Drug trafficking | Narcotráfico

Editorial, El Deber:

Bolivia without drug trafficking, a march of all

In the midst of a fairly cold ambient temperature due to winds from the south, Santa Cruz took to the streets on Tuesday night as it rarely does, with a shared cry to say no to drug trafficking, no to the crime that comes along with traffic of drugs, and to demand true impartial justice in Bolivia.

The route from the Plazuela del Estudiante to the Plaza 24 de Septiembre, where there were some speeches, symbolizes the tiredness of a people with the increasingly frequent signs of an almost normalized presence of drug trafficking in national life.

People from different conditions, young people, women, older adults, came together in response to the call of the Civic Committee for Santa Cruz and in a peaceful way, but with shouts, flags and banners, they expressed themselves so that the political power no longer covers up the drug trafficking operations. In the memory of all those attending, the memory of what had happened exactly one week before in Porongo remained fresh, where organized crime -it cannot be called otherwise due to the economic power and weapons it wields and its direct links with drug trafficking- executed in a cowardly manner, with shots in the back, and when they remained on their knees, three Police officers.

Although a week passed, the Government did not tell Bolivians what exactly happened in that place on that holiday for the celebration of the Aymara New Year; the crime was not clarified, the material and intellectual authors of the death of those three police officers whose remains were loaded into a truck were not presented.

The fright, the helplessness, the concern because they now live in a state of permanent insecurity, led all those people on Tuesday night to tour the city and concentrate on the Plaza 24 de Septiembre to demand their right to live in peace and tranquility.

Many citizens, mainly the elderly, compare the moment that Bolivia is experiencing today with 1986, when drug trafficking was so entrenched in society that its presence had practically lulled city dwellers to sleep until a brutal crime in the Huanchaca mountains It woke up with a start, especially Santa Cruz, who took to the streets to say enough to the drug-trafficking mafias.

What happened in Porongo on June 21 is a bell stroke similar to that of 36 years ago that has also caused the same effect in society at that time: the awareness that organized crime walks with impunity through the streets of the city, now the they all have and they are not willing to accept that nothing changes or to resign themselves to living with fear and death.

But that protest is not a shout to the air; it has a recipient and it is the Government, which by mandate has the obligation to enforce the laws, to eradicate the drug and its manufacturers and marketers, to provide security to the population. It is not a concession.

The presence of politicians in government is not a license to do as they please; they arrive there with obligations and responsibilities to fulfill. And so far, the Government is not showing it in the case of the policemen who were riddled with bullets; moreover, they give worrying signs when they change all the anti-drug personnel in the region, but they affirm that it is a matter of routine rotations.

The country demands to know the truth, it does not need more cover-ups.

Bolivia sin narcotráfico, una marcha de todos

En medio de una temperatura ambiente con bastante frío por vientos del sur, Santa Cruz se volcó a las calles la noche del martes como lo hace pocas veces, con un grito compartido para decirle no al narcotráfico, no al crimen que viene junto con el tráfico de drogas, y para exigir una verdadera justicia imparcial en Bolivia.

El recorrido desde la Plazuela del Estudiante hasta la Plaza 24 de Septiembre, donde hubo algunos discursos, simboliza el cansancio de un pueblo con las cada vez más frecuentes muestras de una presencia ya casi normalizada del narcotráfico en la vida nacional.

Personas de diferentes condiciones, jóvenes, mujeres, adultos mayores, se juntaron en respuesta al llamado del Comité Cívico pro Santa Cruz y de manera pacífica, pero con gritos, banderas y pancartas, se expresaron para que no se encubra más desde el poder político las operaciones de los narcotraficantes. En la memoria de todos los asistentes permanecía fresco el recuerdo de lo que había pasado exactamente una semana antes en Porongo, donde el crimen organizado -no se le puede llamar de otra manera por el poder económico y de armas que ostenta y sus vínculos directos con el narcotráfico- ejecutó de una manera cobarde, con disparos por la espalda, y cuando permanecían de rodillas, a tres efectivos de la Policía.

Pese a que pasó una semana, el Gobierno no le dijo a los bolivianos qué ocurrió exactamente en ese lugar en aquel feriado por la celebración del año nuevo aimara; no se esclareció el crimen, no se presentó a los autores materiales e intelectuales de la muerte de esos tres policías cuyos restos fueron cargados en una camioneta.

El susto, la impotencia, la preocupación porque ahora viven en un estado de permanente inseguridad, llevó a toda esa gente la noche del martes a recorrer la ciudad y concentrarse en la Plaza 24 de Septiembre a reclamar por su derecho a vivir en paz y tranquilidad.

Muchos ciudadanos, principalmente, los mayores, comparan el momento que hoy está viviendo Bolivia con 1986, cuando el narcotráfico estaba tan instalado en la sociedad que su presencia había prácticamente adormecido a los habitantes de las ciudades hasta que un brutal crimen en las serranías de Huanchaca hizo despertar sobresaltado principalmente a Santa Cruz, que se volcó a las calles para decirle basta a las mafias traficantes de la droga.

Lo ocurrido en Porongo el 21 de junio es un campanazo similar al de hace 36 años que ha provocado en la sociedad también el mismo efecto de aquel tiempo: la conciencia de que el crimen organizado se pasea impunemente por las calles de la ciudad, ahora la tienen todos y no están dispuestos a aceptar que nada cambie ni a resignarse a convivir con el miedo y la muerte.

Pero esa protesta no es un grito al aire; tiene un destinatario y es el Gobierno, que por mandato tiene la obligación de hacer cumplir las leyes, de erradicar la droga y sus fabricantes y comercializadores, de darle seguridad a la población. No es una concesión.

La presencia de políticos en el Gobierno no es una licencia para hacer lo que les parezca; llegan allí con obligaciones y responsabilidades que cumplir. Y hasta ahora, el Gobierno no lo está demostrando en el caso de los policías acribillados; es más, dan señales preocupantes cuando cambian a todo el personal antidroga de la región, pero afirman que se trata de rotaciones de rutina.

El país exige saber la verdad, no necesita más encubrimientos.

https://eldeber.com.bo/opinion/bolivia-sin-narcotrafico-una-marcha-de-todos_283497

Published by Bolivian Thoughts

Senior managerial experience on sustainable development projects.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: