Bye evo – Chau evo

Rafael Archondo, Pagina Siete:

The decline of the blue strategist

The mayors, councilors, governors and departmental assembly members who will leave their posts next May are the sub-national authorities that have governed or legislated the longest in their jurisdictions. The political crisis of 2019 gave them an additional year of management. Only some such as Adrián Oliva, in Tarija, or Félix Patzi, in La Paz, tried for reelection without being able to harvest it. In contrast, new or renewed faces emerge, identities that fan hope, but also nostalgia.

Eva Copa is the locomotive of political renewal, but she is also the evidence that El Alto is voting as a block, rejecting whoever tries to submit it to its directives. This heroic city found in its now elected mayor the devastating weapon to annul Arturo Murillo and Evo Morales with a single blow.

Potosí capital and Chuquisaca, as a department, have followed a similar path to that of the young leader from El Alto. Johnny Llalli and Damián Condori demonstrate in votes that it is possible to compete with the MAS without defrauding worker, neighborhood or peasant interests. In these three regions, the masista hegemony is cracking or diversifying, injecting healthy dissent into the capillaries of our societies.

Immense and sophisticated is the politicization of Bolivians, capable of distinguishing between one election and another. Only four months ago they turned themselves in to the MAS to overthrow Añez. The feat accomplished, they now turn towards the dissidents of the ruling party and reward them for not lowering their heads. They are twists that would unhinge any would-be tyrant.

Manfred Reyes Villa is today the first resurrected politician from our extended public life. His feat is unmatched. He and Ana Lucia Reis in Cobija are proof that voters treasure memories and value returns, especially when, after an acceptable management, the Leyes, Ribeiros or Cholangos break in slapping.

Does the ideology of the chosen one matter here? The voter cultivates a light wisdom that makes him prioritize his street or his drain and disdain the philosophy of the one who promises to deal with them.

Santa Cruz and Beni have just buried Democrats, the party of Rubén Costas and Ernesto Suárez. A long accumulation of triumphs and administrations touches sudden withdrawal. The failed careers of Óscar Ortiz and Jeanine Añez, their last presidential journeys, show that eastern Bolivia has serious inhibitions to translate their wishes beyond the plains.

That tropical giant of economic modernity still cannot overcome its political squalor. With Camacho, he seems to have decided to abstract himself in his differentiated identity. The new governor-elect is almost the resigned acceptance of Santa Cruz that does not like nor that it could seduce the rest of the republic. Settling in the terroir can be the most immediate way to defend oneself from an adverse neighborhood, but above all indecipherable.

Iván Arias’ victory in La Paz was shaped by his worn shoes, those that he exhibited after the results were known. El Negro sailed in calm waters, lacking rivals. Although he was in the cabinet of the transitional government, unlike Mayor Luis Revilla, he did not get on the chipped Añez campaign. Thus, SOL.bo sank, leaving the runway clear for Arias.

This leaping panorama allows us to conclude that after a decade and a half, the MAS has not been able to become a factory of successful mayors. For this reason, urban Bolivia, where managing services and works is an indispensable skill, does not want to vote blue. The reason for this failure is simple: between 2006 and 2019 Evo Morales was the only “macro mayor” to be venerated. In his long government, he concentrated the budget for works to be able to inaugurate them without ceasing. What mayor could compete with him?

That is perhaps the most perverse effect of a caudillo among his faithful devotees: his shadow does not let anything flourish in the vicinity. The MAS is a crude and centralizing party, capable of fiercely and patronizingly assigning municipal offices in the districts, but incapable of more complex deliberations typical of large cities.

To this must be added the frank mental decline of its strategist Evo Morales, who is directly responsible, at least for now, for the defeats of his party in El Alto, Cobija and Trinidad, whose elected mayors appeared, in December 2020, in his list of available applicants. And it is that having a campaign manager who is reputed to be infallible can eventually turn into a persistent limp.

Rafael Archondo is a journalist.

El ocaso del estratega azul

Los alcaldes, concejales, gobernadores y asambleístas departamentales que dejarán sus cargos en mayo próximo  son las autoridades sub-nacionales que más tiempo han gobernado o legislado en sus jurisdicciones. La crisis política de 2019 les regaló un año adicional de gestión.  Sólo algunos como Adrián Oliva, en Tarija, o Félix Patzi, en La Paz, tentaron la reelección sin poderla cosechar. En contraste, emergen caras nuevas o renovadas, identidades que avivan esperanzas, pero también nostalgias. 

