Stumbles – evo – Tropieza

Robert Brockmann, Pagina Siete:

The Black Fortnight of the Boss

In the absence of the political beasts that used to surround him during his rule, the Chieftain works with the liver. And so it goes. Why did he order his faithful henchman, Juan Carlos Huarachi, to block the roads, at the worst historically conceivable moment? I can think of three guesses, all pulled by the eyelashes. 1) The Chief wanted to demonstrate his strength in the streets and highways, as he could not do in October and November against the Pititas “look what I could have done!”; 2) He asked Huarachi for a sample of vindication / loyalty, after Huarachi requested his resignation from the Presidency of the State on November 10; 3) Concerned that someone other than him might win the elections, he decided to sabotage his own candidate, Luis Arce. And even 4) All of the above.

Whatever his reasoning, if there was one, all the shots backfired.

Juan Carlos Huarachi, Leonardo Loza, Andrónico Rodríguez and other parishioners fell the stigma of having carried out criminal blockades. Not only because they prevented vital oxygen and other medical supplies from reaching Covid-19 patients, but because they destroyed important infrastructure works to achieve that unspeakable objective. And if that wasn’t bad enough, they did it using machinery provided by the masista municipalities and prefectures themselves. In other words, the complicity of the former ruling party could not be more evident.

And why and for what. On the pretext of bringing the elections forward 42 days. As if that meant something to someone. Having defeated that absurdity, the pretense of “giving in” out of kindness and imposing October 11 instead of October 18 was already so stupid that it is embarrassing to even write about it. In the meantime 54 people died from lack of oxygen. Among them, Don Mario Limachi, who asked for his life, gasping for air, telling them: “Don’t be damn.” Did you feel alluded, Huarachi? He was referring to you. I hope you take that look and that voice to bed every night, before you sleep. With this, Huarachi is finished as the leader of the COB, and the COB as the arm of the MAS.

Esther Morales, the chief’s older sister, a major factor influencing the appointment of positions in the health sector, also died. But she did not die from lack of oxygen, but from pre-existing conditions, which the Covid makes deadly. Of course, of course, that the Boss had to politicize the death of his own sister, mentioning the leitmotif of his life, the alleged racism against him, which would be the reason why they “don’t let him” return. Has he remembered the countless times that the 1,399 exiles of his government (in democracy, supposedly) asked him to return to mourn their dead, and he replied with contempt that one should mourn quietly?

And if that were not tragedy enough, the polls detected a free fall in the MAS’s electoral preference. They lost the bulk of the urban vote. The MAS essentially became a rural and racialized party. Arce Catacora, helpless, grinds his teeth at the whole thing. Because of this, for the majority of city dwellers today the MAS is a radical party and a conglomerate of social movements that do not care about human life. An assassin party.

And if all this had not been enough, the Spanish journalist Alejandro Entrambasaguas uncovered the Boss’s love affair with a minor since she was 14 years old, a crime so far undeniable and indefensible, hidden by an intimate covering environment.

And a certain activist who is good at shouting to heaven when it comes to the rights of women and girls, appeared to … relativize the rape, arguing that, in an ancient and utopian realm from which the Boss, supposedly came from, love was free at 14. It remains for them to declare it as his human right.

All of the above served for Felipe Quispe, deservedly relegated to marginality, to regain prominence, taking it away from the Boss, announcing more blockades and declaring himself non-Bolivian. Suddenly, everything is so 2000. It is as if the needle on a vinyl record had jumped to the previous groove, before the MAS government.

Robert Brockmann is a journalist and historian.

La quincena negra del Jefazo

En ausencia de las fieras políticas que lo solían rodear durante su gobierno, el Jefazo obra con el hígado. Y así le va. ¿Por qué le ordenó a su fiel esbirro, Juan Carlos Huarachi, el bloqueo de carreteras, en el peor momento históricamente concebible? Se me ocurren tres conjeturas, todas tiradas de las pestañas. 1) El Jefazo quiso demostrar su fuerza en las calles y carreteras, como no pudo hacer en octubre y noviembre contra las pititas “¡miren lo que pude haber hecho!”; 2) Le pidió una muestra de reivindicación / lealtad a Huarachi luego de que éste pidió su renuncia a la Presidencia del Estado el 10 de noviembre pasado; 3) Preocupado porque alguien que no fuera él pudiera ganar las elecciones, decidió sabotear a su propio candidato, Luis Arce. E incluso 4) Todo lo anterior.

