Indignación – Indignation

Renzo Abruzzese, El Deber:

La ex mandataria constitucional de la República Jeanine Áñez experimentó un grave deterioro de salud en las últimas semanas. Acosada por un verdadero arsenal de tortura sicológica y física implementado por el régimen de Arce Catacora y el MAS, tuvo que ser trasladada de emergencia a un hospital. Pese al notorio deterioro de la ex presidenta constitucional, la declaración oficial sostiene que se encontraba “estable”. A los pocos días parece que la “estabilidad” no era del todo evidente y tuvo que ser trasladada a un hospital de El Alto, una maniobra sicológica propia de las dictaduras más avezadas. De hecho, la unidad médica especializada en este tipo de afecciones es el Hospital del Tórax en Miraflores, pero de lo que se trataba era de llevar al límite la resistencia de Áñez. La defensora del Pueblo, masista militante, la calificó como “rea”, una rea apresada inconstitucionalmente, sin el debido proceso, violentando todos los Derechos Humanos habidos y por haber. El procedimiento apunta a instalar la lógica del escarmiento en la absurda esperanza de que la oposición y la ciudadanía democrática perciban lo que le puede pasar a quien se opone a la tiranía masista.

Los “operadores judiciales”, fieles servidores del régimen, decidieron dar un paso definitorio; enjuiciar a la hija de J. Añez. Ella (la hija) declararía que el anuncio de su enjuiciamiento fue la estocada final que determinó el desmoronamiento emocional y sicológico de su madre. Como cualquier madre -dijo- se desmoronó al saber que el Gobierno arremetería contra lo que cualquier madre defiende con uñas y dientes, sus hijos.

El desenlace fue un intento de suicidio que el ministro de Gobierno calificó de “rasguños”. Los rasguños que menciona la autoridad son tres cortes en la muñeca izquierda y un corte en el antebrazo derecho, todos debieron suturarse con varios puntos. Se trata de un intento de suicidio por desangramiento.

Cuando la prensa le preguntó al diputado masista Rolando Cuellar su opinión sobre el trato que el Gobierno daba a la ex mandataria constitucional Jeanine Áñez, la respuesta fue lapidaria: “¿Cómo quieren que tratemos a una asesina?”, respondió. La respuesta trasluce la sed de venganza que el Gobierno masista no puede controlar, a lo que se suma la ya conocida cleptomanía de los masistas, en tanto y en cuanto, “la asesina” está presa sin ni una sola prueba de los absurdos cargos que se le imputan, y de lejos, está años luz de los crímenes que, por ejemplo, cometieron “afines” al MAS en la “Caravana del Sur”.

Pocos días antes de estos dramáticos eventos, una joven voluntaria que se dedica a proteger perritos abandonados y cuidarlos para ofrecerlos en adopción, fue desalojada de los predios que el Teleférico Verde le había otorgado para velar por los canes y proteger sus vidas. Súbitamente el Teleférico decidió expulsarla junto a su manada. La razón resulta sorprendente, los echaban del lugar porque muchos de los voluntarios eran de la oposición. Un comentarista radial de prestigio internacional dio en el clavo cuando coligió de semejante atropello que el fanatismo talibán de los masistas no dudaría en sacrificar perros por no ser azules.

La situación ha alcanzado sin duda niveles insostenibles. El MAS pasó del ejercicio del poder al ejercicio del terror y el odio. La ciudadanía percibe con toda claridad que ya no poseemos un gobierno dedicado a lograr el bien común, se trata de una teocracia ciega de odio y venganza que, además, está dispuesta a todo por mantenerse en el Gobierno.

El MAS, Evo Morales que gobierna entre bambalinas, Arce Catacora que se ha transformado en una figura intrascendente y los operadores judiciales transformados en la última versión paramilitar (los viejos encargados de sembrar el terror), han cruzado una línea muy peligrosa, la línea de la indignación ciudadana.

