The army’s worst moment – El peor momento del ejército

Manfredo Kempff, El Deber:

The defection of the commanders

It has been a real shame -and a total disappointment- that a general and an admiral of the Armed Forces had decided to accept a short trial to reduce their pre-trial detention and thus achieve their freedom. While other generals and colonels have preferred jail over admitting guilt for having participated in a coup that did not exist, these two commanders lacked courage.

We imagine that prison is very hard and sacrificial; that he misses his wife, children, food, warmth, cleanliness and bed. But, for a soldier, breaking down and giving in because of that, leaving his comrades and many other people in the lurch, is undignified, because what do these soldiers learn in the Military College? We already suppose what the other bosses will feel who have not allowed themselves to be tempted with the tricky offer of an abbreviated trial, which has been the vast majority; embarrassment and indignation, without a doubt.

It cannot be otherwise if it is that last Sunday, the undesirable Evo Morales already expressed from his Chapare radio station, the intrigue that the recognition of both commanders confirmed that a coup d’état took place in 2019. That’s the crux of the matter! The insane obstinacy of the coup! It was nothing else that the Government was looking for through its toady prosecutors and judges. Find a way for the weakest soldiers to recognize that they were the protagonists of an armed uprising and that Mrs. Jeanine Áñez rose through a coup and not by a popular rebellion that protested against Morales’ devious electoral fraud.

And now what before the lie? What are Mrs. Áñez, Camacho and Pumari going to say? What about Mesa, Quiroga, Doria Medina, the Church and the ambassadors who participated in the meeting at the Catholic University in La Paz, to save democracy? What of the imprisoned and persecuted police chiefs? You have to disprove the two renegades and tell them, without any consideration, that they betrayed. We all know that Evo Morales had announced his resignation from the Presidency before the military even opened their mouths, and that even appears in the memories of García Linera’s tongue-in-cheek chat with Argentine President Cristina Kirchner on the morning of the 10th of November.

As happened with the young people from Santa Cruz who were kidnapped and imprisoned to justify the murders committed by the MAS in the Hotel Las Américas in 2009, the Government will try to offer reduced sentences to other officers who accept the abbreviated trials. With the difference that our young people, if some accepted, it was after several years in prison, of psychological and physical torture, when the venal prosecutors, born by the fraudulent judicial elections, threatened them with many more years of imprisonment.

Although several remained in front of their prosecutors, preferring the result of an endless and tricky trial, before submitting to lies to achieve their freedom. It is evident that the submission formula against opponents has not changed between 2009 and today.

The Armed Forces fulfilled their constitutional mandate in 2019, not by suggesting that Evo Morales leave power, because he had already fled to Chapare, but by protecting the Senkata plant in El Alto, which was being assaulted by hundreds of irresponsible rioters who were trying to set it on fire, at the point of dynamite, without paying attention to the high cost in lives and money that they could produce. The military are not here to plan wars against any neighbor, because then, in these times, they would question the need for their existence.

The Armed Forces are here to enforce the Constitution by imposing order and to protect our natural resources from businessmen and oppressors and to preserve public property. Acting in Senkata and Sacaba, whatever is said today, was their obligation; so these actions do not have to embarrass the Army, much less be an argument to show Mrs. Jeanine Áñez as the person responsible for the events, because in moments of extreme gravity, when the situation is uncontrollable, the military must act duly.

Attacking Senkata was a criminal act by the masistas, as well as setting homes on fire and burning the 66 PumaKatari buses, which, due to the lack of authority at that time, has gone unpunished.

La defección de los comandantes

Ha sido una verdadera pena -y una total decepción- que un general y un almirante de las FFAA hubieran decidido aceptar un juicio abreviado para reducir su detención preventiva y así lograr su libertad. Mientras otros generales y coroneles han preferido la cárcel antes de reconocerse culpables de haber participado en un golpe de Estado que no existió, a estos dos comandantes les faltó valor.

