Por Benjamin Swift, Mongabay:
Después del auge de la quinua, los agricultores bolivianos enfrentan suelos degradados y estrés climático

- La quinua, un pseudocereal, se cultiva en los Andes desde tiempos prehispánicos. El auge de la quinua entre 2010 y 2014 benefició a algunos agricultores de la región, pero la intensificación de la producción también trajo agotamiento de los suelos, mayor erosión y conflictos sociales.
- El cambio climático y las alteraciones en los patrones climáticos regionales también han provocado heladas, lluvias y olas de calor más frecuentes e irregulares, dificultando la producción de quinua.
- La mayor parte de la quinua boliviana exportada es sacada de contrabando por Perú y vendida como peruana, afirman expertos, complicando los esfuerzos de los productores bolivianos por beneficiarse del uso de semillas de mayor calidad.
- Productores del Altiplano sur de Bolivia están cultivando una variante premium del cultivo en un intento de evitar intermediarios y obtener mejores precios, pero carecen de apoyo gubernamental y acceso directo a los mercados.
AROMA MARKA, Bolivia — Las colinas onduladas alrededor del pueblo de Aroma Marka son una cacofonía de colores: vainas de quinua amarillo dorado, rojo intenso y negro púrpura salpican el paisaje por lo demás árido de esta zona del Altiplano sur boliviano.
A 3.800 metros sobre el nivel del mar, el Altiplano se extiende por gran parte del oeste de Bolivia y llega hasta Perú, Chile y Argentina. La quinua (Chenopodium quinoa) se cultiva en el Altiplano desde tiempos prehispánicos, pero fue recién en años recientes que este pseudocereal altamente nutritivo alcanzó notoriedad global, impulsando un boom productivo en los Andes. Posteriormente, los precios se desplomaron cuando países fuera de la región comenzaron también a cultivarla.
Sin embargo, el paisaje impactante oculta las cicatrices duraderas que dejó el auge de la quinua entre 2010 y 2014. En su punto máximo, los precios extremadamente altos desataron una fiebre productiva que atrajo de regreso desde las ciudades a antiguos residentes para sembrar el “grano de oro”. Pero Walter Canaviri, productor de quinua y dirigente local, recuerda que el repentino auge tuvo un costo. “Todos querían producir más”, dijo a Mongabay. En la carrera por aprovechar el momento, algunos productores invadieron tierras vecinas, generando disputas. “Fue una época triste para esta zona porque todos se enfrentaron contra todos”, afirmó.
Aunque el auge de la quinua trajo un beneficio temporal para las comunidades indígenas rurales andinas, también vino acompañado de destrucción de ecosistemas locales, degradación de suelos y conflictos sociales, problemas que además se han agravado por cambios en los patrones climáticos regionales y el cambio climático global. Aunque productores bolivianos como Canaviri trabajan para cultivar quinua real orgánica con el objetivo de diferenciarla de variedades más pequeñas y menos nutritivas cultivadas en otros lugares, la mayoría carece de acceso directo a mercados internacionales, dificultando recibir precios diferenciados por sus productos.
El auge de la quinua
La quinua ha sido un alimento básico andino durante milenios, pero quedó amenazada cuando los colonizadores españoles prohibieron el cultivo de productos nativos e impulsaron su reemplazo por cereales como cebada y trigo. Más tarde, organismos internacionales de ayuda promovieron que agricultores bolivianos sembraran trigo en lugar de cultivos nativos. Aunque continuó cultivándose a pequeña escala, durante mucho tiempo la quinua fue estigmatizada como alimento de campesinos indígenas rurales.

