It Is Time to React | Ya es hora de reaccionar

By Rolando Morales, Brujula Digital:

In this article, I draw attention to the government’s inaction on the economy and suggest several measures it could adopt.

Eight months have passed since the new government took office, and we are still waiting for policies that could ease or resolve the current crisis. The government’s passivity is alarming, as conditions may continue to deteriorate, and public impatience could sooner or later lead to a social upheaval similar to the one that occurred between May and June.

With or without Argollo or Salazar, the risk of another popular uprising remains. The government must act urgently.

According to forecasts, GDP will contract by 3.5%, though the decline could be considerably larger, leading to higher unemployment and growing public discontent.

Below are some policies the government could adopt. I explain their rationale afterward.

  1. An agreement with the IMF would unlock the emergency financing Bolivia urgently needs.
  2. Returning to the domestic banking system the US$2.6 billion received by the Central Bank in 2023 through a currency-swap operation is an essential first step toward normalizing banking operations.
  3. Banks should be required to deliver to their clients international transfers in the same currency in which they were sent (unless the recipient prefers otherwise). This measure would encourage foreign-currency inflows into the country.
  4. The Financial System Supervisory Authority (ASFI) should strictly enforce the regulations and laws governing the financial system.
  5. Enact an investment law that provides incentives for the use of domestic resources.
  6. Ensure an adequate supply of fuel.
  7. Remove all barriers that discourage fuel imports and the free commercialization of fuel by the private sector.
  8. Establish a flexible pricing system for fuels sold by YPFB.
  9. Strengthen the presidential cabinet to increase the credibility of and confidence in the national government.

The government, along with some politicians and economists, underestimates the importance of Bolivia’s export sector, which generates more than US$12 billion—an amount more than sufficient to meet the demand for dollars needed for imports, including fuel, to service external debt obligations, and to cover other smaller needs.

Instead of focusing on the dollars generated by exports, many look abroad for loans. This paradox is explained by the fact that those who earn foreign currency are reluctant to bring it into Bolivia because they fear—rightly so—having to struggle with banks to gain access to their own money.

Since they must cover local expenses in the national currency, they turn to informal channels to access their foreign exchange. As a result, the foreign-exchange market becomes opaque. This causes losses and considerable inconvenience, leading exporters to bring into Bolivia only the minimum amount they need.

Economic policy proposals should therefore be aimed primarily at creating the conditions necessary for export-generated dollars to re-enter the national economy.

One important measure would be to reverse the currency-swap operation carried out between the Central Bank and commercial banks by returning more than US$2.6 billion to them. This would require external financing, which could be negotiated with various international financial institutions after reaching an agreement with the IMF (Suggestions 1 and 2).

Naturally, this policy would need to be accompanied by other measures. It could be complemented by requiring banks to release funds received from abroad in the same currency in which they were sent (Suggestion 3) and by strengthening ASFI’s ability to enforce its regulations (Suggestion 4).

An investment-incentive framework that favors the use of domestic resources could also be included (Suggestion 5).

External financing should be used to ensure an adequate fuel supply (Suggestion 6) until the foreign currency generated by exports is repatriated. Once that occurs, the government could purchase those dollars to finance imports, thereby avoiding the need for further external borrowing.

When Bolivia produced the fuels needed for domestic consumption, it was more or less natural for YPFB to maintain a monopoly over their commercialization. Today, however, the state has become merely an intermediary between foreign fuel suppliers and domestic consumers. Under these circumstances, the continuation of YPFB’s monopoly lacks justification and should be abolished (Suggestion 7).

Greater participation by the private sector in this market would reduce demand pressure on the state-owned company.

In a volatile fuel market, it would be advisable for the prices charged by YPFB to be flexible (Suggestion 8).

Finally, it is worth recommending that the government assemble a strong and respected team capable of conducting the necessary negotiations with the IMF and other international organizations (Suggestion 9).

Rolando Morales holds a Ph.D. in Economics.

Por Rolando Morales, Brujula Digital:

​En este artículo llamo la atención por la inacción del gobierno en la economía y sugiero algunas medidas que podría adoptar.

Pasaron ocho meses del nuevo gobierno y seguimos a la espera de una política que pueda aliviar o solucionar la crisis actual. La pasividad del gobierno es alarmante, pues todo puede empeorar y la impaciencia de la gente llevará, tarde o temprano, a un estallido social similar al que ocurrió entre mayo y junio. 

