By Oscar Antezana, El Dia:
Throughout this series of four articles, we have pointed to the pressing need for a development strategy; otherwise, we may achieve economic growth without actual development. Hasn’t that been the case during the 20 years of MAS rule, even if we go further back? In these pieces, we have addressed three central issues for a Bolivian strategy: more state or more market, the bad habit of chasing “miracle resources,” and the role of embassies in contributing to the country’s strategy and development.
The final question is inevitable: what kind of economy could Bolivia build over the next two or three decades? The answer does not require discovering new resources. It requires clearly recognizing what the country already has. Bolivia possesses a rare combination—a key to development: unique natural environments and enormous agricultural diversity.
From the Salar de Uyuni to the Amazon and the Andes, the country has extraordinary tourism potential. At the same time, thousands of small producers grow products with high value for international markets. If these sectors were developed strategically—and if they included both urban and rural sectors, entrepreneurs, workers, and farmers—Bolivia could position itself as a power in nature tourism and premium foods. This would imply developing complete value chains, integrating producers, improving quality standards, and building an internationally recognized national brand. But this potential does not materialize automatically. It requires coordination among stakeholders, coherent public policies, and strategic investment. In short, it requires a long-term vision.
Let us remember that the announcements regarding the presentation and eventual enactment of laws and reforms, repeated for months by the government, while important, are merely instruments. An investment law and a hydrocarbons law are what have been most frequently announced. Let us take an example: what will those investments target? Any and all investment? Are all investments good? Do they all contribute to development? The answer is no. Are investments in the hydrocarbons sector positive? Yes, they are—but not for laying the foundations of development. Exploration and production are needed to ensure energy independence, which is essential for executing any strategy; exporting is needed to generate foreign currency that fuels the economy, both for domestic investment and consumption. In other words, those resources must serve to create a sustainable and inclusive productive base. But what is the strategy? We cannot continue to view the hydrocarbons sector as merely a generator of foreign exchange and a key input for economic activity without knowing for what purpose. The difference will not lie in the available resources. It will lie in the clarity of the strategy. Because development is not an accident. It is a decision.
We cannot develop everything; by definition, a strategy cannot achieve everything at once. All policies—on infrastructure (roads and airports), digitalization, education, workforce, taxation, judicial matters, etc.—must support the strategy’s objectives. Our development cannot be “everything,” because, as we have seen, we have developed nothing. We remain as or more vulnerable, we have not built any competitive advantage as a country, and we have not improved human capital. If anything, we have wasted resources of all kinds and time. Finally, the government must align any assistance from the international community with the strategy, and our embassies must operate around it.
Let us not forget that Chile has persisted in a consistent development direction and policies for more than 50 years, across multiple governments, or that Peru has also maintained consistent policies for around 35 years. As development progresses, we will build greater and better capacities to enter other sectors producing more sophisticated goods with higher added value, such as clean energy products, chips, batteries, etc. (Given how rapidly the world has changed in recent decades, we may have already “missed the train” even in those sectors; moreover, it is difficult to predict which sectors those will be, but we must strengthen our human capital and our economy.)
Bolivia faces a fundamental decision that will take decades to implement. But it must begin now. Can it continue depending on cycles of natural resources and isolated projects, or can it build a more diversified, sustainable, value-added economy? Does the population understand this need and what it will take in terms of time, resources, and effort? Do politicians understand it? Here again, the government must carry out a massive communication and awareness campaign to explain this need, the expected benefits, and the necessity of support from all sectors.
We cannot keep losing time. The government cannot lose any more time. There are many urgent issues to address, but we cannot—and must not—forget what is important.
Oscar Antezana | Columnist
Por Oscar Antezana Malpartida, El Dia:
A lo largo de esta serie de cuatro artículos, hemos apuntado a la imperante necesidad de tener una estrategia de desarrollo; caso contrario, podemos crecer económicamente, pero no desarrollar. ¿No ha pasado eso en los 20 años del MAS, inclusive si extendemos a más años atrás? En estos, hemos abordado tres problemas centrales que hacen a una estrategia boliviana: ¿más Estado o más mercado?, la mala costumbre de encontrar “recursos milagro” y el rol de las embajadas en su aporte a la estrategia y al desarrollo del país.
La pregunta final es inevitable: ¿qué tipo de economía podría construir Bolivia en las próximas dos o tres décadas? La respuesta no requiere descubrir nuevos recursos. Requiere mirar con claridad lo que el país ya tiene. Bolivia posee una combinación poco común, una llave para desarrollar el país: la naturaleza única en el mundo y la enorme diversidad agrícola.