El interés global por la quinua creció lentamente en el siglo XX, impulsado por la adaptabilidad del cultivo y su perfil nutricional. Las primeras pruebas llegaron a África en la década de 1930, seguidas por un programa comercial en Estados Unidos en 1985. La notoriedad de la quinua alcanzó un nuevo nivel en 2013 cuando, a sugerencia del presidente boliviano Evo Morales, Naciones Unidas declaró ese año como el Año Internacional de la Quinua, reconociendo el potencial de la semilla para “erradicar el hambre, la malnutrición y la pobreza”. Los precios se dispararon: tras décadas rondando 1 dólar por kilogramo, los precios de exportación alcanzaron casi 7 dólares/kg en 2013.
Agricultores de toda la región andina se apresuraron para satisfacer la demanda. “Reaccionaron como cualquiera lo haría, diciendo: ‘esta es nuestra oportunidad’”, dijo a Mongabay Elizabeth Jiménez, economista que estudia la producción de quinua en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz. A medida que los precios subían, muchos migrantes urbanos regresaron a sus comunidades rurales de origen para sembrar quinua, transformando el uso de la tierra en la región. Entre 2013 y 2015, el área de producción de quinua en Bolivia se duplicó y en Ecuador aumentó diez veces.
Para 2015, los precios se desplomaron mientras la quinua se popularizaba y surgía competencia global (para 2018, el cultivo ya se producía en 123 países, desde Emiratos Árabes Unidos hasta Rusia). Muchos productores bolivianos culpan al Año Internacional de la Quinua por globalizar el cultivo y derrumbar los precios. “El hecho de que la quinua se cultive en todo el mundo nos dificulta competir”, dijo el agricultor Cleto Mamani a Mongabay.
El breve auge de la quinua trajo beneficios para algunos productores, quienes usaron sus ganancias para comprar maquinaria o acceder a educación. Pero también hubo quienes perdieron grandes sumas, como el productor e intermediario Eduardo Calizaya Chiri, quien dijo a Mongabay haber perdido más de 140.000 dólares cuando los precios cayeron antes de poder vender su stock.
Aunque la quinua todavía se vende a mejor precio que otros productos tradicionales del Altiplano, como la papa, hoy su valor está muy por debajo del pico histórico. Sin embargo, la región sigue enfrentando las consecuencias del cambio de uso de suelo provocado por el auge mundial de este grano.
Los impactos duraderos de la quinua
Tradicionalmente, los agricultores criaban llamas, alpacas y ovejas, utilizando el estiércol como fertilizante para pequeñas parcelas de quinua cultivadas para autoconsumo. Pero el “incentivo perverso” durante el boom llevó a muchos a deshacerse de sus animales y expandir sus campos de quinua, explicó Jiménez. También tendieron a usar cantidades excesivas de fertilizantes sintéticos y pesticidas. En algunas regiones, los suelos se agotaron debido al cultivo continuo año tras año.
A medida que más tierras se destinaban a la quinua, se eliminó vegetación nativa, degradando barreras naturales contra el viento y provocando erosión de suelos. “El clima ya no es como antes”, dijo a Mongabay Maura Condo Mendoza, productora de quinua en Aroma Marka y cerca del salar de Uyuni. “Ahora el viento simplemente arrasa los campos”.

Jiménez afirmó que, aunque los agricultores reconocían los problemas de intensificar monocultivos de quinua, lo consideraban un sacrificio necesario. “La gente no sabía cuánto tiempo durarían los altos precios, y era la primera vez que este cultivo era valorado a escala global”, señaló.
Aunque la intensidad de la producción disminuyó después del desplome de precios, la quinua sigue siendo el cultivo más práctico para muchos agricultores, ya que resiste incluso cuando otros cultivos sufren heladas o sequías. “La quinua no requiere mucha mano de obra”, dijo a Mongabay Marco Antonio Patiño Fernández, agrónomo de la Universidad Mayor de San Andrés. “Una oveja puede costar 1.000 bolivianos y 45 kilos de quinua cuestan lo mismo”, añadió. “Imagínese cuánto más trabajo implica criar esa oveja”.
Desafíos en un entorno cambiante
En una mañana lluviosa de finales de marzo, Cleto Mamani cortaba apresuradamente tallos de quinua y los agrupaba en montones dorados que se extendían por kilómetros en el Altiplano. “La lluvia nos está causando problemas”, dijo sobre las precipitaciones fuera de temporada. “Cuando la quinua se moja puede comenzar a dañarse”.
El cambio climático global y las alteraciones en los patrones climáticos regionales —impulsados en parte por la deforestación amazónica— están dificultando cada vez más las condiciones para las 70.000 familias bolivianas del Altiplano que dependen de este pseudocereal. Productores de la zona de Aroma dijeron a Mongabay que la sequía y el calor intenso son cada vez más frecuentes, frenando el crecimiento y reduciendo los rendimientos. El aumento de la salinidad del suelo en otras áreas también obliga a lavar los terrenos cada año para reducir depósitos de sal, haciendo la agricultura más laboriosa.

