By Gonzalo Colque, Vision 360:
With Feet on the Ground
The challenge lies in whether the national government will be capable of understanding this reality and designing a coherent strategy commensurate with this new export balance.
There is a revealing fact reshaping the economic landscape: over the past two years, Potosí has become the country’s leading exporting department. Without fanfare, it is changing Bolivia’s export map.
The figures are conclusive. In 2024, Potosí displaced Santa Cruz into second place after registering exports worth $2.878 billion, compared to $2.526 billion from the department of Santa Cruz. In 2025, it consolidated that leadership with a record $3.571 billion, while Santa Cruz fell to $2.322 billion. La Paz, for its part, showed a slight recovery and remains in third place with $1.703 billion.
Potosí’s growing prominence breaks with the dominant narrative that places Santa Cruz as the epicenter of foreign trade and the engine of the Bolivian economy. Recent data tell a different story. While the eastern region shows signs of slowdown, Potosí accumulated growth exceeding 50% between 2024 and 2025. This dynamism is closely linked to a favorable international context for mining — zinc, silver, lead, and gold — supported by stronger prices and sustained demand for strategic minerals.
In this way, Potosí has begun to play an unexpected buffering role against the economic crisis resulting from the exhaustion of the natural gas cycle. Without Potosí’s rebound, the contraction of exports would have been far more severe. The foreign currency injected by this sector eased the dollar shortage and moderated exchange-rate pressures, especially during the past six months.
The determining factor has been the surge in silver prices, which nearly doubled on the international market in just six months. This is compounded by the stability of high zinc prices over the past three years. Although production volumes did not vary significantly, the price effect enabled Potosí to increase the value of its exports by approximately $1.194 billion.
By contrast, Santa Cruz recorded a decline of $204 million, mainly explained by lower natural gas production at the departmental level. Soybean exports remained relatively stable in both volume and value, while meat exports continue expanding, although their share still does not exceed the 10% threshold of the departmental total.
Are we witnessing a change in model or merely a cyclical rebound driven by extraordinary silver and gold prices? That is the underlying question. For now, the favorable mining cycle has not translated into a substantial expansion of productive capacity or diversification processes with greater added value. Nor is it related in any way to lithium projects; rather, it fits within the upward cycle of traditional metals, with gold and silver as the main protagonists. Vulnerability persists. Sector performance depends on external factors beyond the control of the national economy.
Potosí’s role as an unexpected stabilizer and support for the trade balance forces a reconsideration of priorities. Are public policies aligned with this new export map? Does the government have a consistent strategy for mining industrialization, modernization, and development? Or do incentives continue to be concentrated on agricultural exports?
Mining is not exempt from risks nor from price volatility, but the evidence suggests that Potosí and national mining require greater state attention. Export promotion policies have been disproportionately oriented toward agriculture in Santa Cruz, while the mining sector — especially in Potosí — has operated with less strategic support.
In summary, the discussion should no longer revolve around whether Potosí is a protagonist or not. The challenge lies in whether the national government will be capable of understanding this reality and designing a coherent strategy equal to this new export balance, and whether it has the capacity to transform a cyclical boom into an opportunity that leads the country toward an exit from the economic crisis.
Por Gonzalo Colque, Vision 360:
Con los pies en la tierra
El desafío está en si el gobierno nacional será capaz de entender esta realidad y diseñar una estrategia coherente y a la altura de este nuevo equilibrio exportador.
Hay un dato revelador que reconfigura el tablero económico: en los últimos dos años, Potosí se ha convertido en el principal departamento exportador. Sin estridencias, está cambiando el mapa exportador de Bolivia.
Las cifras son concluyentes. En 2024, Potosí desplazó a Santa Cruz al segundo lugar, al haber registrado exportaciones por 2.878 millones de dólares, frente a los 2.526 millones de dólares del departamento cruceño. En 2025, consolidó ese liderazgo con un récord de 3.571 millones de dólares, mientras que Santa Cruz descendió a 2.322 millones de dólares. La Paz, por su parte, mostró una leve recuperación y se mantiene en tercer lugar con 1.703 millones de dólares.
El protagonismo de Potosí rompe con la narrativa dominante que ubica a Santa Cruz como epicentro del comercio exterior y motor de la economía boliviana. Los datos recientes cuentan otra historia. Mientras el oriente evidencia señales de desaceleración, Potosí acumuló un crecimiento por encima del 50% entre 2024 y 2025. Este dinamismo está estrechamente vinculado a un contexto internacional favorable para la minería —zinc, plata, plomo y oro— con mejores cotizaciones y una demanda sostenida de minerales estratégicos.
De esta manera, Potosí comienza a jugar un rol de amortiguador inesperado frente a la crisis económica derivada por el agotamiento del ciclo del gas natural. Sin el repunte potosino, la contracción de las exportaciones habría sido mucho más severa. Las divisas inyectadas por este sector atenuaron la escasez de dólares y moderaron la presión cambiaria, especialmente durante los últimos seis meses.
El factor determinante ha sido el alza de la plata, cuyo precio prácticamente se duplicó en el mercado internacional en apenas seis meses. A ello se suma la estabilidad de las altas cotizaciones de zinc en los últimos tres años. Aunque los volúmenes de producción no variaron de manera significativa, el efecto precio hizo posible que Potosí incrementara el valor de sus exportaciones en aproximadamente 1.194 millones de dólares.
En contraste, Santa Cruz registró una caída de 204 millones de dólares, explicada principalmente por la menor producción de gas natural a nivel departamental. La soya se mantuvo relativamente estable en volumen y valor, mientras que la exportación de carne sigue en expansión, aunque tiene una participación que todavía no supera la barrera del 10% del total departamental.
¿Estamos ante un cambio de modelo o frente a un rebote coyuntural impulsado por precios extraordinarios de la plata y el oro? Esa es la cuestión de fondo. Por ahora, el ciclo minero favorable no se ha traducido en una ampliación sustantiva de la capacidad productiva ni en procesos de diversificación con mayor valor agregado. Tampoco guarda relación alguna con los proyectos de litio, sino, más bien se inscribe en el ciclo alcista de los metales tradicionales, con el oro y la plata como los principales protagonistas. La vulnerabilidad persiste. El desempeño sectorial depende de factores externos que no están bajo el control de la economía nacional.
El rol de Potosí como amortiguador y sostén inesperado de la balanza comercial obliga a replantearnos las prioridades. ¿Las políticas públicas están alineadas con este nuevo mapa exportador? ¿El gobierno tiene una estrategia consistente de industrialización, modernización e industrialización minera? ¿O seguimos concentrando los incentivos en las agroexportaciones?
La minería no está exenta de riesgos ni de la volatilidad de los precios, pero la evidencia sugiere que Potosí y la minería nacional requieren mayor atención estatal. Las políticas de promoción de las exportaciones han estado desproporcionadamente orientadas hacia la agricultura cruceña, mientras que el sector minero, en especial el potosino, ha operado con menor apoyo estratégico.
En resumen, la discusión ya no debería girar en torna a si Potosí es protagonista o no lo es. El desafío está en si el gobierno nacional será capaz de entender esta realidad y diseñar una estrategia coherente y a la altura de este nuevo equilibrio exportador; y si tiene la capacidad de convertir un auge coyuntural en una oportunidad que nos conduzca hacia la puerta de salida de la crisis económica.
https://www.vision360.bo/noticias/2026/02/26/40575-potosi-el-exportador-silencioso
