Educación y desarrollo

Rolando Morales escribe en Página Siete:

Hay consenso en Bolivia y en cualquier país del mundo que para lograr desarrollo se requiere impulsar la educación buscando ampliar la cobertura de los servicios escolares, aumentar los años promedio de escolaridad y mejorar la calidad educativa. Sin embargo para que la educación tenga efectos sobre el desarrollo se necesita algo más, en particular, una estructura productiva que dé empleo a los trabajadores que invirtieron en su formación y una sociedad que valorice la educación.

En el campo económico es compleja la relación entre educación y desarrollo. Un indicador del rendimiento de la educación en el crecimiento económico se obtiene dividiendo el PIB por el total de años de escolaridad de los ocupados. En el caso de Bolivia, este indicador ha tenido una tendencia marcadamente decreciente entre 1996 y 2013, poniendo en evidencia el deterioro del aporte de la educación al crecimiento, aunque, posteriormente, tuvo una tendencia a crecer explicada por el estancamiento del número total de años de instrucción de los ocupados.

Adicionalmente, el volumen de empleo creció poco desde el año 1996 con una baja tasa de desempleo en la última década. Ambos datos llevan a concluir que hubo aumento de los inactivos (los que no trabajan ni buscan trabajo), muchos de ellos con buenos niveles educativos,  lo que implica que su inversión en educación no está siendo suficientemente utilizada para impulsar el crecimiento económico.

El empleo creció poco en circunstancias donde la economía tuvo buenas tasas de expansión porque se basó en sectores que no requerían contratar más gente como el de hidrocarburos. Pero, hay una noticia más alarmante: no requirió mano de obra calificada lo que complica el análisis de la relación entre crecimiento y educación. 

A partir del año 2003, cuando Bolivia empezó a beneficiarse del alza de precios de las materias primas, los trabajadores calificados sufrieron tasas de desempleo superiores a los de los trabajadores no calificados. El desempleo en este grupo fluctuó entre cinco y 10%, con una tendencia a crecer desde el año 2014. Los que más sufrieron fueron los jóvenes calificados entre 20 y 29 años de edad,  pues registraron una tasa promedio de desempleo de 12% entre el año 2003 y el año 2018 con picos que llegaron hasta el 18%. Ese fue un buen periodo para la economía por lo que  preocupa que la tasa de desempleo entre los trabajadores calificados fuese tan alta.

Otro aspecto interesante de la relación entre educación y desarrollo surge constatando que el número de personas con 17 años o más de instrucción (nivel de licenciatura) ha crecido en un 10% anual desde 1996, mientras que el PIB lo hizo en apenas el 4%. Se estima que para 2018, Bolivia tenía 925 mil personas con 17 o más años de escolaridad, de los cuales 71.000 estaban desempleados. Todos estos datos ponen en cuestión la rentabilidad de la educación y su aporte al desarrollo nacional.

Se puede concluir que el efecto de la educación en el crecimiento depende de la estructura económica, es decir, del desarrollo de sectores productivos que requieran mano de obra calificada. Pero, queda abierta la pregunta de  por qué los grandes avances en educación no han contribuido a cambiar la estructura productiva creando empresas donde el trabajo calificado sea el componente principal en la generación de valor. 

Está también abierta la pregunta sobre si la sociedad debería dar un mayor reconocimiento social a la gente que estudia y que es capaz de innovar. Esta última preocupación plantea un problema político relacional importante. Tiene un componente político porque las decisiones de empleo en el más grande empleador en Bolivia que es el Estado se basan en criterios de amistad, compadrerío o complicidad política independientemente del nivel de formación de los candidatos a optar por un puesto.

 Esto también ocurre en las universidades donde los profesores no son escogidos entre los candidatos más idóneos a dictar una cátedra. Preocupa también lo que ocurre a nivel de muchas familias que promueven la educación de sus hijos sólo para que obtengan un cartón con el cual los parientes y amigos se encargarán de encontrar un puesto de trabajo para sus vástagos sin preocuparse por su posible contribución al desarrollo.

Rolando Morales Anaya es economista.

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