitutional order of presidential succession: death, resignation, absence or definitive impediment.[3] Nowhere does the Constitution authorize unions, pressure groups or blockading sectors to remove a government through siege tactics or coercion.
That is precisely why Bolivia has constitutional procedures. Democracies are designed to channel conflict institutionally rather than through force, paralysis or intimidation.
What makes the current rhetoric particularly dangerous is Bolivia’s long history of political instability. The country has repeatedly suffered from governments weakened or overthrown not through ballots but through organized pressure, violence, blockades and economic suffocation. Every time such tactics are normalized, Bolivia moves further away from republican stability and closer to permanent institutional fragility.
The contradiction is also impossible to ignore. The government already responded to public pressure by moving to repeal the controversial Law 1720 and opening dialogue mechanisms.[4] Yet instead of de-escalation, some sectors immediately escalated their demands toward presidential resignation. That reveals the crisis is no longer centered exclusively on a specific law or policy disagreement. It has become a political attempt to delegitimize an elected administration before it has even completed its first year.
Even some social sectors have recognized this danger. Gremial leaders publicly warned that “removing a government” is not a legitimate social reivindication and urged negotiation instead.[5] Their position reflects constitutional common sense: dissatisfaction with inflation, shortages or public management does not grant any organization the authority to terminate an electoral mandate.
Bolivia cannot function if every administration governs under the permanent threat of organized siege. Today the target may be Rodrigo Paz. Tomorrow it could be any president from any ideological tendency. Once the principle is accepted that governments fall through coordinated pressure rather than constitutional mechanisms, elections themselves lose meaning.
The solution to Bolivia’s profound economic and political challenges is not sedition disguised as protest. It is institutional reform, democratic accountability and constitutional order.
A republic cannot survive if the loudest mobilization becomes more powerful than the ballot box.
Notes
[1] Vision 360, “La COB llama a fortalecer la protesta y decide ir por la renuncia del presidente Paz: ‘No han dado soluciones claras al país’”
https://www.vision360.bo/noticias/2026/05/14/47982-la-cob-llama-a-fortalecer-la-protesta-y-decide-ir-por-la-renuncia-del-presidente-paz-no-han-dado-soluciones-claras-al-pais
[2] Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, Artículo 166:
“La Presidenta o el Presidente y la Vicepresidenta o el Vicepresidente del Estado serán elegidas o elegidos por sufragio universal…”
https://www.oas.org/dil/esp/constitucion_bolivia.pdf
[3] Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, Artículo 169:
“En caso de impedimento o ausencia definitiva de la Presidenta o del Presidente del Estado, será reemplazada o reemplazado…”
https://www.oas.org/dil/esp/constitucion_bolivia.pdf
[4] El País, “La Asamblea boliviana anula una polémica reforma agraria para pacificar el país”
https://elpais.com/america/2026-05-13/la-asamblea-boliviana-anula-una-polemica-reforma-agraria-para-pacificar-el-pais.html
[5] Vision 360, “Gremiales le dicen a la COB que sacar al Gobierno no es una reivindicación social y le exigen que reflexione y dialogue”
https://www.vision360.bo/noticias/2026/05/13/47802-gremiales-le-dicen-a-la-cob-que-sacar-al-gobierno-no-es-una-reivindicacion-social-y-le-exigen-que-reflexione-y-dialogue
