Deficiencies that kill during pandemic – Carencias que matan en pandemia

Editorial, Pagina Siete:

In the third wave of Covid-19, Bolivia is setting record figures for the entire pandemic in terms of deaths and positive cases per day. For example, during the previous week more than 3,000 cases were registered daily, compared to the maximum of 2,886 reported in the second wave. In terms of deaths, the country registered 102 deaths on May 26, the same number on September 2, during the first wave.

But, beyond the numbers, human stories are those that portray a country that is experiencing the worst of the pandemic, especially in Cochabamba. There, families take several days to bury or cremate their dead due to the high demand for these services; On the other hand, it was discovered that a hospital of the National Health Fund kept bodies for 19 days without biosecurity measures and, to finish graphing the situation, one night a group of relatives tried to break locks to enter a hospital to leave oxygen for their relatives. That fateful night five people died, according to relatives, due to lack of oxygen, but according to the CNS, due to lack of an Intensive Care Unit (ICU).

These stories were joined by others of relatives who saw their Covid patients die precisely due to lack of oxygen in Santa Cruz and Tarija. And, in Cochabamba some centers announced that they would no longer receive new patients because this supply was exhausted. People tell true stories of pilgrimage to get oxygen, including long lines, late nights and high payments.

Added to the dramatic shortage of oxygen is the lack of ICUs, to the extent that doctors are evaluating whether a patient has a chance of survival to be admitted to an Intensive Care Unit or not. In other words, they are deciding who increases their options for living and who does not.

The Deputy Minister of Health, Álvaro Terrazas, acknowledged in various media that the situation is unsustainable for any health system since more than 3,000 cases occur every day, which implies that, statistically, 5%, that is, 150 people, they need intermediate or intensive care. Obviously it is an impossible quantity to attend to.

The truth is that more than a year has passed since the arrival of the coronavirus in the country and conditions have changed little in terms of supplies and equipment, except for the purchase and administration of the vaccine, still with very low levels to think of herd immunity, long awaited to free us from this nightmare.

Dying from Covid-19 during the pandemic is a possibility that patients face on a daily basis, but dying from deficiencies in the health system is another thing. It is not possible that, in such a long time, it has not been possible to install enough oxygen plants to supply the hospitals, or that the ICUs required to face the disease with dignity have not been set up.

Bolivia continues to depend on the import of oxygen and, as the pandemic hits the entire region hard, the countries have vetoed their exports of this input, leaving Bolivia without the necessary supply. This, according to Terrazas, causes a deficit of 420 tons of oxygen per month, which means about 14 tons per day.

In response to this tragic situation, the Government takes few actions, since its priority is the economy over health. Therefore, it refuses to support any restrictive measure of the regions and is betting, above all, on mass vaccination. And, not to mention the head of the MAS, Evo Morales, who does not seem to have realized the tragedy in which Cochabamba lives to call, right there, a peasant congress and other activities.

As can be seen, Bolivian families are living true odysseys in the third wave of the pandemic, without having sufficient help from the State. Everything indicates that this situation will not change and that many Bolivians will end up dying because they could not resist the virus, but also because of the deficiencies in the health system.

En la tercera ola de Covid-19, Bolivia está marcando cifras récord de toda la pandemia en cuanto a muertos y de casos positivos por día. Por ejemplo, durante la anterior semana se registraron más de 3.000  casos diarios, frente al máximo de 2.886 reportados en la segunda ola. En cuanto a fallecidos, el país llegó a registrar 102 decesos el 26 de mayo, el mismo número del 2 de septiembre, durante la primera ola.

Pero, más allá de los números, las historias humanas son las que retratan a un país que está viviendo lo peor de la pandemia, sobre todo en Cochabamba. Allá, las familias tardan varios días en enterrar o cremar a sus muertos por la alta demanda de estos servicios;  por otro lado, se descubrió que un hospital de la Caja Nacional de Salud guardaba durante  19 días cadáveres sin medidas de bioseguridad y, para terminar de graficar la situación, una noche un grupo de familiares intentaron  romper candados para entrar a un hospital a dejar oxígeno para sus familiares. Aquella fatídica noche murieron cinco personas, según los familiares, por falta de oxígeno, pero según la CNS, por carencia de Unidad de Terapia Intensiva (UTI).

A estas historias se sumaron otras de familiares que vieron morir a sus enfermos de Covid precisamente por falta de oxígeno en Santa Cruz y Tarija. Y, en Cochabamba algunos centros anunciaron que ya no recibirían nuevos pacientes porque se agotó este insumo. La gente cuenta verdaderas historias de peregrinaje para conseguir oxígeno, lo que incluye largas filas, trasnoches y pagos elevados.

A la dramática escasez de oxígeno  se suma la falta de UTI, al extremo  que los médicos están valorando si un paciente tiene posibilidades de sobrevivir para ingresarlo a una Unidad de Terapia Intensiva o no. En otras palabras, están decidiendo quién aumenta sus opciones para vivir y quién no.

El viceministro de Salud, Álvaro Terrazas, reconoció en diversos medios que la situación es insostenible para cualquier sistema de salud puesto que cada día se presentan más de 3.000  casos, lo que implica que, estadísticamente, un 5%, es decir, 150 personas, necesitan cuidados intermedios o intensivos. Obviamente es una cantidad imposible de atender.

Lo cierto es que ha pasado más de un año desde la llegada del coronavirus al país y las condiciones han cambiado poco en cuanto a dotación de insumos y equipos, salvo por la compra y la administración de la vacuna, todavía con niveles muy bajos como para pensar en la inmunidad de rebaño, tan esperada para liberarnos de esta pesadilla.

Morir por Covid-19 durante la pandemia es una posibilidad a la que se enfrentan los pacientes a diario, pero otra cosa es morir por las carencias del sistema de salud. No es posible que, en tanto tiempo, no se haya podido instalar las suficientes plantas de oxígeno para abastecer a los hospitales, o que no se hayan montado las UTI requeridas para enfrentar la enfermedad con dignidad.

Bolivia sigue dependiendo de la importación de oxígeno y, como la pandemia golpea con dureza a toda la región, los países han vetado sus exportaciones de este insumo, dejando a Bolivia sin el aprovisionamiento necesario. Esto, según Terrazas, provoca un déficit de 420 toneladas de oxígeno mensuales, que significan cerca de 14 toneladas por día.

En respuesta a esta trágica situación, el Gobierno asume escasas acciones, pues su prioridad es la economía frente a la salud. Por tanto, se niega a apoyar cualquier medida restrictiva de las regiones y apuesta, sobre todo, a la vacunación masiva. Y, ni qué decir del jefe del MAS, Evo Morales, que no parece haberse percatado de la tragedia en la que vive Cochabamba como para convocar, justo allá, a un congreso campesino y otras actividades.

Como se puede advertir, las familias bolivianas están viviendo verdaderas odiseas en la tercera ola de la pandemia, sin tener la suficiente ayuda del Estado. Todo indica que esta situación no va a cambiar y que muchos bolivianos terminarán muriendo porque no pudieron resistir al virus, pero también por las carencias del sistema de salud.

https://www.paginasiete.bo/opinion/editorial/2021/5/31/carencias-que-matan-en-pandemia-296671.html

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