A naked nation – Una nación desnuda

Renzo Abruzzese writes in Pagina Siete:

A naked nation

Bolivians have known for a long time that we inhabited a poor country, but suddenly, in the face of the common pots that flooded the belts of poverty in large cities, the country felt that being a poor country was not a mere expression; it had millions of names and surnames that survived under the fuzzy label of “informal.” The epidemic not only exposed the corrupt ineptitude of 14 years of waste and corruption, it exposed all the triumphalist speeches that political jargon usually builds.

On August 2, 2019, at a political rally, then-President Evo Morales maintained that if the process of change were to continue, he was “very sure” that “in about 15 to 20 years, Bolivia (would become) an economic power in the region and possibly from the world.” The reality that exposed the epidemic is that we were as far from that, as Morales, of being an honest and trustworthy man.

Of the grandiose speeches of Morales or García Linera and their acolytes, only the old city towns remained, drowned in indescribable misery that the pandemic threw into the streets begging for alms. That sums up the “change process.”

In the cities, epicenters of a modernist and “progressive” spirit, which for years displayed a deceptive success, the only thing we see now is the magnitude of the differences. That halo of well-being and progress, which some of them hoisted with drums and saucers, was smashed to shreds when the poor pleaded for a plate of food in the midst of their infinite poverty. The epidemic has wiped out the white lies that we were used to believing.

We have been told, and it is somehow true, that the world will be different after the coronavirus. This will be so, not only in terms of our daily and personal relationships, but also in relation to the image we have forged of the country and of the leaders who protect us.

From now on, the political triumphalisms, the ideological tricks, the promising creeds and the grandiose speeches of an unfounded optimism limited to the “well-to-do neighborhoods” will be nothing more than bullshit in the best masista style. Now everyone will have to undergo the ordeal of truth, to the point that until proven otherwise, they will all be imposters and liars.

The epidemic has stripped the country like nothing has ever done before. It has shown us the true limits of politics and the desperate forcefulness of a nation mired in poverty. The fragility of the speeches, the ineptitude of their leaders and the moral misery in which we operate.

That mirage of nation that the dictator Morales had proposed to impose, the prudent silence of the most cautious, the criminal actions of those blinded by the imprint of a misguided and criminal populism (like that of the Chapareños) or the interested use of fear and uncertainty, which is becoming fashionable, are already under citizen scrutiny.

If we think about all this, it is evident that nothing will be the same. When we look at these dramatic days a few years from now with more serenity and less fear, surely our judgments about history and its protagonists will be fairer, but, above all, more implacable.

Renzo Abruzzese is a sociologist.

====versión español====

Una nación desnuda

Desde hace muchísimo tiempo los bolivianos sabíamos que habitábamos un país pobre, pero de súbito, sin embargo, frente a las ollas comunes que inundaron los cinturones de pobreza en las grandes ciudades, el país sintió que aquello de ser un país pobre no era una mera expresión; tenía millones de nombres y apellidos que sobrevivían bajo el difuso calificativo de “informales”. La epidemia no sólo desnudó la ineptitud corrupta de 14 años de despilfarro y corrupción, desnudó todos los discursos triunfalistas que la jerga política suele construir.

El 2 de agosto de 2019, en una concentración política, el entonces presidente Evo morales sostenía que de seguir el proceso de cambio  estaba “segurísimo” que “en unos 15 a 20 años, Bolivia (llegaría ser) una potencia económica en la región y posiblemente del mundo”. La realidad que desnudó la epidemia es que estábamos tan lejos de eso, como Morales de ser un hombre honesto y confiable. 

De los grandilocuentes discursos de Morales o García Linera y sus acólitos sólo quedaron las vetustas villas citadinas, ahogadas en una miseria indescriptible que la pandemia arrojó a las calles a pedir limosna. Eso resume el “proceso de cambio”.

En las ciudades, epicentros de un espíritu modernista y “progresista”, que por años hizo gala de un exitismo engañoso, lo único que ahora vemos es la magnitud de las diferencias. Esa aureola de bienestar y progreso, que algunas de ellas enarbolaban con bombos y platillos, se hizo trizas cuando los pobres suplicaban un plato de comida en medio de su infinita pobreza. La epidemia ha borrado de un plumazo las mentiras piadosas que estábamos acostumbrados a creer.

Se nos ha dicho, y es de alguna manera cierto, que el mundo será diferente después del coronavirus. Así será, no sólo en cuanto a nuestro relacionamiento cotidiano y personal, sino también en relación con la imagen que nos habíamos forjado del país y de los líderes que nos cobijan. 

De ahora en adelante los triunfalismos políticos, las argucias ideológicas, los credos prometedores y los grandilocuentes discursos de un exitismo circunscrito a los “barrios bien” no serán más que patrañas al mejor estilo masista. Ahora todos tendrán que someterse a la dura prueba de la verdad, al punto de que mientras no se pruebe lo contrario, todos serán impostores y mentirosos.

La epidemia ha desnudado el país como nada lo había hecho antes. Nos ha mostrado los verdaderos límites de la política y la contundencia desesperada de una nación sumida en la pobreza. La fragilidad de los discursos, la ineptitud de sus caudillos y la miseria moral en que nos movemos. 

Ese espejismo de nación que se había propuesto imponer el dictador Morales, el prudente silencio de los más cautos, el criminal accionar de los cegados por la impronta de un populismo extraviado y criminal (como el de los chapareños) o la utilización interesada del miedo y la incertidumbre, que va poniéndose de moda, ya están bajo el escrutinio ciudadano. 

Si pensamos en todo esto es evidente que nada será igual. Cuando de acá a unos años miremos estos dramáticos días con más serenidad y menos temor, seguramente nuestros juicios sobre la historia y sus protagonistas serán más justos, pero, sobre todo, más implacables.

 Renzo Abruzzese es sociólogo.

https://www.paginasiete.bo/opinion/renzo-abruzzese/2020/6/2/una-nacion-desnuda-257161.html