Cualquiera que hubiera sido su razonamiento, si es que lo hubo, todos los tiros le salieron por la culata. 

A Juan Carlos Huarachi, Leonardo Loza, Andrónico Rodríguez y otros feligreses les cayó el estigma de haber llevado a cabo bloqueos criminales. No sólo porque impidieron que llegara el vital oxígeno y otros insumos médicos a los enfermos de Covid-19, sino porque destruyeron importantes obras de infraestructura para conseguir ese incalificable objetivo. Y si eso no fuera suficientemente malo, lo hicieron utilizando maquinaria provista por los propios municipios y prefecturas masistas. Es decir, la complicidad del expartido gobernante no podía ser más evidente. 

Y por qué y para qué. Con el pretexto de adelantar las elecciones 42 días. Como si eso significara algo para alguien. Derrotado ese absurdo, la pretensión de “ceder” por buenitos e imponer el 11 de octubre en lugar del 18 ya fue tan estúpido que da vergüenza ajena incluso escribirlo. En el ínterin murieron 54 personas por falta de oxígeno. Entre ellas, don Mario Limachi, que pedía por su vida, boqueando por aire, diciéndoles: “No sean malditos”. ¿Te diste por aludido, Huarachi? Se refería a ti. Espero que te lleves esa mirada y esa voz a la cama cada noche, antes de dormir. Con ello Huarachi está acabado como líder de la COB, y la COB como brazo del MAS.

También murió Esther Morales, la hermana mayor del Jefazo, factor mayor de influencia en la designación de puestos en el sector de salud. Pero no murió por falta de oxígeno, sino por condiciones preexistentes, que el Covid vuelve mortales. Por supuesto, por supuesto, que el Jefazo tenía que politizar la muerte de su propia hermana, mencionando el leitmotiv de su vida, el presunto racismo contra él, que sería la razón por la que “no lo dejan” regresar. ¿Se habrá acordado de las innumerables veces que los 1.399 exiliados de su gobierno (en democracia, dizque) le pidieron regresar para llorar a sus muertos, y él les respondió con desprecio que se debe llorar callado?

Y si esa no fuera suficiente tragedia, los sondeos detectaron una caída libre de la preferencia electoral del MAS. Perdió el grueso del voto urbano. El MAS se volvió esencialmente un partido rural y racializado. Arce Catacora, impotente, rechina los dientes ante todo el asunto. A causa de esto, para la mayoría de los citadinos hoy el MAS es un partido radical y un conglomerado de movimientos sociales a los que no les importa la vida humana. Un partido asesino.

Y si todo ello tampoco hubiera sido suficiente, el periodista español Alejandro Entrambasaguas destapó el amorío del Jefazo con una menor desde que ella tenía 14 años, delito hasta ahora innegable e indefendible, socapado por un entorno íntimo encubridor.

Y cierta activista que es buena para poner el grito en el cielo cuando se trata de los derechos de las mujeres y las niñas, apareció para… relativizar el estupro, con el argumento de que, en un antiguo e utópico reino del que supuestamente proviene el Jefazo, el amor era libre a los 14 años. Falta que lo declaren su derecho humano.

Todo lo anterior sirvió para que Felipe Quispe, merecidamente relegado a la marginalidad recuperara protagonismo, quitándoselo al Jefazo, anunciando más bloqueos y declarándose no-boliviano. De pronto, todo es tan 2000. Es como si la aguja sobre un disco de vinilo hubiera saltado al surco anterior, antes del gobierno del MAS.

Robert Brockmann es periodista e historiador.

https://www.paginasiete.bo/opinion/2020/8/20/la-quincena-negra-del-jefazo-265076.html

Opinion 8/20/2020

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