The perverse nature of Evo Morales – La naturaleza perversa de Evo Morales

Rolando Telleria writes in Pagina Siete, picture at the bottom is from the internet:

The perverse nature of Evo Morales

In several columns, wrongly wielding what Rousseau held, that man is good by nature, being the society that corrupts him, I had argued that Evo Morales, in that line, was transformed by power. Time and high doses of concentration of power, following Robert Michels’ abstractions, would have inexorably transformed him, inciting the worst side of his nature. However, the light of the last events, refuted my elucidations, because I was frightfully wrong: it was the power rather that revealed his intrinsic evil nature.

This, that perverse nature, is exposed in his crude and true magnitude when he loses power. Cornered by circumstances, as in a dead end, in an absolutely unexpected way, more for mistakes of his own pride than the demand of the streets, he must abruptly leave power. Something that perhaps not even in his remotest elucubrations he would have imagined, especially in the way he was displaced. For those who suffer from “hubris syndrome,” the disease of power, no doubt, must have been something terrible.

Still clinging to the possibility of regaining power – his drug -, he applies a macabre strategy. With chain resignations that causes an unprecedented power vacuum. The goal was to sow extreme chaos and violence, in order to create a “dantesque” scenario for his return “carried on their shoulders.” This causes a substantial increase in the number of casualties, which until the time of his resignation only reached four. In addition, he orders to his bases a disciplined siege to the cities so that no food passes. Faced with so much violence and chaos, he imagined returning as the “savior.” The only one with real capacity to pacify the country.

All casualties produced after his resignation, which he also used as “trophies,” are his responsibility. Among his worst evils, after the fire of the Chiquitania, in his eagerness to conserve and increase his power, the latter, that of generating extreme violence to propitiate his return, is the most truculent. That immense fear of abandoning the political situation achieved encouraged him, unscrupulously, to that extreme, revealing not only his perverse nature, but also his bloodthirsty tendency.

Now, that perverse nature is taking hold in these almost 14 years in power. At first, it was intended to reflect a supposed greatness, of a leader with magnanimous peculiarities and admirable human conditions. The exercise of power then gradually reflects his essence and his condition as a common, pernicious, profitable, avid and ambitious man, always pursuing his interest above any other.

Apart from harmful and selfish, he is weak to the pleasures of the flesh, deception and lies. He must be, perhaps, one of the most conspicuous exponents of lies, now possessed internationally. As a neighboring columnist argues: Such an attribute could make him a doctorate creditor in the “art of lying.”

He is also a possessor, incidentally, of terrible miseries. His composure and maneuvers in the face of the improper problem with his sentimental ex-partner, their son, and the defeat of 21F, have revealed a man crammed with misery.

If we add to that perverse nature high degrees of concentration of power and exercise time, the result is clearly expressed in a hypertrophy of his ego, and vanity. Hence his symptoms of narcissism and his undue conviction of greatness. That exaggerated megalomania provoked those uncontrollable desires of perpetual leadership. In these almost 14 years in power, with the rule of law violated, we Bolivians have been vulnerable to the abuses and arbitrariness of this ruler.

Although he was removed from power, by his nature he will not cease or rest quietly in his eagerness to recover it. The demons never sleep. From Argentina, he will not only exercise his role as campaign leader of his party for the next elections – as he wants to return soon and does not support, given his illness, being far from power, and as he said verbatim that “he still feels president” – he can prepare insurrectional outbreaks and social upheaval, regardless of deaths or new clashes.

This creepy possibility cannot be ruled out to the extent that the transitional government or the new government makes a mistake and does not do things right. The proscription of this threat is in their hands.

Rolando Tellería A. is a professor of the Political Science degree at the Universidad Mayor de San Simón

====versión español====

La naturaleza perversa de Evo Morales

En varias columnas, esgrimiendo equivocadamente lo que sostenía Rousseau, que el hombre es bueno por naturaleza, siendo la sociedad la que lo corrompe, había sostenido que a Evo Morales, en esa línea, lo transformó el poder. El tiempo y las altas dosis de concentración de poder, siguiendo las abstracciones de Robert Michels, inexorablemente lo habría transformado, incitando el peor lado de su naturaleza. Empero, la luz de los últimos acontecimientos, rebatió mis elucubraciones, pues estaba espantosamente equivocado: fue el poder más bien que puso de manifiesto su intrínseca naturaleza maligna.