Con o sin Argollo o Salazar se puede temer una nueva revuelta popular. Urge que el gobierno reaccione. 

Según pronósticos, el PIB registrará una caída del 3,5 %, pero podría ser bastante más, aumentando el desempleo y el descontento público.

A continuación, sugiero algunas políticas que el gobierno podría adoptar. Al final, explico su pertinencia.

1. Un acuerdo con el FMI permitirá destrabar los créditos de urgencia que requiere Bolivia.

2. La devolución a la banca nacional de los $us 2.600 millones que recibió el Banco Central en el año 2023, en el marco de una operación de canje de monedas, es un primer paso imprescindible para la regularización de las operaciones bancarias.

3. Los bancos deberán entregar a sus clientes las transferencias recibidas del exterior en la moneda en que fueron enviadas (salvo mejor preferencia del receptor). Esta normativa promoverá el ingreso de divisas al país.

4. La ASFI deberá hacer cumplir estrictamente las normas y leyes que rigen el funcionamiento del sistema financiero.

5. Emitir una ley de inversiones con incentivos para el uso de recursos nacionales.

6. Asegurar el abastecimiento suficiente de combustibles.

7. Eliminar todas las trancas que desincentivan la importación de combustibles y su libre comercialización por parte del sector privado.

Establecer un régimen de precios flexibles para los carburantes vendidos por YPFB.

9. Reforzar el gabinete presidencial para aumentar la credibilidad y confianza en el gobierno nacional.

El gobierno, algunos políticos y economistas subestiman la importancia del buen nivel de exportaciones de Bolivia, que superan los $us 12 mil millones, una cantidad por demás suficiente para atender la demanda de dólares para importar –incluyendo carburantes– hacer frente a las obligaciones de deuda externa y a otras demandas menores. 

En lugar de pensar en utilizar los dólares provenientes de las exportaciones, muchos miran al exterior solicitando créditos. Esta paradoja se explica porque los que producen divisas son renuentes a traerlas a Bolivia temiendo –con razón– enfrentarse con los bancos para poder acceder a su dinero. 

Como necesitan cubrir sus gastos locales en moneda nacional, buscan canales informales para poder acceder a sus divisas, lo que provoca que el mercado cambiario sea borroso. Esto les significa pérdidas y muchas molestias, por lo que traen a Bolivia lo mínimo que necesitan.

Las sugerencias de política económica deberían estar básicamente orientadas a crear las condiciones necesarias para la reincorporación de los dólares de las exportaciones a la economía nacional.

Una medida importante es revertir la operación de canje de monedas realizada entre el Banco Central y los bancos, devolviéndoles algo más de $us 2.600 millones. Ello requiere un crédito externo, que puede negociarse con diferentes instituciones financieras internacionales, después de concluir un acuerdo con el FMI (sugerencias 1 y 2).

Sin duda, se requiere acompañar esa política de otras más. Se la podría completar imponiendo la obligación a los bancos de entregar los dineros recibidos del exterior en la moneda en que fueron enviados (sugerencia 3) y fortalecer la ASFI para hacer cumplir sus normas (sugerencia 4). 

También se podría incluir un régimen de incentivos a la inversión que privilegie el uso de recursos nacionales (sugerencia 5).

El crédito externo deberá ser utilizado para asegurar el abastecimiento de carburantes (sugerencia 6) hasta que se logre repatriar las divisas generadas por las exportaciones. Posteriormente, pueden ser compradas por el gobierno para asegurar las importaciones, evitando recurrir al crédito externo.

Cuando Bolivia producía los carburantes que requería el consumo interno era más o menos natural que estableciera el monopolio de YPFB para su comercialización. Hoy en día, el Estado se ha convertido en un intermediario entre el oferente externo de carburantes y el consumidor doméstico. La continuidad del monopolio de YPFB para su comercialización no tiene justificación alguna por lo que habría que anularlo (sugerencia 7). 

La participación del sector privado en este mercado aliviará la presión de la demanda sobre la empresa estatal.

En un mercado convulso de carburantes, lo aconsejable es que el precio al que lo ofrece YPFB sea flexible (sugerencia 8).

Finalmente, corresponde recomendar que el gobierno se dote de un equipo sólido y de prestigio para llevar a cabo las negociaciones pertinentes con el FMI y con otros organismos internacionales (sugerencia 9).

Rolando Morales es doctor en economía.

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