Bolivia as emerging country, faces real crisis! – Como pais emergente, enfrentamos una crisis real!

Andres Gomez writes in Pagina Siete:

Do we save lives or do we save the economy?

I fear that in a few more days we Bolivians will have to discuss an ethical dilemma: are we still in quarantine to save lives and kill the economy, or are we leaving quarantine to save the economy and sacrifice lives? The first answer may be: we remain in quarantine and save lives because with lives the economy can be saved later.

Let’s see. If we lock ourselves in the house for two months, the coronavirus will not be gone, unless virologists develop a vaccine in record time.

When we return to work after that period, we will find the economy in a cadaverous state, unless we find other forms of production and consumption with an almost totally confined market.

Already at this time experts have projected an economic catastrophe.

Alicia Bárcena, executive secretary of the United Nations Economic Commission for Latin America and the Caribbean (Eclac), warned, in an interview with the BBC, that a global recession is looming that will cause the region’s GDP to decrease (in a 1.8%), unemployment increases and millions of people join the poverty rates.

“The number of people living in poverty would increase from 185.9 million to 219.1 million,” she said. In other words, 33,200,000 would leave the middle class to return to being poor.

“And in extreme poverty, they would increase from 67.5 million to 90.7 million,” she added. In sum, 23,200,000 would go from poverty to extreme poverty. In total: 56,400,000 Latin Americans would live in precarious conditions and more than 23 million condemned to slow death.

The economist Mauricio Medinaceli published on March 29 on his blog the 2018 household survey, carried out by the National Statistics Institute (INE): there are 3,464,867 households in Bolivia. Of this total, 973,998 have a female head of household. Of this almost million households, 28% are poor.

“If in 2018 the female heads of household had taken over an additional member, poverty would increase from 27.8% to 44.5%,” calculates Medinaceli.

To this revision of figures, Bárcena adds something else so as not to sleep: “That is to say, yes, we are talking about a very strong impact on homes, on people, on small and medium-sized companies and on those who are self-employed.”

In Bolivia, there are 2,347,380 “self employed” workers. That is, more than 46% of people of productive age, according to a table released by Medinaceli on twitter.

A recent survey carried out by Captura Consulting in La Paz, El Alto, Cochabamba and Santa Cruz, where 1,664,131 own-account workers live (70% of the national total), affirms that 86% of this group, compared to others employees earning low income, suspended their work since the total quarantine began. Consequently, they have no regular financial income.

If we extend the quarantine, the results would be to cry. I don’t even want to think how many people would go from the middle class to the poor and from the poor to extreme poverty. Less how many of them would leave the world without having completed their cycle.

How would it go if we choose to save the economy and return to the streets as soon as possible to work without fear of the virus?

We would run the risk of a massive contagion of fatal consequences for hundreds of people since our health system is not prepared for such an emergency and there are not even rapid tests for Covid-19.

Specialist doctors Patricio Gutiérrez and Wayra Paz affirmed, after an investigation, that there is a deficit in the country of human resources, infrastructure, equipment, supplies, medications, and protective equipment for health personnel. If anyone had doubts, the death of Richard Sandóval provided proof.

The ethical dilemma: life or the economy? has been around for days in the heads of power, not only in Bolivia, but in the world.

It seems like a dead end, but perhaps there is a third way if we isolate the most vulnerable people (elderly people) from the family, but at home and the rest go to work, with all the biosecurity conditions, for shifts, by productive priority, by public necessity.

In this way, we should consider the possibilities of expanding the population that can work from home and reorganize classes in schools and universities beginning next June.

Life or the economy? Life, but without killing the economy, although for this we all go to work with masks and special suits day and night.

Andrés Gómez Vela is a journalist.

====versión español====

¿Salvamos vidas o salvamos la economía?

Temo que en unos días más los bolivianos vamos a tener que discutir un dilema ético: ¿seguimos en cuarentena para salvar vidas y matar la economía o dejamos la cuarentena para salvar la economía y sacrificar vidas? La primera respuesta puede ser: seguimos en cuarentena y salvamos vidas porque con vidas se puede salvar después la economía.

Veamos. Si nos encerramos en casa por dos meses, el coronavirus no se habrá ido, a menos que los virólogos desarrollen una vacuna en tiempo récord.

