By El Deber:
Ancestral Medicine and Bioeconomy: Women of Santiago de Chiquitos Protect the Forest and Preserve Traditional Knowledge

Sofia Frias with a copaiba bark to prepare the remedies
Santiago de Chiquitos, Bolivia — In the Chiquitano dry forest, ancestral medicine remains alive thanks to the women of the Asociación de Medicina Natural Santiagueña (Amenas), who safeguard knowledge passed down through generations and sustainably use more than 50 medicinal plant species.
For Sofía Frías, president of Amenas and one of the guardians of this tradition, natural medicine is far more than a way to treat illnesses. It is a way of life rooted in caring for nature and honoring ancestral wisdom.
“Healing is a gift that must be practiced with humility and love for others. It is not only about healing the body, but also the soul, because those who heal learn to care for water, the land, and everything that breathes,” Frías said.
This ancestral knowledge has been strengthened through an innovation process supported by Lurdes Céspedes, value chain coordinator at Fundación Natura Bolivia. The initiative improved the production of medicinal products and replaced certain conventional ingredients with natural alternatives.
Traditional formulations that once included petroleum jelly, glycerin, and genetically modified soybean oils were reformulated using beeswax, cusi oil, and other natural ingredients. These changes improved the quality, texture, and preservation of ointments, balms, and lotions while increasing the value of the artisans’ work.
The Forest as a Source of Life and Income
The initiative is part of a bioeconomy approach that seeks to create economic opportunities through the sustainable use of natural resources without compromising forest conservation.
Henry Bloomfield, technical director of Fundación Natura Bolivia, explained that the goal is to help communities responsibly benefit from the resources found in their territories while strengthening local livelihoods.
“By generating economic opportunities that improve livelihoods and, at the same time, contribute to forest conservation,” he said.
Under this model, conservation and income generation are not opposing goals. Instead, the sustainable use of medicinal plants provides an alternative source of income for forest-dependent families and creates incentives to protect natural resources.
Plants That Carry Memory
Among the species most valued by Amenas members are isiga (Protium heptaphyllum) and copaibo (Copaifera langsdorffii), whose oleoresin is considered one of the forest’s most important natural resources.
From the copaibo tree, women harvest resin, bark, and seeds, transforming them into oils, ointments, and other natural remedies used to treat a variety of ailments. Because it is one of the most widely used species, it also receives special attention during collection.
Harvesting takes place in water conservation areas, within the Tucabaca Departmental Reserve, and in zones linked to protecting Santiago de Chiquitos’ water system. Collectors take only what is necessary, respect natural cycles, and ensure the regeneration of plant populations.
For Frías, one of the most meaningful achievements is seeing her daughters become interested in the knowledge she inherited from her ancestors. In them, she sees the continuation of a legacy connected not only to medicine but also to the community’s cultural identity.
This learning is transmitted through experience and daily interaction with the forest: understanding plants, recognizing their uses, knowing when to harvest them, and learning how to use them without threatening their survival.
In this way, ancestral knowledge remains a bridge between generations. The women of Amenas preserve not only a medicinal practice but also a unique relationship with their territory.
Through medicinal plants, community agreements, and innovation in product development, Santiago de Chiquitos is advancing toward a model where forest conservation, cultural heritage, and local economic development can thrive together. At the center of this process are the women who safeguard a body of knowledge rooted in nature and sustained by future generations.
Por El Deber:
Medicina ancestral y bioeconomía: mujeres de Santiago de Chiquitos protegen el bosque y preservan sus saberes

Sofía Frías con una corteza de copaibo para elaborar los remedios
La Asociación de Medicina Natural Santiagueña transmiten sus conocimientos de generación en generación y aprovechan de manera responsable más de 50 especies medicinales
La Asociación de Medicina Natural Santiagueña transmiten sus conocimientos de generación en generación y aprovechan de manera responsable más de 50 especies medicinales
En el bosque seco chiquitano, la medicina ancestral se mantiene viva de la mano de las mujeres de la Asociación de Medicina Natural Santiagueña (Amenas), quienes resguardan conocimientos transmitidos de generación en generación y aprovechan de manera responsable más de medio centenar de especies medicinales.