Imaginamos que la prisión es muy dura y sacrificada; que se extraña a la esposa, los hijos, la comida, el calor, el aseo y el lecho. Pero, para un militar, quebrarse y claudicar por eso, dejando en la estacada a sus camaradas y a mucha otra gente, es indigno, porque ¿qué aprenden estos soldados en el Colegio Militar? Ya suponemos qué sentirán los otros jefes que no se han dejado tentar con el ofrecimiento tramposo de un juicio abreviado, que ha sido la inmensa mayoría; vergüenza ajena e indignación, sin duda alguna.

No puede ser de otro modo si es que el domingo pasado, el indeseable Evo Morales ya manifestó desde su emisora chapareña, la intriga de que el reconocimiento de ambos comandantes confirmaba que se produjo un golpe de Estado el año 2019. ¡Ahí está la madre del cordero! ¡La obstinación insana del golpe! No era otra cosa lo que buscaba el Gobierno a través de sus fiscales y jueces lambiscones. Hallar la forma de que los militares más endebles reconocieran que fueron protagonistas de un alzamiento armado y que la señora Jeanine Áñez se encumbró mediante un cuartelazo y no por una rebelión popular que reclamaba contra el sinuoso fraude electoral de Morales.

¿Y ahora qué ante el embuste? ¿Qué van a decir la señora Áñez, Camacho y Pumari? ¿Qué de Mesa, Quiroga, Doria Medina, la Iglesia y los embajadores que participaron en la reunión en la Universidad Católica en La Paz, para salvar la democracia? ¿Qué de los jefes policiales encarcelados y perseguidos? Hay que desmentir a los dos renegados y decirles, sin ninguna consideración, que traicionaron. Todos sabemos que Evo Morales había anunciado su renuncia a la Presidencia antes de que los militares abrieran la boca siquiera, y eso consta hasta en los recuerdos del lenguaraz de García Linera en su charla telefónica con la mandataria argentina Cristina Kirchner, en la mañana del 10 de noviembre.

Tal como sucedió con los jóvenes cruceños que fueron secuestrados y encarcelados para justificar los asesinatos cometidos por el MAS en el Hotel Las Américas en 2009, el Gobierno tratará de ofrecer la reducción de penas a otros militares que acepten los juicios abreviados. Con la diferencia de que nuestros jóvenes, si algunos aceptaron, fue luego de varios años de prisión, de tortura sicológica y física, cuando los fiscales venales paridos por las fraudulentas elecciones judiciales, los amenazaban con muchos años más de encierro.

Aunque varios se quedaron frente a sus fiscales prefiriendo el resultado de un interminable y tramposo juicio, antes que someterse a la mentira para lograr su libertad. Es evidente que la fórmula de sometimiento contra los opositores no ha cambiado entre 2009 y hoy.

Las FFAA cumplieron con su mandato constitucional el 2019, no sugiriendo a Evo Morales que se fuera del poder, porque ya había huido a Chapare, sino protegiendo la planta de Senkata en El Alto, que estaba siendo asaltada por cientos de revoltosos irresponsables que trataban de incendiarla, a punta de dinamita, sin fijarse en el alto costo en vidas y dinero que podían producir. Los militares no están para planificar guerras contra ningún vecino, porque entonces, en estos tiempos, pondrían en duda la necesidad de su existencia. 

Las FFAA están para hacer respetar la Constitución imponiendo orden y para proteger nuestros recursos naturales de los negociantes y avasalladores y preservar la propiedad pública. Actuar en Senkata y Sacaba, sea cual fuera lo que se diga hoy, era su obligación; así que esas acciones no tienen que avergonzar al Ejército, ni menos ser un argumento para mostrar a la señora Jeanine Áñez como la responsable de los hechos, porque en los momentos de extrema gravedad, cuando la situación es incontenible, los militares deben actuar cumplidamente.

Atacar Senkata fue un acto criminal de los masistas, tanto como incendiar domicilios y quemar los 66 buses PumaKatari, que, a falta de autoridad en ese momento, ha quedado sin castigo.

https://eldeber.com.bo/opinion/la-defeccion-de-los-comandantes_268619

Published by Bolivian Thoughts

Senior managerial experience on sustainable development projects.

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