Aunque la temporada de lluvias en Bolivia normalmente va de noviembre a marzo, un estudio reciente documentó cambios en el inicio y la intensidad de la época húmeda en el Altiplano boliviano, y la región registró una reducción del 15% de precipitaciones entre 2000 y 2025. Agricultores de Aroma dijeron estar preocupados porque las lluvias tardías de este año podrían hacer que las semillas germinen prematuramente o se pudran. También señalaron que la mayor humedad podría reducir la cantidad de semillas que se desprenden de los tallos secos durante la cosecha.
La sequía también dificulta mantener correctamente las tierras en descanso. “No hay barbecho; no ha llovido lo suficiente, así que no hay nada para el próximo año”, dijo Condo Mendoza, añadiendo que los terrenos necesitan humedad para airearse. “Mucha gente está diciendo que guardará su producción actual para el próximo año”, cuando quizá los precios suban.
Al mismo tiempo, las heladas fuera de temporada se han vuelto más frecuentes. Entre las congelaciones y los fuertes vientos, el agricultor Edgar Cruz Bonifacio dijo esperar perder aproximadamente el 40% de su cosecha este año.
Estos cambios, junto con monocultivos intensivos, pérdida de biodiversidad, creciente resistencia a pesticidas y ausencia de prácticas integradas de manejo de plagas, han contribuido a la aparición de al menos 18 nuevas plagas que afectan la quinua, desde pericos hasta polillas y mildiu.
A sus 64 años, el agricultor Orispo Choque ha observado de cerca estas transformaciones. “Cuando yo era joven no había tantas plagas, la lluvia era mejor y las cosechas eran buenas”, dijo a Mongabay mientras supervisaba jornaleros cosechando su parcela. “Pero con el tiempo aparecieron los tractores, y también los gusanos, y comenzaron a infestar todo”.

En 2006, Choque vendió sus animales para comenzar a sembrar quinua en las 100 hectáreas de su finca, dejando antes la mitad en barbecho cada año. Ahora compra estiércol a un vecino.
Mientras los productores enfrentan un Altiplano cambiante, algunos advierten que los esfuerzos de Bolivia por impulsar la minería de litio podrían agravar las presiones existentes. Aunque actualmente las operaciones estatales son limitadas, comunidades indígenas alrededor del salar de Uyuni, donde se extrae litio, han acusado a la instalación de unas 20 perforaciones de secar humedales de altura, haciendo casi imposible la agricultura. Gonzalo Mondaca, especialista en litio de la ONG ambiental CEDIB, dijo a Mongabay que una minería más intensiva reduciría el nivel freático y la humedad del suelo, afectando la agricultura. “El impacto sobre los cultivos de quinua probablemente sería la primera consecuencia”, afirmó.
Soluciones y desafíos para la quinua boliviana
En 2006, miembros de la comunidad de Aroma fundaron la Asociación de Productores Ecológicos de Quinua y Camélidos (APREQC), que busca producir quinua orgánica para acceder a mejores precios y evitar riesgos de los agroquímicos.
Muchos productores, incluido Choque, venden su quinua a través de APREQC o contactos personales que ofrecen una ligera prima por el producto orgánico. Sin embargo, cuando la demanda mediante la asociación disminuye, muchos venden en el mercado cercano de Challapata, donde los compradores no diferencian entre semillas convencionales y orgánicas. Gran parte de esa quinua luego es sacada de contrabando hacia Perú y exportada como producción peruana.

La agricultura orgánica también se está volviendo cada vez más difícil. Aunque es obligatoria para miembros cooperativistas en Aroma, Condo Mendoza dijo que cerca de Uyuni la práctica se ha vuelto inviable. “Si uno no fumiga químicamente, los gusanos atacan y dejan la quinua en pésimo estado”, señaló. Aunque existen alternativas orgánicas y métodos regenerativos, muchos productores dicen que son costosos y menos efectivos que los pesticidas químicos.
Los productores bolivianos aseguran estar ansiosos por evitar intermediarios y vender directamente a mercados globales. Su quinua real, producida en los suelos ricos en minerales alrededor de los salares, posee granos más grandes y mayor contenido nutricional que las variedades con las que se mezcla cuando se exporta vía Perú. Aunque Bolivia tiene rendimientos menores que Perú, expertos y productores sostienen que la calidad de la quinua real debería diferenciar el producto boliviano. “Lo que falta son políticas públicas para promover exportaciones”, dijo el agrónomo Patiño Fernández.
Pese a la designación en 2020 de dos variedades de quinua real con denominación de origen protegida (similar a cómo el Champagne solo puede provenir de cierta región de Francia), los beneficios económicos para los agricultores aún no se han materializado. La certificación pretendía proteger las variedades únicas del Altiplano frente a la competencia extranjera y validar su calidad superior, pero los productores locales afirman que ha cambiado poco la demanda.
“Es bonito tener una certificación, pero sin marketing ni control, no va a servir de mucho”, dijo a Mongabay Tamara Stenn, profesora de la Universidad Suffolk en Estados Unidos y estudiosa de la quinua de comercio justo en Bolivia. “La certificación debía generar valor para su quinua, pero eso necesita respaldo gubernamental”.

Según Patiño Fernández, muchos elementos de la planta de quinua siguen desaprovechados, como las hojas, que poseen mayor contenido proteico por peso que las semillas. La estación experimental donde trabaja también ha desarrollado barras y galletas de quinua, que esperan posicionar en el mercado interno. Incluso la saponina, la capa amarga que debe lavarse antes de consumir las semillas, tiene potencial industrial: antes de que multinacionales dominaran el mercado boliviano, este subproducto se transformaba en jabones y una pasta dental llamada Quino-Dent.
Como agricultor de quinua toda su vida, Orispo Choque dijo temer que los desafíos ambientales afecten la calidad y productividad del cultivo. “El calor es más fuerte y la lluvia escasea”, señaló, advirtiendo que eso podría frenar el crecimiento y reducir la oferta de quinua a medida que empeore el cambio climático. “Parece que ya estamos llegando a ese punto”, añadió.
Pero pese a las barreras, Patiño Fernández dijo mantener la esperanza. “Creo que una segunda etapa para la quinua es posible”, afirmó. “Pero debe hacerse con un enfoque sostenible”.
Citas:
Bonifacio, A., Aroni, G., Villca, M., & Bentley, J. W. (2022). Recovering from quinoa: Regenerative agricultural research in Bolivia. Journal of Crop Improvement, 37(5), 687-708. doi:10.1080/15427528.2022.2135155
Angeli, V., Miguel Silva, P., Crispim Massuela, D., Khan, M. W., Hamar, A., Khajehei, F., … Piatti, C. (2020). Quinoa (Chenopodium quinoa Willd.): An overview of the potentials of the “golden grain” and socio-economic and environmental aspects of its cultivation and marketization. Foods, 9(2), 216. doi:10.3390/foods9020216
Fundación de Biodiversidad Alimentaria. (2021). Quinua: Una historia de injusticias y contradicciones. Cuadernos Médico Sociales, 61(1), 75-81. doi:10.56116/cms.v61.n1.2021.28
Alandia, G., Rodriguez, J. P., Jacobsen, S.-E., Bazile, D., & Condori, B. (2020). Global expansion of quinoa and challenges for the Andean region. Global Food Security, 26, 100429. doi:10.1016/j.gfs.2020.100429
Vorsheva, A. V., & Kukharenkova, O. V. (2024). Quinoa — A new promising cereal crop for Russia, nutritional value, and cultivation history: A review. AgroEcoInfo, 1. doi:10.51419/202141131
Swift, B. (2025). As water levels recede, Indigenous communities and scientists collaborate to protect Lake Titicaca and its high-altitude endemic species. BioScience, 75(10), 791-798. doi:10.1093/biosci/biaf020
Milla, P., Espinoza, J.-C., Gutierrez-Villarreal, R., Molina-Carpio, J., Ronchail, J., Espinoza-Romero, D., & Junquas, C. (2025). Recent changes in the dry-to-wet transition season in the Andean Altiplano and related atmospheric circulation patterns (1981-2022). Climate Dynamics, 63(1). doi:10.1007/s00382-024-07578-4
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By Benjamin Swift, Mongabay:
After quinoa’s boom, Bolivian farmers face degraded soils and climate stress

