Autoritarismo y persecución – Authoritarianism and persecution

Editorial, Los Tiempos:

Announced authoritarianism

The actions of the Government and the ruling party in recent weeks are only half surprising, since they correspond to the way of governing that was announced a year ago. What is most surprising is how — especially in the last seven days — the abyss that separates the governors from the governed has grown, and the impression that the former lack a management plan conceived at least for the medium term.

The government’s stubbornness to impose a questioned and rejected bill, and then decide to withdraw it from its legislative treatment, is only the most visible part of the management model that the MAS drew up for the Arce government since before he assumed the presidency.

A year ago, with the official results of the elections proclaimed and the credentials delivered to the new parliamentarians, the outgoing Legislative Assembly, the same one that led the country together with the transitional government, modified the debate regulations of the two Chambers. This maneuver not only changed the necessary two-thirds of the votes to pass laws, but also left the opposition powerless to intervene in the formulation of new norms or at least modify the bills under debate.

This model of imposing decisions without any openness to dialogue does not only apply to the Legislative. It is the modus operandi of the Government, an example of this is that, in almost a year in office, the President did not meet with private businessmen, and they generate 40% of Bolivian GDP.

The rigidity of this authoritarian way of governing was imposed as erratic and individual initiatives – such as the early and frustrated attempt of the Minister of Justice to reform justice, or the current eagerness of the Prosecutor in tasks that do not correspond to him – they evidenced the lack of a management plan: to date, the President has not presented a comprehensive economic reactivation program, not even for one year.

Arce, who was economy minister for more than a decade, is eloquent when it comes to the subject, but almost always in hindsight and to attribute the crisis to the transitory government that, according to him, destroyed the magnificent 14-year-old work in 11 months. But nothing says that the dozens of state companies created at that time are generators of debt, not wealth.

The President is also forthcoming when it comes to announcing the arrival of vaccines against Covid-19, which we are not lacking – which is an achievement, but with confidential contracts. And he is even more eloquent when he evokes the 55% of the vote that he obtained in the elections, describing as “coup plotters” those who question the decisions of his government.

Thus it only widens the gap between the rulers and the ruled. A gap that widened enough to articulate a rejection of his legislative initiatives. That rejection grows and is better organized.

Autoritarismo anunciado

Las acciones del Gobierno y del oficialismo en las pasadas semanas sorprenden solo a medias, pues corresponden al modo de gobernar que se anunciaba hace un año. Lo que sorprende más es cómo —especialmente en los últimos siete días— ha crecido el abismo que separa a gobernantes de gobernados, y la impresión de que los primeros carecen de un plan de gestión concebido al menos para el mediano plazo.

La obcecación oficialista de imponer un proyecto de ley cuestionado y rechazado, para luego decidir retirarlo de su tratamiento legislativo, es solo la parte más visible del modelo de gestión que el MAS trazó para el gobierno de Arce desde antes de que este asumiera la presidencia.

Hace un año, proclamados los resultados oficiales de las elecciones y entregadas las credenciales a los nuevos parlamentarios, la Asamblea Legislativa saliente, la misma que dirigió el país junto con el Gobierno transitorio, modificaba los reglamentos de debates de las dos Cámaras. Esa maniobra no solo cambió los necesarios dos tercios de votos para aprobar leyes, sino que también dejó inerme a la oposición para intervenir en la formulación de nuevas normas o al menos modificar los proyectos en debate.

Ese modelo de imponer decisiones sin apertura alguna al diálogo no sólo rige en el Legislativo. Es el modus operandi del Gobierno, un ejemplo de ello es que, en casi un año de gestión, el Presidente no se reunió con los empresarios privados, y ellos generan del 40% del PIB boliviano.

La rigidez de ese modo de gobernar autoritario se fue imponiendo a medida que las iniciativas erráticas e individuales —como el intento temprano, y frustrado, del Ministro de Justicia para reformar la justicia, o el actual afán del Procurador en tareas que no le competen— evidenciaban la carencia de un plan de gestión: hasta hoy, el Presidente no ha presentado un programa de reactivación económica integral, ni siquiera para un año.

Arce, que fue ministro de Economía durante más de una década, es elocuente cuando se trata del tema, pero casi siempre en retrospectiva y para atribuir la crisis al Gobierno transitorio que, según él, destruyó en 11 meses la magnífica obra de 14 años. Pero nada dice de que las decenas de empresas estatales creadas en ese tiempo son generadoras de deudas, no de riqueza.

El Presidente es también comunicativo cuando se trata de anunciar la llegada de vacunas contra la Covid-19, que no nos faltan —lo que es un logro, pero con contratos confidenciales. Y es aún más elocuente cuando evoca el 55% de votación que obtuvo en las elecciones, calificando de “golpistas” a quienes cuestionan las decisiones de su gobierno.

Así sólo ahonda la brecha entre gobernantes y gobernados. Una brecha que se amplió lo suficiente como para articular un rechazo a sus iniciativas legislativas. Ese rechazo crece y se organiza mejor.

https://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20211017/editorial/autoritarismo-anunciado

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