An egomaniacal evo – Un evo egomaníaco

Renzo Abruzzese, Pagina Siete:

Evo and the coup

It usually happens -said Zavaleta- that the most reactionary calls produce a completely democratic effect. This is exactly what has happened with the theory of the coup that the Arce-Morales regime intends to install in Bolivian social subjectivity. The more intensive and extensive the attempt to spread the absurd tale, the stronger the certainty shows that the sole reason for its crashing downfall was due to scandalous fraud. The attempt to update the argument that at first earned him some international support, all that has produced is the urgent need to dust off the historical facts, unmask the true reasons for such a sui generis argumentation and put things in their place.

For those of us who experienced the 14 years of the Evista regime, it was somehow “natural” for Evo Morales to resort to a hoax of that stature. The almost three lustrum ended up making them believe that they could argue any stupidity without the least danger of citizen response, even invent a coup with the same ease with which a Masista senator invented a town to steal money from the peasants of his own party.

Things, however, do not seem to have the same effect now. Although the coup theory has been Arce Catacora’s only serious activity so far, the more effort he puts into it, the greater the adverse response. The sprawling theory of the coup has exposed the totalitarian project that the masismo decided to install in the country. The tangible result can be seen as an immense gap between the State and civil society, a space in which the main enemy is no longer the empire, but everyone who does not participate in its discourse, that is, we see an Evo against the the vast majority of Bolivian society, that does not want his return.

The more effort they put into arguing that the Añez government was unconstitutional and undemocratic, the greater the awareness that it was the best democratic attempt to recover the freedoms confiscated by the authoritarian MAS regime. The greater the intention to make the people believe that it was a coup, the greater the citizen’s certainty that Evo cannot return.

This dialectic between democracy and dictatorship has now reached its liminal point. Evo Morales knows that if he misses the opportunity to return all the best chances of him are suppressed. He also knows that if he does not adequately install a hoax like the coup in the public conscience, the only thing that he will achieve is to increase the public indignation to infinity, which, from his experience in October last year, now knows that in the streets he can be defeated.

Faced with this dynamic (which actually subtracts more than it adds) he has decided on a strategy of progressive radicalization that has no limits. He persecutes, imprisons, tries that his actions are shown as a lesson in the best style of García Mesa, Pinochet or any other dictator of the recent past, without the slightest effort to hide the undemocratic and dictatorial dose of his actions. He is encouraged by the certainty that we have reached the point where the dispute between citizen democracy and the Evista dictatorship is at a time when there are no more alternatives, or it is one, or it is the other, although this irreconcilable trance costs Bolivia a civil war. An ethnowar of theocratic dimensions.

The formula that underlies this scheme is to set the country on fire with the argument of the coup. Convulcate it to the extent that the parties in conflict participate in the contest with the assurance that there will be no other opportunity: either the precarious democracy left by the departure of the caudillo is protected, or the country submits to a Chavista or Cuban regime, that is to say, long-range and devastating consequences. Somehow citizens perceive that this is the mother of all battles; as much as the evismo and the masismo perceive that this is their last chance.

Renzo Abruzzese is a sociologist.

Evo y el golpe

Suele pasar -decía Zavaleta- que las convocatorias más reaccionarias producen un efecto del todo democrático. Esto es exactamente lo que ha sucedido con la teoría del golpe que el régimen de Arce-Morales pretende instalar en la subjetividad social boliviana. Cuanto más intensivo y extensivo es el intento de difundir el absurdo relato, mayor fortaleza muestra la certeza de que la razón exclusiva de su estrepitosa caída se debió al escandaloso fraude. El intento de actualizar el argumento que en un principio le valió cierto apoyo internacional, lo único que ha producido es la urgente necesidad de desempolvar los hechos históricos, desenmascarar las verdaderas razones de tan sui generis argumentación y poner las cosas en su lugar.

Para los que experimentamos los 14 años de régimen evista  resultó de alguna manera “natural” que Evo Morales recurriera a una patraña de esa talla. Los casi tres lustros terminaron haciéndoles creer que podrían argumentar cualquier estupidez sin el menor peligro de respuesta ciudadana, incluso inventarse un golpe de Estado con la misma facilidad con la que un senador masista se inventó un pueblo para robarle plata a los campesinos de su propio partido.

Las cosas, sin embargo, no parecen tener ahora el mismo efecto. Pese a que la teoría del golpe ha sido hasta ahora la única actividad seria de Arce Catacora, cuanto más empeño le pone, mayor es la respuesta adversa. La despatarrada teoría del golpe ha desnudado el proyecto totalitario que el masismo decidió instalar en el país. El resultado tangible se deja ver como una inmensa brecha entre el Estado y la sociedad civil, un espacio en el que el enemigo principal no es ya el imperio, sino todo el que no participe de su discurso, es decir, vemos un Evo contra la inmensa mayoría de la sociedad boliviana que no desea su retorno.

Cuanto más empeño le ponen en argumentar que el gobierno de Añez fue inconstitucional y antidemocrático, mayor es la consciencia de que fue el mejor intento democrático por recuperar las libertades confiscadas por el autoritario régimen del MAS.  Cuanto mayor es la intensión de hacerle creer al pueblo que fue un golpe, mayor es la certeza ciudadana de que Evo no puede volver

Esta dialéctica entre la democracia y la dictadura ha alcanzado ahora su punto liminar. Evo Morales sabe que si pierde la oportunidad de volver todas sus mejores posibilidades se suprimen. También sabe que de no instalar adecuadamente en la consciencia ciudadana una patraña como la del golpe, lo único que logrará es incrementar al infinito la indignación ciudadana que, por su experiencia en octubre del año pasado, ahora sabe que en las calles se puede vencerlo.

Frente a esta dinámica (que en realidad más le resta que le suma) ha decidido una estrategia de radicalización progresiva que no tiene límites. Persigue, encarcela, intenta que sus acciones se muestren como un escarmiento al mejor estilo de García Mesa, Pinochet o cualquier otro dictador del pasado reciente, sin el menor esfuerzo por disimular la dosis antidemocrática y dictatorial de sus acciones. Lo anima la certidumbre de que hemos alcanzado el punto en que la disputa entre la democracia ciudadana y la dictadura evista está en un momento  en que no hay ya más alternativas, o es una, o es la otra, aunque éste irreconciliable trance le cueste a Bolivia una guerra civil. Una etnoguerra de dimensiones teocráticas.

La fórmula que subyace a este esquema pasa por incendiar el país con el argumento del golpe. Convulsionarlo al extremo de que las partes en conflicto participen de la contienda con la seguridad de que no habrá otra oportunidad: o se protege la precaria democracia que dejó la salida del caudillo, o el país se somete a un régimen de corte chavista o     cubano, es decir, de largo alcance y consecuencias devastadoras. De alguna manera la ciudadanía percibe que esta es la madre de todas las batallas; tanto como el evismo y el masismo perciben que esta es su última oportunidad. 

Renzo Abruzzese es sociólogo.

https://www.paginasiete.bo/opinion/renzo-abruzzese/2021/3/23/evo-el-golpe-288331.html

“The MÁS does not interfere in legal matters”

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