Cuenta la historia (a ver si esto les sirve de algo) que cuando Mussolini llegó a Milán un día después de que el alcalde de la ciudad fusilara en la Plaza del Loreto a 19 partisanos, comentó en voz baja a sus correligionarios: “Esto lo pagaremos muy caro”. Un año después el pueblo milanés colgaría su cadáver desfigurado por la ira popular. Estas cosas suelen pasar cuando el poder se transforma en odio, en racismo y en soberbia, y cuando gobernar es sinónimo de venganza. Es bueno recordar, empero, que las vendettas siempre cubren de sangre al asesino y al asesinado.

Renzo Abruzzese / Sociólogo

The former constitutional president of the Republic Jeanine Áñez experienced a serious deterioration in health in recent weeks. She was harassed by a real arsenal of psychological and physical torture implemented by the Arce Catacora regime and the MAS, she had to be transferred to a hospital in an emergency. Despite the notorious deterioration of the former constitutional president, the official statement maintains that she was “stable.” A few days later it seems that her “stability” was not entirely evident and she had to be transferred to a hospital in El Alto, a psychological maneuver typical of the most seasoned dictatorships. In fact, the medical unit specialized in these types of conditions is the Thorax Hospital in Miraflores, but what it was about was to push Áñez’s resistance to the limit. The Ombudsman, a militant Masista, described her as “convict”, an inmate unconstitutionally arrested, without due process, violating all existing and future Human Rights. The procedure aims to install the logic of the lesson in the absurd hope that the opposition and democratic citizens will perceive what can happen to those who oppose the masista tyranny.

The “judicial operators”, faithful servants of the regime, decided to take a defining step; prosecute the daughter of J. Añez. She (her daughter) would testify that the announcement of her prosecution was the final blow that determined the emotional and psychological breakdown of her mother. Like any mother, “she said,” she collapsed when she knew that the Government would attack what any mother defends tooth and nail, her children.

The outcome was a suicide attempt that the Minister of Government described as “scratches.” The scratches mentioned by the authority are three cuts on the left wrist and a cut on the right forearm, all of which had to be sutured with several stitches. It is a suicide attempt by exsanguination.

When the press asked Masista deputy Rolando Cuellar his opinion on the treatment that the Government gave to the former constitutional president Jeanine Áñez, the answer was lapidary: “How do you want us to treat a murderer?” The answer reveals the thirst for revenge that the Masista government cannot control, to which is added the already well-known kleptomania of the masistas, insofar as “the murderess” is imprisoned without a single proof of the absurd charges that she is accused of, and far away, it is light years from the crimes that, for example, were committed by “those related to” the MAS in the “Caravana del Sur.”

A few days before these dramatic events, a young volunteer who is dedicated to protecting abandoned dogs and caring for them to offer them up for adoption, was evicted from the premises that the Green Cable Car had granted her to watch over the dogs and protect their lives. Suddenly the Cable Car decided to expel her along with her herd. The reason is surprising, they were kicked out of the place because many of the volunteers were from the opposition. A radio commentator of international prestige hit the nail on the head when he concluded from such an outrage that the Taliban fanaticism of the masistas would not hesitate to sacrifice dogs for not being blue.

The situation has undoubtedly reached unsustainable levels. The MAS went from the exercise of power to the exercise of terror and hatred. Citizens clearly perceive that we no longer have a government dedicated to achieving the common good, it is a blind theocracy of hatred and revenge that, moreover, is ready to do anything to stay in government.

The MAS, Evo Morales who governs behind the scenes, Arce Catacora who has become an inconsequential figure and the judicial operators transformed into the latest paramilitary version (the old men in charge of sowing terror), have crossed a very dangerous line, the line of citizen outrage.

The story goes (to see if this is of any use to them) that when Mussolini arrived in Milan a day after the mayor of the city shot 19 partisans in the Plaza del Loreto, he commented in a low voice to his co-religionists: we will pay dearly”. A year later, the Milanese people would hang his corpse, disfigured by popular anger. These things usually happen when power is transformed into hatred, racism and pride, and when governing is synonymous with revenge. It is good to remember, however, that vendettas always cover the murderer and the murdered with blood.

Renzo Abruzzese / Sociologist

https://eldeber.com.bo/opinion/indignacion_244366

Published by Bolivian Thoughts

Senior managerial experience on sustainable development projects.

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