Editorial, El Dia:
A Stroll Through Expocruz
Some people are surprised by the participation at Expocruz of a cattle ranch from Huarina, a town on Lake Titicaca, 70 kilometers from the city of La Paz. Perhaps we remember that name because of a roadblock, a conflict, or some violent episode, the kind the Altiplano has accustomed us to, but never because it is home to a company dedicated to breeding extraordinary Brown Swiss and Simmental specimens, two of the great European cattle breeds. These are 1,200-kilogram animals, and when people see them, many ask themselves: can livestock farming of this level really exist in such cold, high-altitude places? Of course it can, and not only in La Paz, but also in Oruro, Potosí, and practically anywhere in the Andean region.
In some cases, the Andes have better conditions than the eastern lowlands, the Chaco, or the Amazon for raising high-genetics cattle. They have abundant water, the cold climate is ideal for the European breeds that produce the best meat and the greatest volume of milk, there is less presence of parasites, and, to top it all off, it is the only place in Bolivia where the best forage, alfalfa, grows—the reason Argentina has one of the best livestock industries in the world.
If everything is perfect, why doesn’t livestock farming work in the west as it does in Santa Cruz or Beni? This is where the debate over the famous “model” arises, a model that Andean-centric intellectuals refuse to understand.
The Santa Cruz model allows people from anywhere in the world and from anywhere in the country to have the freedom to invest in any business, and nobody will stop them. In Santa Cruz there are Mennonites, Japanese, Russians, Argentines, Colombians, and Brazilians with large extensions of land in production. And when we talk about immigrants from other parts of the country, the range is even broader, something impossible to imagine in the indigenous and peasant-rooted communities of the west, where a culture of isolation has been imposed by traditional and union-related factors and because they have been captured by political mafias that have economically castrated them.
That superstition they call ancestral knowledge, mixed with the mentality introduced by the 1952 Revolution and, more recently, the influence of MAS-ism, introduced a handicap into the people of those regions, according to which “a little bit” is better, despite Bolivia having an immense territory that is unexploited, uninhabited, and has enormous productive potential. In the west, anyone who has more than 10 or 20 hectares of land is a local lord, a landowner, a traitor to the country, someone who must be fought and overrun. The ayllus and a whole series of backward institutions sustained by harmful NGOs have put into their heads that peasants cannot be full owners, much less of something large, a fact that became evident with the fierce opposition to the law that allowed small producers to grow and obtain bank loans.
Anyone who does not understand the Santa Cruz model and its antithesis, the burden of statism and the hegemony of the political mafias that rule in the Andes, either does not want to understand it or their bad faith does not allow them to go beyond their mental straitjackets. All of them would do well to take a stroll through Expocruz.
Editorial, El Dia:
Una vueltita por Expocruz
Algunos están sorprendidos con la participación en Expocruz de una cabaña ganadera de Huarina, localidad del Lago Titicaca, a 70 kilómetros de la ciudad de La Paz. Tal vez recordemos ese nombre por algún bloqueo, un conflicto o algún episodio violento, de esos que nos tiene acostumbrados el Altiplano, pero nunca por ser la sede de una empresa dedicada a la crianza de extraordinarios ejemplares Pardo Suizo y Simmental, dos de las grandes razas bovinas europeas. Son animales de 1.200 kilos y al verlos, muchos se preguntan ¿acaso puede existir ganadería de ese nivel en esos parajes fríos y de gran altitud? Claro que sí y no sólo en La Paz, sino también en Oruro, Potosí y prácticamente en cualquier lugar de la región andina.
En algunos casos, los andes tienen mejores condiciones que el oriente, el Chaco o la Amazonia para criar ganado de alta genética. Tienen agua en abundancia, el clima frío es ideal para las razas europeas que producen la mejor carne y mayor volumen de leche, hay menor presencia de parásitos, y de yapa, es el único lugar de Bolivia donde crece el mejor forraje, la alfalfa, responsable de que Argentina tenga una de las mejores ganaderías del mundo.
Si todo es perfecto ¿por que no funciona la ganadería en occidente como pasa en Santa Cruz o en el Beni? Es aquí donde surge el debate sobre el dichoso “modelo”, que los intelectuales andinocentristas se niegan a entender.
El modelo cruceño permite que personas de cualquier parte del planeta y del país tengan la libertad de invertir en cualquier negocio y nadie se lo impedirá. En Santa Cruz hay menonitas, japoneses, rusos, argentinos, colombianos, brasileños con grandes extensiones de tierra produciendo. Y cuando hablamos de los inmigrantes del interior del país, el abanico es aún mayor, hecho imposible de pensar las comunidades de raigambre indígena y campesina en el occidente, donde se ha impuesto una cultura del aislamiento por factores tradicionales, sindicales y por que han sido capturados por mafias políticas que los tienen castrados económicamente.
Esa superchería a la que llaman saberes ancestrales, mezclada con la mentalidad que introdujo la revolución de 1952 y últimamente, la influencia del masismo, introdujeron una tara en la gente de esas regiones, según la cual “lo poquito” es mejor, pese a que Bolivia tiene un territorio inmenso inexplotado, deshabitado y con gran potencial productivo. En occidente, cualquiera que tenga más de 10 ó 20 hectáreas de tierra es un gamonal, un terrateniente, un vendepatria, al que hay que combatir y avasallar. Los ayllus y toda una serie de instituciones retrógradas alimentadas por nefastas ONGs, les han metido en la cabeza, que los campesinos no pueden ser propietarios plenos y mucho menos de algo grande, hecho que quedó palpable con la férrea oposición a la ley que permitía que pequeños productores puedan crecer y obtener créditos bancarios.
El que no entienda el modelo cruceño y su antítesis, el lastre del estatismo y la hegemonía de las mafias políticas que reinan en los andes, es porque no quiere o su mala fe no se lo permite ir más allá de sus camisas de fuerza mentales. A todos ellos les conviene darse una vueltita por Expocruz.

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