By Oscar Antezana, El Dia:
Santa Cruz de la Sierra rightly prides itself on having become a cosmopolitan city. It boasts modern buildings, restaurants, hotels, business centers, and an increasingly diverse population. Yet all it takes is a short walk down a few blocks to uncover a contradiction: Santa Cruz may look like a 21st-century city from the 20th floor, but it often stops being one when you step down onto the sidewalk.
Walking should be the simplest activity in any city. Here, it can become an obstacle course. Broken sidewalks, uneven surfaces, steps, improvised ramps, utility poles, vehicles, and abrupt changes in elevation frequently force pedestrians into the roadway.
And there is something even more basic. On many streets and avenues, especially beyond the third ring road, the sidewalk is not even clearly defined. The boundary between private property, sidewalk, drainage ditch, and street becomes blurred. Each property owner seems to have built according to their own criteria—when they built anything at all—and pedestrians are left to improvise their route. For a young person, it is inconvenient. For an older adult, someone in a wheelchair, a parent pushing a stroller, or a person with visual impairments, walking just a few blocks becomes a genuine ordeal.
The problem becomes even more apparent when it rains. Santa Cruz has an extensive network of drainage channels and stormwater infrastructure, but its coverage and capacity are not uniform across the urban area. And a city that continues to expand must think simultaneously about how people move on foot, where its trees grow, and where the water goes.
This is where an opportunity exists. During Santa Cruz’s anniversary month, we could replace, for once, speeches about proud Cruceño identity with something equally Cruceño: getting things done. City Hall could convene a broad civic alliance for sidewalks and green spaces.
First, it could establish a model for the Santa Cruz sidewalk: continuous, accessible, slip-resistant, and free of obstacles, with simple standards for width, slope, elevation, and connection to neighboring properties. We do not need every sidewalk to be identical; we need every sidewalk to be walkable.
But we could be even more ambitious. Instead of treating concrete, trees, and rainfall as separate issues, Santa Cruz could adopt a “green sidewalk” standard. Every new sidewalk or renovation could combine a continuous pedestrian path with space for trees, vegetation, and permeable surfaces that allow part of the rainwater to naturally infiltrate the ground. Where conditions permit, small rain gardens could temporarily capture water before it reaches streets and drainage channels. In other words: sidewalk + tree + drainage as a single piece of urban infrastructure.
Owners of houses, condominiums, businesses, and buildings would gradually take responsibility for constructing or upgrading the sidewalk in front of their properties. City Hall would establish the rules, provide standard designs free of charge, and oversee compliance.
The second component could be called “Santa Cruz Adopts a Garden.” Companies, banks, developers, supermarkets, universities, restaurants, and other institutions could voluntarily adopt a roundabout, median, garden, or nearby green area for a three-year period. The sponsoring organization would assume responsibility for landscaping, pruning, cleaning, replacing plants, and irrigation when necessary. In return, it could discreetly display its name or logo integrated into the landscape, preferably created with vegetation itself: “This area is maintained by…” or simply the company’s name.
This is not about privatizing parks or filling them with advertising. City Hall would retain ownership and establish standards. Businesses would contribute resources and maintenance. Their social responsibility efforts would cease to be a phrase buried in a corporate report and become something every citizen could see.
Santa Cruz has grown extraordinarily thanks to the initiative of its people. Perhaps that same energy can now be used to make it more livable. Because a cosmopolitan city is not measured only by its tall buildings, restaurants, or shopping centers. It is also measured by looking down: at the sidewalk we walk on, at how we drain rainwater, and at the tree whose shade allows us to pause.
On its anniversary, Santa Cruz could give itself a simple gift: to begin resembling, at street level, the great city it proudly claims to be. It is the gift this city deserves and one that all of us, without much effort, can help achieve.
In five years, Santa Cruz would be a different city.
Por Oscar Antezana Malpartida, El Dia:
Santa Cruz de la Sierra se jacta, con razón, de haberse convertido en una ciudad cosmopolita. Tiene modernos edificios, restaurantes, hoteles, centros empresariales y una población cada vez más diversa. Pero basta intentar caminar unas cuadras para descubrir una contradicción: Santa Cruz puede parecer una ciudad del siglo XXI desde un piso 20, pero muchas veces deja de serlo cuando uno baja a la acera. Caminar debería ser la actividad más sencilla de una ciudad. Aquí puede convertirse en una carrera de obstáculos. Aceras rotas, desniveles, gradas, rampas improvisadas, postes, vehículos y cambios abruptos de altura obligan frecuentemente al peatón a bajar a la calzada.