Cuando volvamos al trabajo después de ese lapso, encontraremos la economía en estado cadavérico, salvo que encontremos otras formas de producción y consumo con un mercado casi totalmente confinado.

Ya en este momento los expertos han proyectado una catástrofe económica.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal) de las Naciones Unidas, advirtió, en una entrevista con la BBC, que se avecina una recesión global que hará que el PIB de la región decrezca (en un 1,8%), el desempleo aumente y millones de personas se sumen a los índices de pobreza.

“El número de personas que viven en pobreza se incrementaría de 185,9 millones a 219,1 millones”, dijo. Es decir, 33.200.000 dejarían la clase media para volver a ser pobres. “Y en pobreza extrema, aumentarían de los 67,5 millones a los 90,7 millones”, agregó. En suma, 23.200.000 bajarían de la pobreza a la extrema pobreza. En total: 56.400.000 latinoamericanos vivirían en condiciones precarias y más de 23 millones condenados a la muerte lenta. 

El economista Mauricio Medinaceli publicó el pasado 29 de marzo en su blog la encuesta de hogares 2018, realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE): hay 3.464.867 hogares en Bolivia. De este total, 973.998 tienen una jefa de hogar. De este casi millón de hogares, el 28% es pobre.

“Si el año 2018 las jefas de hogar se hubieran hecho cargo de un miembro adicional, la pobreza aumentaría del 27,8% al 44,5%”, calcula Medinaceli.

A esta revisión de cifras, Bárcena agrega algo más como para no dormir: “Es decir, sí, estamos hablando de un impacto muy fuerte en los hogares, en las personas, en las pequeñas y medianas empresas y en quienes trabajan por cuenta propia”.

En Bolivia, hay 2.347.380 trabajadores por “cuenta propia”. Es decir, más del 46% de las personas en edad productiva, según un cuadro difundido por Medinaceli en twitter.

Una reciente encuesta realizada por Captura Consulting en La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz, donde viven 1.664.131 de trabajadores cuenta propias (el 70% del total nacional), afirma que el 86% de este grupo, que respecto a otros empleados percibe ingresos bajos, suspendió su trabajo desde que comenzó la cuarentena total. En consecuencia, no tiene ingresos económicos regulares.

Si prolongamos la cuarentena, los resultados serían para llorar. No quiero ni pensar cuántas personas bajarían de la clase media a pobres y de pobres a extrema pobreza. Menos cuántos de ellos se irían del mundo sin haber cumplido su ciclo.

¿Cómo nos iría si elegimos salvar la economía y volvemos cuanto antes a las calles a trabajar sin miedo al virus?

Correríamos el riesgo de un contagio masivo de consecuencias mortales para centenares de personas dado que nuestro sistema de salud no está preparado para una emergencia de este tipo y ni siquiera hay pruebas rápidas de detección del Covid-19.

Los médicos especialistas Patricio Gutiérrez y Wayra Paz afirmaron, tras una investigación, que en el país hay déficit de recursos humanos, de infraestructura, de equipamiento, de insumos, de medicamentos, y de equipos de protección para el personal de salud. Si alguien tenía dudas, la muerte de Richard Sandóval aportó la prueba.

El dilema ético: ¿la vida o la economía? ronda desde hace días en las cabezas del poder, no sólo de Bolivia, sino del mundo.

Parece un callejón sin salida, pero quizá sí hay una tercera vía si aislamos de la familia, pero en casa, a las personas más vulnerables (personas de la tercera edad) y el resto sale a trabajar, con todas las condiciones de bioseguridad, por turnos, por prioridad productiva, por necesidad pública. 

En esta vía deberíamos considerar las posibilidades de ampliar la población que puede trabajar desde casa y reorganizar las clases en escuelas y universidades desde junio próximo.

¿La vida o la economía? La vida, pero sin matar la economía, aunque para ello vayamos al trabajo todos con mascarillas y trajes especiales día y noche.

Andrés Gómez Vela es periodista.

https://www.paginasiete.bo/opinion/andres-gomez-vela/2020/4/5/salvamos-vidas-salvamos-la-economia-251785.html

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(Abecor Pagina Siete 25/3/2020)

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