Eva Copa es la locomotora de la renovación política, pero también la evidencia de que El Alto vota en bloque, rechazando a quien pretenda someterlo a sus directivas. Esta heroica ciudad encontró en su ahora alcaldesa electa el arma demoledora para anular a Arturo Murillo y Evo Morales con una sola descarga. 

Potosí capital y Chuquisaca, como departamento, han transitado por una vía similar a la de la joven líder alteña. Johnny Llalli y Damián Condori demuestran en votos que se puede competir con el MAS sin defraudar los intereses obreros, vecinales o campesinos. En esas tres regiones, la hegemonía masista se agrieta o diversifica, inyectando sana disidencia en los vasos capilares de nuestras sociedades.

Inmensa y sofisticada es la politización de los bolivianos, capaces de distinguir entre una elección y otra. Hace sólo cuatro meses se entregaban al MAS para derribar a Añez. Cumplida la proeza, viran ahora hacia los disidentes del oficialismo y los premian por no agachar la cabeza. Son giros que desquiciarían a cualquier aspirante a tirano.

Manfred Reyes Villa es hoy el primer político resucitado de nuestra extendida vida pública.  Su hazaña no tiene parangones. Él y Ana Lucia Reis en Cobija son la prueba de que los electores atesoran recuerdos y valoran los retornos, sobre todo cuando tras una gestión aceptable, irrumpen a manotazos los Leyes, Ribeiros o Cholangos.

¿Importa acá la ideología del elegido? El votante cultiva una sabiduría liviana que lo hace priorizar su calle o su drenaje y desdeñar la filosofía del que promete bregar con ellos.  

Santa Cruz y el Beni acaban de enterrar a Demócratas, el partido de Rubén Costas y Ernesto Suárez.  Una larga acumulación de triunfos y administraciones toca repentina retirada. Las trayectorias fallidas de Óscar Ortiz y Jeanine Añez, sus últimas travesías presidenciales, demuestran que el oriente de Bolivia tiene serias inhibiciones para traducir sus anhelos más allá de la llanura. 

Aquel gigante tropical de la modernidad económica no consigue superar aún su escualidez política.  Con Camacho, parece haber decidido abstraerse en su identidad diferenciada. El nuevo gobernador electo es casi la resignada aceptación cruceña de que no se quiere ni se puede seducir al resto de la república. Afincarse en el terruño puede ser el modo más inmediato de defenderse de un vecindario adverso, pero sobre todo indescifrable.

La victoria de Iván Arias en La Paz fue labrada por sus zapatos gastados, esos que exhibió tras saberse los resultados. El Negro navegó en aguas mansas al carecer de rivales.  Aunque estuvo en el gabinete del gobierno transitorio, a diferencia del alcalde Luis Revilla, no se subió a la desportillada campaña de Añez. Así, SOL.bo se hundió dejando la pista despejada para Arias.

Este panorama a saltos permite concluir que tras una década y media, el MAS no ha podido convertirse en una fábrica de alcaldes exitosos. Por eso, la Bolivia urbana, allí donde gestionar servicios y obras es destreza indispensable, no quiere votar azul. La razón de este fracaso es simple: entre 2006 y 2019 Evo Morales fue el único “macro alcalde” a venerar. En su largo gobierno concentró el presupuesto de obras para poder inaugurarlas sin cesar. ¿Qué alcalde podía competir con él?

Ese es quizás el efecto más perverso de un caudillo entre sus fieles devotos: su sombra no deja que nada florezca en las inmediaciones. El MAS es un partido centralizador y tosco, capaz de asignar fiera y clientelarmente cargos municipales en las comarcas, pero inhábil para deliberaciones más complejas propias de las grandes ciudades.

A ello debe sumarse la franca declinación mental de su estratega Evo Morales, quien es el directo responsable, al menos por ahora, de las derrotas de su partido en El Alto, Cobija y Trinidad, cuyos alcaldes electos figuraban, en diciembre de 2020, en su lista de aspirantes disponibles. Y es que contar con un jefe de campaña al que se reputa de infalible puede convertirse a la larga en cojera persistente.

Rafael Archondo es periodista.

https://www.paginasiete.bo/opinion/2021/3/11/el-ocaso-del-estratega-azul-286982.html

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