- Quinoa, a pseudocereal, has been grown in the Andes since pre-Hispanic times. The 2010-2014 quinoa boom benefited some farmers in the region, but intensified production also brought soil depletion, increased erosion and social conflicts.
- Climate change and shifts in regional weather patterns have also brought more frequent and irregular frosts, rains and heat, making quinoa production more difficult.
- Most of the Bolivian quinoa that’s exported is smuggled through Peru and sold as Peruvian, experts say, complicating efforts by Bolivian producers to benefit from using higher-quality seeds.
- Growers in Bolivia’s southern Altiplano, the Andean Plateau, are cultivating a premium variant of the crop in an effort to bypass middlemen and benefit from a price premium, but lack governmental support and direct access to markets.
AROMA MARKA, Bolivia — The rolling hills around the town of Aroma Marka are a cacophony of colors: golden-yellow, deep-red and purplish-black quinoa pods smatter the otherwise barren landscape here in Bolivia’s southern Altiplano, the Andean Plateau.
At 3,800 meters (about 12,500 feet) above sea level, the Altiplano stretches across much of western Bolivia and into Peru, Chile and Argentina. Quinoa (Chenopodium quinoa) has been grown on the Altiplano since pre-Hispanic times, but it was only recently that the nutrient-dense pseudocereal was put on the global map, fueling a production boom in the Andes. Prices later tumbled as countries outside the region also began cultivating it.
Yet the striking scenery belies the lasting scars the 2010-2014 quinoa boom left in the region. At its height, sky-high prices triggered a production frenzy, drawing former residents back from cities to plant the “golden grain.” But Walter Canaviri, a quinoa producer and local leader, remembers that the sudden spike came at a cost. “Everyone wanted to produce more,” he told Mongabay. In the rush to capitalize on the moment, some growers encroached on neighbors’ lands, leading to disputes. “It was a sad time for this area because everyone turned against everyone,” he said.
While the quinoa boom brought a temporary boon for rural Andean Indigenous communities, it also came with the destruction of local ecosystems, soil degradation, and social conflict – all of which have been exacerbated by changes in regional weather patterns and global climate change. Though Bolivian producers like Canaviri are working to grow organic quinoa real — royal quinoa — in an effort to differentiate their crop from the smaller and less nutritious versions grown in other areas, most producers lack direct access to international markets, making it difficult to receive differentiated prices for their products.
The quinoa boom
Quinoa has been an Andean staple for millennia, but came under threat when Spanish colonizers prohibited the cultivation of native crops and pushed for their replacement by cereals like barley and wheat. Later, international aid organizations encouraged Bolivian farmers to plant wheat rather than native crops. Though it was still grown on a small scale, quinoa was long stigmatized as a food for rural Indigenous farmers.

Global interest in quinoa slowly grew in the 20th century, fueled by the crop’s adaptability and nutritional profile. Early trials reached Africa in the 1930s, followed by a commercial program in the U.S. in 1985. Quinoa’s profile reached new highs in 2013 when, at the suggestion of Bolivian President Evo Morales, the United Nations declared it the International Year of Quinoa, recognizing the seed’s potential role in “eradicating hunger, malnutrition and poverty.” Prices skyrocketed: after decades of hovering around $1 per kilogram (45 U.S. cents per pound), export prices peaked near $7/kg ($3.20/lb) in 2013.
Farmers across the Andes scrambled to meet the demand. “They reacted as anyone would, saying ‘this is our opportunity,’” Elizabeth Jiménez, an economist who studies quinoa production at the Higher University of San Andrés in La Paz, told Mongabay. As prices soared, many urban migrants returned to their rural birthplaces to plant quinoa, reshaping regional land use. Between 2013 and 2015, Bolivia’s quinoa production area doubled and Ecuador’s increased tenfold.
By 2015, prices had plummeted as quinoa was popularized and competition sprang up worldwide (as of 2018, the crop was grown in 123 countries, from the UAE to Russia). Many growers in Bolivia blame the International Year of Quinoa for globalizing the plant and driving down prices. “The fact that quinoa is grown around the globe makes it difficult for us,” farmer Cleto Mamani told Mongabay.
Quinoa’s brief surge brought benefits to some farmers, who used their earnings to buy machinery or access education. Then there are others, like grower and middleman Eduardo Calizaya Chiri, who told Mongabay he lost more than $140,000 when prices crashed before he could sell his stock.
While quinoa still sells for more than other Altiplano staples, like potatoes, its price has now stabilized far below the historic peak. But the region is still grappling with the impacts of the land-use change spurred by the seed’s global rise.
Quinoa’s lasting impacts
Traditionally, farmers here herded llamas, alpacas and sheep, using the manure as fertilizer for the small plots of quinoa that they cultivated for their own subsistence. But the “perverse incentive” during the boom prompted many to get rid of their livestock and expand their quinoa fields, Jiménez said. They also tended to use excessive amounts of synthetic fertilizers and pesticides. In some regions, soils became depleted as farmers continued planting year after year.
As more land was dedicated to quinoa, native vegetation was cleared, degrading natural windbreaks and causing soil erosion. “The weather isn’t like it used to be,” Maura Condo Mendoza, who grows quinoa around Aroma Marka and near the southern Uyuni salt flats, told Mongabay. “Now the wind just levels the fields.”

