Los datos son el nuevo petróleo en el siglo XXI

Gonzalo Chávez escribe en Página Siete:

Todo inicio de año se repite la misma historia. Preocupados padres de familia y asustados pero esperanzados jóvenes me preguntan a quema ropa: ¿cuáles son las carreras del futuro? ¿En qué sectores están las mejores oportunidades de negocios? ¿A través de qué profesión puede ayudar a cambiar la vida de las personas? ¿Encontrará trabajo mi hija?

No se pueden responder estas legítimas preguntas sin antes contextualizarlas. Varios países desarrollados están embarcados en la cuarta revolución industrial, es decir, en la digitalización de los procesos productivos, usando inteligencia artificial y comunicación entre máquinas.

Bolivia debe tomar este tren. Los últimos 14 años, el gobierno del MAS, con un enorme talento para  la necrofilia,  buscó hacer la primera revolución industrial (fundición de minerales, explotación de petróleo y mecanización), con un pequeño retraso de 200 años.  Era un cambio mirando al espejo retrovisor. Esto debe modificarse. Bolivia requiere entrar con fuerza a la economía digital.

La recolección, estructuración y generación de valor comercial y social con datos e información son el nuevo petróleo de la economía digital. Los datos son la materia prima de la revolución 4.0 y también ya son una fuerza económica y geopolítica del nuevo milenio, como fue el oro negro para el siglo XX.  

Empresas, instituciones públicas y personas están frente al desafío de la transformación digital; es decir,  el reto de colocar, total o parcialmente, su cadena de negocios o sus actividades en el mundo virtual, usando datos y tecnología de la información para general valor social o económico.

Para poner en contexto de mercado. En la actualidad hay 3.000 millones de usuarios activos de redes sociales; es decir, el 40% de la población mundial.  El 81% de los pequeños y medianos negocios utilizan algún tipo de plataforma social. Hay un nuevo usuario de redes sociales cada 15 segundos. Facebook (2.072 millones de usuarios) y WhatsApp (900 millones de usuarios) gestionan 60.000 millones de mensajes cada día.

Las redes sociales ganan aproximadamente 8,3 mil millones de dólares en publicidad y 40.000 millones de verdes se gastaron en mercadeo en estos espacios, todo en un año. En la actualidad, las empresas más prósperas en la economía digital son Amazon, Google, Uber y ganan más dinero que Ford, Coca-Cola, Texaco y otras empresas que trabajan en la economía tradicional. 

El capitalismo de plataforma avanza no sin enormes contradicciones (el derecho a la privacidad, el pago por el uso de sus datos a las personas y el cumplimiento de impuestos) pero también brindando oportunidades. Entonces, volviendo a las preguntas de los padres y estudiantes con las que abrí este artículo y  parafraseando a Violeta Parra: si pudiera volver a los 18 años después de vivir medio siglo estudiaría alguna carrera vinculada a ciencia de datos y tecnologías de la información para descifrar algoritmos sin ser sabio competente. 

Pero mi paso retrocedido no es posible, así que sólo me queda el consejo de pensar fuera de la caja para las nuevas generaciones. 

Pero no es suficiente optar por una carrera vinculada a la tecnología, también es muy importante desarrollar ciertas competencias del siglo XXI. Entre las más relevantes están la programación y los idiomas, en especial el inglés. Así mismo, es central desarrollar habilidades de comunicación, capacidad de trabajo en equipo, actitud de aprendizaje de por vida, habilidad para aprender haciendo, implacable curiosidad y, sobre todo, valores y principios sólidos. 

Cabe recordar que a pesar de los robots, de las máquinas hablando entre ellas y los algoritmos dirigiendo automóviles, todavía son las personas las que buscan y aplican datos;  es la gente que desarrolla estrategias de inteligencia artificial.

Son los seres humanos que diseñan los softwares o construyen los equipos; por lo tanto, se necesita capital humano, no sólo para diseñar las tecnologías, sino también para implementarlas con éxito.

Y una información muy importante, al igual que los datos: este factor humano no necesariamente se concentra en un solo lugar. Con un mercado global, los profesionales de estas áreas se pueden formar en Bolivia o la China. En el mercado cibernético es muy común que una persona trabaje desde Cala Cala (Cochabamba) para una empresa que está en Bangalore (India). 

Por lo tanto, ya nos es válida la pregunta: ¿dónde va trabajar mi hijo en Bolivia? Con las nuevas carreras de negocios y ciencia de datos o negocios y tecnologías de la información que ofrece la Escuela de la Producción y la Competitividad (ePC) de la UCB, el globo terráqueo se volvió un pañuelo en la economía digital y el nuevo petróleo del siglo XXI. Los datos se los puede extraer y trabajar desde cualquier lugar munido sólo de un computador y buena conexión de internet.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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