Esto, esa naturaleza perversa, se expone en su cruda y verdadera magnitud cuando pierde el poder. Acorralado por las circunstancias, como en un callejón sin salida, de manera absolutamente inesperada, más por errores de su propia soberbia que la demanda de las calles, abruptamente debe dejar el poder. Algo que quizás ni en sus más remotas elucubraciones habría imaginado, sobre todo en la forma en que fue desplazado. Para quien adolece del “síndrome de hubris”, la enfermedad del poder, sin duda, ha debido ser algo terrible.

Aferrándose todavía a la posibilidad de recuperar el poder -su droga-, aplica una macabra estrategia. Con las renuncias en cadena provoca un inédito vacío de poder. El objetivo era sembrar caos y violencia extrema, con el fin de propiciar un “dantesco” escenario para su retorno “en hombros”. Esto provoca un incremento sustancial en el número de bajas, que hasta el momento de su renuncia sólo alcanzaban a cuatro. Además, ordena a sus bases un disciplinado cerco a las ciudades para que no pase ningún alimento. Ante tanta violencia y caos, él imaginó volver como el “salvador”. El único con capacidad real de pacificar el país. 

Todas las bajas producidas después de su renuncia, que además usó como “trofeos”, son de su responsabilidad. Entre sus peores maldades, después del incendio de la Chiquitania, en su afán de conservar y aumentar su poder, esta última, la de generar extrema violencia para propiciar su retorno, es la más truculenta. Ese inmenso temor de abandonar la situación política lograda lo incentivó, sin escrúpulos de por medio, a ese extremo, poniendo de manifiesto, no sólo su naturaleza perversa, sino también su tendencia sanguinaria.

Ahora bien, esa naturaleza perversa se va afianzando en estos casi 14 años en el poder. En un principio, pretendía reflejar una supuesta grandeza, de un líder con particularidades magnánimas y condiciones humanas admirables. El ejercicio del poder luego, paulatinamente, va reflejando su esencia y su condición de hombre común, pernicioso, aprovechador, ávido y ambicioso, persiguiendo siempre su interés por encima de cualquier otro.

 Aparte de dañino y egoísta, es endeble a los placeres de la carne, el engaño y la mentira. Debe ser, quizá, uno de los exponentes más conspicuos de la mentira, ahora posesionado internacionalmente. Como sostiene un vecino columnista: “Tal atributo, podría hacerlo acreedor a un doctorado en el “arte de mentir”.  

Es poseedor también, dicho sea de paso, de terribles miserias. Su compostura y maniobras frente al indecoroso problema con su expareja sentimental, el hijo de ambos, y la derrota del 21F, han develado a un hombre atiborrado de miserias. 

Si a esa naturaleza perversa le sumamos altos grados de concentración de poder y el tiempo de ejercicio, el resultado se expresa nítidamente en una hipertrofia de su ego, y vanidad. De ahí sus síntomas de narcisismo y su convicción indebida de grandeza. Esa exagerada megalomanía provocó esos incontenibles deseos de liderazgo perpetuo. En estos casi 14 años en el poder, con el Estado de Derecho conculcado, los bolivianos hemos estado vulnerables frente a los abusos y arbitrariedades de este gobernante.

Si bien fue alejado del poder, por su naturaleza no cesará ni descansará tranquilo en su afán de recuperarlo. Los demonios nunca duermen. Desde la Argentina no sólo ejercerá su papel de jefe de campaña de su partido para las próximas elecciones -como quiere retornar pronto y no soporta, dada su enfermedad, estar lejos del poder, y como señaló textualmente que “aún se siente presidente”- puede preparar brotes insurreccionales y convulsión social, sin importar muertos ni nuevos enfrentamientos.

Esta espeluznante posibilidad no se puede descartar en la medida en que el gobierno transitorio o el nuevo gobierno se equivoquen y no hagan bien las cosas. La proscripción de esta amenaza está en manos de ellos.

Rolando Tellería A. es profesor de la carrera de Ciencia Política  de la Universidad Mayor de San Simón

https://www.paginasiete.bo/opinion/2019/12/24/la-naturaleza-perversa-de-evo-morales-241379.html

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