Jiménez said that although farmers recognized the problems of intensifying quinoa monocultures, they saw them as a necessary compromise. “People didn’t know how long high prices would last, and it was the first time this crop was being valued on a global scale,” she said.
Though the intensity of quinoa production eased after prices crashed, it remains the most practical crop for many farmers, thriving even when other crops suffer from frost or drought. “Quinoa doesn’t need a lot of labor,” Marco Antonio Patiño Fernández, an agronomist at the Higher University of San Andrés, told Mongabay. “A sheep might cost 1,000 bolivianos [$145], and 100 pounds [45 kg] of quinoa costs the same,” he added. “Just think: how much more work does it take to raise that sheep?”
Challenges in a changing environment
On a rainy morning in late March, Cleto Mamani hurriedly cut stalks of quinoa and gathered them into golden piles that dotted the Altiplano for miles. “The rain is causing problems for us,” he said of the unseasonal precipitation. “When the quinoa gets wet it can start to go bad.”
Global climate change and shifts in regional weather patterns — driven in part by deforestation in the Amazon — are making conditions increasingly difficult for the 70,000 Bolivian families in the Altiplano who depend on the pseudocereal. Growers in the Aroma area told Mongabay that drought and high heat have become more common, stunting growth and decreasing yields. Rising soil salinity elsewhere also means that farmers must wash the soil yearly to reduce salt deposits, making agriculture more labor-intensive.

Though Bolivia’s rainy season typically runs from November to March, a recent study documented changes in Bolivian Altiplano wet season timing and intensity, and the region has seen a 15% reduction in precipitation between 2000 and 2025. Farmers in Aroma said they’re worried that this year’s late rains could cause quinoa seeds to sprout prematurely or rot. They also noted that more moisture could reduce the number of seeds that fall off dry quinoa stalks during harvest.
Drought also makes it difficult to properly maintain fallow fields. “There’s no fallow land — it hasn’t rained enough, so there’s nothing for next year,” said Condo Mendoza, adding that resting lands need moisture to be aerated. “Many people are saying they’re going to hold on to their current stock for next year,” when prices may rise, she added.
At the same time, unseasonal episodes of frost have grown more frequent. Between freezes and heavy winds, quinoa farmer Edgar Cruz Bonifacio said he expects to lose roughly 40% of this year’s harvest.
These shifts, along with intensified monocultures, biodiversity loss, growing pesticide resistance, and an absence of integrated pest management practices, have contributed to the emergence of at least 18 new pests afflicting quinoa, from parakeets to moths to quinoa mildew.
At 64, farmer Orispo Choque has seen these changes from up close. “Back when I was young, there weren’t so many pests, the rain was better, and the harvests were good,” he told Mongabay as he supervised day laborers harvesting his plot of land. “But over time, tractors showed up, and worms appeared too, and started infesting everything.”

In 2006, Choque sold his animals to begin planting quinoa across his entire 100-hectare (250-acre) farm, half of which he used to leave fallow every year. He now purchases manure from a neighbor.
As growers grapple with a changing Altiplano, some warn that Bolivia’s efforts to boost lithium mining could exacerbate existing pressures. Though state-run operations are currently limited, Indigenous communities around the Uyuni salt flats, where lithium is mined, have blamed the installation of some 20 wells for drying up the high-altitude wetlands, rendering agriculture nearly impossible. Gonzalo Mondaca, a lithium specialist at environmental nonprofit CEDIB, told Mongabay that more intensive mining would lower the water table and sap soil moisture, which could harm agriculture. “The impact on quinoa crops would perhaps be the first consequence,” he said.
Solutions and challenges for Bolivian quinoa
In 2006, Aroma community members founded the Association of Ecological Quinoa and Camelid Producers (APREQC) which aims to produce organic quinoa to access higher prices and avoid the risks of agrochemicals.
Many growers, including Choque, sell their quinoa through APREQC or personal contacts who offer a slight premium for the organic product. However, when demand via the association falters, many sell in the nearby Challapata Market, where buyers don’t differentiate between conventional and organic seeds. Much of this quinoa is then smuggled to Peru and exported as locally grown.