Y hay algo todavía más básico: en numerosas calles y avenidas, especialmente a partir del tercer anillo, la vereda ni siquiera está claramente definida. El límite entre propiedad, acera, cuneta y calle se vuelve difuso. Cada propietario parece haber construido según su propio criterio —cuando construyó algo— y el peatón debe improvisar su recorrido. Para una persona joven es incómodo. Para un adulto mayor, alguien en silla de ruedas, una madre con un coche de bebé o una persona con discapacidad visual, recorrer unas pocas cuadras se convierte en una verdadera odisea.
El problema se hace todavía más evidente cuando llueve. Santa Cruz posee una extensa infraestructura de canales y drenaje pluvial, pero su cobertura y capacidad no son homogéneas en toda la mancha urbana. Y una ciudad que continúa expandiéndose necesita pensar simultáneamente en cómo camina la gente, dónde crecen sus árboles y por dónde se va el agua.
Ahí existe una oportunidad. En el mes aniversario de Santa Cruz podríamos reemplazar, por una vez, los discursos sobre la orgullosa cruceñidad por algo muy cruceño también: hacer. La Alcaldía podría convocar una gran alianza ciudadana por las aceras y las áreas verdes.
Primero, establecer un modelo de acera cruceña: continua, accesible, antideslizante y sin obstáculos, con parámetros sencillos de ancho, pendiente, altura y conexión con la propiedad vecina. No necesitamos que todas las veredas sean idénticas; necesitamos que todas permitan caminar. Pero podríamos ser más ambiciosos. En lugar de pensar separadamente en cemento, árboles y lluvia, Santa Cruz podría adoptar un estándar de “vereda verde”. Cada nueva acera o renovación podría combinar una franja peatonal continua con espacios para árboles, vegetación y superficies permeables que permitan que parte del agua de lluvia penetre naturalmente en el suelo. Donde las condiciones lo permitan, pequeños jardines de lluvia podrían captar temporalmente agua antes de que llegue a calles y canales. Es decir: vereda + árbol + drenaje como una sola infraestructura urbana.
Los propietarios de casas, condominios, comercios y edificios asumirían progresivamente la construcción o adecuación de la vereda frente a sus inmuebles. La Alcaldía pondría las reglas, ofrecería gratuitamente diseños estándar y fiscalizaría su cumplimiento.
El segundo componente podría llamarse “Santa Cruz adopta un jardín”. Empresas, bancos, constructoras, supermercados, universidades, restaurantes y otras instituciones podrían adoptar voluntariamente, por tres años, una rotonda, camellón, jardín o área verde próxima. La empresa asumiría la jardinería, poda, limpieza, reposición de plantas y riego cuando fuera necesario. A cambio, podría colocar discretamente su nombre o logotipo integrado al paisaje, preferiblemente elaborado con vegetación: “Esta área es mantenida por…”, o solamente el nombre de la empresa. No se trata de privatizar parques ni llenarlos de publicidad. La Alcaldía conservaría la propiedad y establecería estándares. Las empresas aportarían recursos y mantenimiento. Su responsabilidad social dejaría de ser una frase en un informe corporativo para convertirse en algo que cualquier ciudadano pudiera ver.
Santa Cruz ha crecido extraordinariamente gracias a la iniciativa de su gente. Quizás esa misma energía pueda utilizarse ahora para hacerla más habitable. Porque una ciudad cosmopolita no se mide solamente por sus edificios altos, restaurantes o centros comerciales. También se mide mirando hacia abajo: por la acera sobre la que caminamos, por cómo evacuamos la lluvia y por el árbol bajo cuya sombra podemos detenernos.
En su aniversario, Santa Cruz podría hacerse un regalo sencillo: comenzar a parecerse, a nivel de calle, a la gran ciudad que orgullosamente dice ser. Es el regalo que esta ciudad se merece y que todos, sin mucho esfuerzo, podemos lograr. En cinco años, Santa Cruz sería otra.
https://eldia.com.bo/2026-09-25/opinion/miradas/santa-cruz-mire-hacia-abajo.html

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