Desde el Salar de Uyuni hasta la Amazonía y los Andes, el país cuenta con un potencial turístico extraordinario. Al mismo tiempo, miles de pequeños productores cultivan productos con alto valor para los mercados internacionales. Si estos sectores se desarrollaran estratégicamente —y que además involucran al sector urbano y rural, empresarios, obreros y campesinos—, Bolivia podría posicionarse como una potencia en turismo de naturaleza y alimentos premium. Esto implicaría desarrollar cadenas de valor completas, integrar productores, mejorar estándares de calidad y construir una marca país reconocida internacionalmente. Pero este potencial no se materializa automáticamente. Requiere coordinación entre actores, políticas públicas coherentes e inversión estratégica. Requiere, en definitiva, una visión de largo plazo.
Recordemos que los anuncios sobre la presentación y eventual promulgación de leyes y reformas, reiterados desde hace meses por el gobierno, aunque importantes, son instrumentos. Una ley de inversiones y otra de hidrocarburos es lo que más se ha anunciado. Tomemos como ejemplo: ¿a qué apuntarán esas inversiones? ¿A toda o cualquier inversión? ¿Todas las inversiones son buenas? ¿Todas aportan al desarrollo? La respuesta es no. ¿Las inversiones en el sector de hidrocarburos son positivas? Sí, lo son, pero no para sentar las bases de un desarrollo. Se necesita explorar y producir para asegurar la independencia energética, que es esencial para ejecutar cualquier estrategia; exportar para generar divisas que nutran la economía tanto para la inversión doméstica como para el consumo. Es decir, esos recursos tienen que servir para crear una base productiva sostenible e inclusiva. Pero, ¿cuál es la estrategia? No podemos seguir considerando que el sector de hidrocarburos genere divisas y sea solamente un insumo clave para la actividad económica sin saber con qué propósito. La diferencia no estará en los recursos disponibles. Estará en la claridad de la estrategia. Porque el desarrollo no es un accidente. Es una decisión.
No podemos desarrollar todo; por definición, una estrategia no puede lograr todo al mismo tiempo. Todas las políticas de infraestructura —caminos y aeropuertos—, digitalización, educación, fuerza laboral, impositivas, judiciales, etc., tendrían que apoyar los objetivos de la estrategia. Nuestro desarrollo no puede ser en todo porque, como hemos visto, no hemos desarrollado nada. Seguimos tan o más vulnerables, no hemos construido ninguna ventaja competitiva como país, no hemos mejorado los recursos humanos. Si algo, hemos desperdiciado recursos de todo tipo y tiempo. Por último, el gobierno tiene que alinear cualquier asistencia que provenga de la comunidad internacional a la estrategia, y nuestras embajadas tienen que funcionar alrededor de la misma.
No nos olvidemos de que Chile ha persistido en una dirección y políticas de desarrollo por más de 50 años, a través de varios gobiernos, o que Perú también mantiene políticas consistentes por alrededor de 35 años. A medida que se avance en el desarrollo, construiremos más y mejores capacidades para introducirnos en otros sectores de producción de bienes más sofisticados y con mayor valor agregado, como productos de energía limpia, chips, baterías, etc. (Con la velocidad en que ha cambiado el mundo en las últimas décadas, posiblemente ya hayamos “perdido el tren” inclusive en esos sectores; es más, es difícil pronosticar cuáles serán esos sectores, pero tenemos que fortalecer nuestros recursos humanos y nuestra economía).
Bolivia enfrenta una decisión fundamental que tomará décadas en ejecutarse. Pero se tiene que empezar de una vez. ¿Puede continuar dependiendo de ciclos de recursos naturales y proyectos aislados, o puede construir una economía más diversificada, sostenible y orientada al valor agregado? ¿Entiende la población esa necesidad y lo que tomará en tiempo, recursos y esfuerzo? ¿Entienden los políticos? Aquí, nuevamente, el gobierno tiene que llevar a cabo una campaña masiva de comunicación y concientización para explicar esta necesidad, los beneficios esperados y la necesidad de apoyo de todos los sectores.
No podemos seguir perdiendo tiempo. El gobierno no puede perder más tiempo. Hay muchas cosas urgentes que hay que atender, pero no podemos, no debemos, olvidarnos de lo importante.
Oscar Antezana Malpartida | Columnista