Para Sofía Frías, presidenta de Amenas y una de las guardianas de este conocimiento, la medicina natural representa mucho más que una práctica para aliviar dolencias. Es una forma de vida vinculada al cuidado de la naturaleza y a la memoria de sus antepasados.
“Sanar es un don que se canaliza con humildad y amor por los demás: no se trata solo de aliviar el cuerpo, sino de curar el alma porque quien sana también aprende a cuidar el agua, la tierra y todo lo que respira”, afirmó Frías.
Este conocimiento ancestral se ha fortalecido con un proceso de innovación impulsado con el acompañamiento de Lurdes Céspedes, coordinadora de cadenas de valor de Fundación Natura Bolivia. El trabajo permitió mejorar la elaboración de los productos medicinales y sustituir algunos insumos utilizados tradicionalmente por alternativas de origen natural.
Las antiguas formulaciones, que incluían vaselina, glicerina y aceites de soya de origen transgénico, fueron modificadas mediante la incorporación de cera de abeja, aceite de cusi y otros ingredientes naturales. El cambio permitió mejorar la calidad, consistencia y conservación de pomadas, bálsamos y lociones, además de incrementar el valor del trabajo artesanal.
El bosque como fuente de vida y economía
El proceso se enmarca en una visión de bioeconomía que busca generar oportunidades económicas a partir del aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, sin comprometer la conservación de los bosques.
Henry Bloomfield, director técnico de Fundación Natura Bolivia, explicó que el objetivo es acompañar a las comunidades para que puedan aprovechar responsablemente los recursos de sus territorios y, al mismo tiempo, fortalecer sus medios de vida.
“Generando oportunidades económicas que les permitan fortalecer sus medios de vida y, al mismo tiempo, contribuir a la conservación de los bosques”, señaló.
En este modelo, la conservación y la generación de ingresos no son objetivos contrapuestos. Por el contrario, el aprovechamiento responsable de las plantas medicinales se convierte en una alternativa para las familias que dependen del bosque y en un incentivo para proteger sus recursos.
Plantas que guardan memoria
Entre las especies más valoradas por las mujeres de Amenas se encuentran la isiga (*Protium heptaphyllum*) y el copaibo (*Copaifera langsdorffii*), cuya oleorresina es considerada una de las más importantes del bosque.
Del copaibo se aprovechan la resina, la cáscara y las semillas, que son transformadas en aceites, ungüentos y otros preparados naturales destinados al tratamiento de diversas dolencias. Es una de las especies más utilizadas por las mujeres y, precisamente por ello, una de las que recibe mayor atención durante la recolección.
La extracción se realiza en áreas de conservación hídrica, en la Reserva Departamental Tucabaca y en zonas relacionadas con la protección del sistema de agua de Santiago de Chiquitos. Las recolectoras extraen únicamente lo necesario, respetan los ciclos naturales y procuran garantizar la regeneración de las especies.
Para Frías, uno de los mayores logros de este proceso es comprobar que sus hijas comienzan a acercarse al conocimiento que recibió de sus propios antepasados. En ellas observa la continuidad de una herencia que no solo está relacionada con la medicina, sino también con la identidad cultural de la comunidad.
Ese aprendizaje se transmite mediante la experiencia y la relación cotidiana con el bosque: conocer las plantas, identificar sus usos, saber cuándo recolectarlas y comprender cómo utilizarlas sin poner en riesgo su permanencia.
Así, el conocimiento ancestral permanece como un vínculo entre generaciones. Las mujeres de Amenas no solo conservan una práctica medicinal, sino una forma de relacionarse con el territorio.
Entre plantas medicinales, acuerdos comunitarios e innovación en la elaboración de sus productos, Santiago de Chiquitos avanza hacia un modelo en el que la conservación del bosque, la cultura y la economía local pueden desarrollarse de manera conjunta. En el centro de ese proceso están las mujeres, guardianas de un saber que encuentra en la naturaleza su origen y en las nuevas generaciones su continuidad.
