By El Diario:
According to economic analysts
A change of direction is urgently needed to save economic stability

Bolivia is running out of room to maneuver. After years of prosperity driven by hydrocarbons, reality is asserting itself with rising inflation and gas production in free fall. For specialists, macroeconomic stability is no longer a policy option but an urgency that demands exchange-rate transparency and a radical shift toward austerity.
Bolivia is going through an “initial stabilization phase” following the external liquidity shock, according to economist Fernando Romero. However, the expert warns that this breathing space depends on resolving two critical fronts: fuel shortages and the “extreme volatility” of the dollar that continues to shake the market.
He indicated that the economy remains on a tightrope, a clinical picture of recession and runaway inflation aggravated by dangerous dependence on external financing and the depletion of gold reserves.
Romero warned that Bolivia’s economic recovery depends on perfect coordination between fiscal and monetary policy. His proposal requires two pillars: strict compliance with spending cuts under Supreme Decree 5516 and an end to monetary financing from the Central Bank of Bolivia (BCB) to the Treasury, thereby reinforcing the institution’s signal of independence.
He explained that the key to curbing inflation in Bolivia lies in exchange-rate transparency and fiscal adjustment. According to the analyst, the Government must maintain the reference exchange rate under a clear public strategy that dispels devaluation expectations, while also cleaning up the registry of social welfare payments to prevent them from becoming a burden on the economy.
To normalize the foreign exchange market, Romero proposes implementing a shock plan based on four pillars: strengthening Net International Reserves (NIR), aggressive export incentives, inflows of external credit, and full transparency in the dollar exchange rate.
The economist put forward a comprehensive reform proposal that ties public spending to GDP performance and places state-owned enterprises under scrutiny. The strategy seeks to oxygenate fiscal accounts by expanding the tax base and drastically restructuring public entities, which could face closures or partial privatizations.
Alejandro Alpire, president of the Santa Cruz Economists Association (CESC), described Bolivia’s urgency to move away from gas dependency—now in steep decline—toward a structure driven by lithium and private investment.
After losing its status as a hydrocarbon exporter, he said, the country is now betting on stronger legal certainty to attract foreign investment and halt the decline of its wells. At the same time, the Government seeks to accelerate lithium industrialization with Chinese and Russian partners, demanding greater technological transparency to turn the mineral into the new engine of foreign currency earnings.
“The Bolivian Government formalized the most aggressive shift in its economic policy of the past two decades through Supreme Decree 5503. The measure, adjusted this January, represents a break from the state subsidy scheme that governed the country for 20 years. It is a strong signal to domestic and international markets,” Alpire stated, highlighting the new direction of President Rodrigo Paz.
According to the economist, through a drastic adjustment in fuel prices, the Government has turned toward fiscal pragmatism forced by the shortage of foreign currency. According to the analyst, this “price correction” aims to save 10 million dollars per day, although at the cost of an imminent inflationary shock and unprecedented pressure on private sector efficiency.
Por El Diario:
Según analistas económicos
Urge cambio de dirección para salvar la estabilidad económica

Bolivia se queda sin margen de maniobra. Tras años de bonanza impulsada por los hidrocarburos, la realidad se impone con una inflación que despierta y una producción de gas en caída libre. Para los especialistas, la estabilidad macroeconómica ya no es una opción de política, sino una urgencia que exige transparencia cambiaria y un giro radical hacia la austeridad.
Bolivia atraviesa una «fase de estabilización inicial» tras el choque de liquidez externa, según el economista Fernando Romero. Sin embargo, el experto advierte que este respiro depende de resolver dos frentes críticos: el desabastecimiento de carburantes y la «volatilidad extrema» del dólar que aún sacude al mercado.
Indicó que la economía permanece en la cuerda floja, un cuadro clínico de recesión e inflación desbocada que se agrava por la peligrosa dependencia del financiamiento externo y el agotamiento de las reservas de oro.
Romero advirtió que la recuperación económica de Bolivia depende de un engranaje perfecto entre la política fiscal y monetaria. Su propuesta exige dos pilares, el cumplimiento riguroso del recorte del gasto bajo el DS 5516 y el fin del financiamiento monetario del BCB al Tesoro, reforzando así la señal de independencia de la institución.
Explicó que la clave para frenar la inflación en Bolivia radica en la transparencia cambiaria y el ajuste fiscal. Según el analista, el Gobierno debe mantener el tipo de cambio referencial bajo una estrategia pública clara que disipe las expectativas de devaluación, además de depurar el padrón de los bonos sociales para evitar que se conviertan en un lastre para la economía.
Para normalizar el mercado cambiario, Romero propone la implementación de un plan de choque basado en cuatro pilares: el fortalecimiento de las Reservas Internacionales Netas (RIN), incentivos agresivos a la exportación, el flujo de créditos externos y una transparencia total en la cotización del dólar.
El economista lanzó una propuesta de reforma integral que condiciona el gasto público al desempeño del PIB y pone bajo la lupa a las empresas del Estado. La estrategia busca oxigenar la caja fiscal mediante la ampliación de la base tributaria y una reestructuración drástica de las entidades públicas, que podrían enfrentar cierres o privatizaciones parciales.
Presidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz (CESC), Alejandro Alpire, describió la urgencia de Bolivia por desplazar la dependencia del gas —hoy en caída libre— hacia una estructura impulsada por el litio y la inversión privada.
Tras perder su estatus como exportador de hidrocarburos, dijo, el país apuesta ahora por un blindaje de seguridad jurídica para atraer inversión extranjera y frenar el declive de sus pozos. En paralelo, el Gobierno busca acelerar la industrialización del litio con socios chinos y rusos, exigiendo mayor transparencia tecnológica para convertir al mineral en el nuevo motor de divisas.
“El Gobierno boliviano oficializó el giro más agresivo de su política económica en las últimas dos décadas a través del Decreto Supremo 5503. La medida, ajustada este enero, supone una ruptura con el esquema de subsidios estatales que rigió al país por 20 años. Es una señal contundente a los mercados nacionales e internacionales”, afirmó Alpire, destacando la nueva dirección del presidente Rodrigo Paz.
Para el economista, mediante un drástico ajuste en el precio de los combustibles, el Gobierno ha girado hacia un pragmatismo fiscal forzado por la escasez de divisas. Según el analista, este «sinceramiento» busca un ahorro de 10 millones de dólares diarios, aunque a costa de un choque inflacionario inminente y una presión inédita sobre la eficiencia del sector privado.