Organic farming is also becoming increasingly challenging. While it’s mandatory for cooperative members in Aroma, Condo Mendoza said that near Uyuni, the practice has become untenable. “If you don’t [spray chemical pesticides], the worms attack and leave the quinoa in a terrible state,” she said. While organic alternatives and regenerative methods exist, many growers say these are costly and not as effective as chemical pesticides.
Bolivian growers say they’re eager to bypass middlemen and sell directly to global markets. Their Royal Quinoa, produced in the mineral-rich soils surrounding the salt flats, boasts a larger grain and higher nutritional content than the varieties it’s blended with when exported through Peru. While Bolivia’s yields lag behind Peru’s, experts and growers say the quality of Royal Quinoa should set the Bolivian product apart. “What’s missing are public policies promoting exports,” said Patiño Fernández, the agronomist.
Despite the 2020 designation of two Royal Quinoa varieties with a protected designation of origin (PDO) label — similar to how Champagne can only come from a certain region of France — the economic benefits to farmers have not yet materialized. The designation was intended to safeguard the Altiplano’s unique varieties from foreign competition and validate their superior quality, but local growers say there’s been little change in demand.
“It’s nice to have a certification, but without the marketing and the enforcement, it’s not going to get you anything,” Tamara Stenn, a professor at Suffolk University in the U.S., who has studied fair-trade quinoa in Bolivia, told Mongabay. “The certification was supposed to build value for their quinoa, but that needs to be supported on a government level.”

Many elements of the quinoa plant remain untapped, according to Patiño Fernández, such as the leaves, which boast a higher protein content by weight than the seeds. The research station where he works has also developed quinoa bars and cookies, which they hope could gain footing in the domestic market. Even saponin, the bitter coating that must be washed off the seeds before eating, has industrial potential: before multinational corporations dominated the Bolivian market, this byproduct was transformed into soaps and a toothpaste known as Quino-Dent.
As a lifelong quinoa farmer, Orispo Choque said he worries that environmental challenges will impact crop quality and productivity. “The heat is stronger and the rain is scarce,” he said, which could stunt growth and reduce quinoa supply as climate change worsens. “It seems we are already reaching that point,” he added.
But despite the barriers, Patiño Fernández said he’s hopeful. “I think a second stage for quinoa is possible,” he said. “But it has to be done with a sustainable focus.”
Citations:
Bonifacio, A., Aroni, G., Villca, M., & Bentley, J. W. (2022). Recovering from quinoa: Regenerative agricultural research in Bolivia. Journal of Crop Improvement, 37(5), 687-708. doi:10.1080/15427528.2022.2135155
Angeli, V., Miguel Silva, P., Crispim Massuela, D., Khan, M. W., Hamar, A., Khajehei, F., … Piatti, C. (2020). Quinoa (Chenopodium quinoa Willd.): An overview of the potentials of the “golden grain” and socio-economic and environmental aspects of its cultivation and marketization. Foods, 9(2), 216. doi:10.3390/foods9020216
Fundación de Biodiversidad Alimentaria. (2021). Quinua: Una historia de injusticias y contradicciones. Cuadernos Médico Sociales, 61(1), 75-81. doi:10.56116/cms.v61.n1.2021.28
Alandia, G., Rodriguez, J. P., Jacobsen, S.-E., Bazile, D., & Condori, B. (2020). Global expansion of quinoa and challenges for the Andean region. Global Food Security, 26, 100429. doi:10.1016/j.gfs.2020.100429
Vorsheva, A. V., & Kukharenkova, O. V. (2024). Quinoa — A new promising cereal crop for Russia, nutritional value, and cultivation history: A review. AgroEcoInfo, 1. doi:10.51419/202141131
Swift, B. (2025). As water levels recede, Indigenous communities and scientists collaborate to protect Lake Titicaca and its high-altitude endemic species. BioScience, 75(10), 791-798. doi:10.1093/biosci/biaf020
Milla, P., Espinoza, J.-C., Gutierrez-Villarreal, R., Molina-Carpio, J., Ronchail, J., Espinoza-Romero, D., & Junquas, C. (2025). Recent changes in the dry-to-wet transition season in the Andean Altiplano and related atmospheric circulation patterns (1981-2022). Climate Dynamics, 63(1). doi:10.1007/s00382-024-07578-4
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