By Francesco Zaratti:
The analysis of Bolivia’s energy sector in 2025 distinguishes two periods, with the government change as the dividing line: (1) from January to October, and (2) November and December.
Before Supreme Decree (DS) 5503, we suffered from the fuel supply crisis and the effects of the erratic policy applied over the last 20 years, which resulted in exploratory failures, a decline in production to levels below those of 2005, the loss of export markets, and the paralysis of poorly conceived and even worse executed industrialization.
Likewise, that period is held responsible for the lack of timely and necessary decisions; suspicion of enormous corruption in fuel imports; favoritism toward smuggling; lies and lack of transparency in information; triumphalist propaganda; and the depletion of international reserves.
The delay in projects (improvised ones, at that), such as biodiesel, and the absence of an energy transition plan that would have allowed mitigating the hydrocarbons crisis are heavy legacies for the new government. Due to the importance of the sector in the national economy, this crisis affects the entire economic system of the country, owing to lower revenues and higher costs.
The aforementioned DS 5503, in the aspects related to energy, gets it right with the universal adjustment of prices for some fuels, seeking the least impact on the population (it keeps household gas tariffs, LPG, and electricity unchanged) and the maximum benefit for the State (it cuts smuggling to neighboring countries at the root and reduces the fiscal deficit).
However, the decree in question is merely the first step—I would call it emergency surgery—to cure the patient.
Indeed, making some fuel prices realistic does not cause a rebound in gas and oil production, which is the cure for the patient. For that, a long road is required, passing through recovering the confidence of risk capital in a State that has violated contracts; approving new laws in the energy sector (the hydrocarbons law without a doubt, but also the electricity law, including renewable sources for electricity generation); resuming “serious” exploration, with investments adequate to the goals sought; restructuring YPFB, returning to the idea that was held when drafting Law 3058 of a modern and competitive company, one among others in the sector.
As the new sector authorities well know, that road is long, but it begins with small steps capable of moving us away from the crisis.
First of all, without wishing to be a bird of ill omen, in the event that the “new” exploration does not achieve the expected success, a complementary electricity generation plan with renewable sources must be launched now, involving private, institutional, and business capital, within the framework of an Energy Transition Plan. The alternative is to import natural gas in a few years to provide security to departments overly dependent on gas, such as Santa Cruz.
2026 should be the year that gives Bolivia that multi-decade Plan, consensus-based and approved as State policy. If it is not done now, when?
One cannot rely solely on luck (“if we’re lucky…”, affirms Minister Medinaceli), but rather it is urgent to act to incentivize hydrocarbon production from mature and marginal fields, starting by fairly remunerating national oil, which remains at $27.11/bbl (a legacy from a time when the international barrel was below $40) and has not been adjusted in 20 years. May 2026 renew the energy sector, with luck and courage!
https://fzaratti.blog/en/2026/01/02/brief-yearbook-of-the-energy-sector/
Por Francesco Zaratti:
El balance del sector de la energía en Bolivia en el año 2025 distingue dos períodos, teniendo al cambio de gobierno como parteaguas: (1) de enero a octubre y (2) noviembre y diciembre.
Antes del DS 5503 hemos sufrido la crisis de abastecimiento de combustibles y los efectos de la errática política aplicada los últimos 20 años que resultó en fracasos exploratorios, la baja de la producción hasta niveles inferiores al año 2005, la pérdida de mercados de exportación y la paralización de la industrialización mal concebida y peor llevada.
Asimismo, a ese período se le responsabiliza la falta de decisiones oportunas y necesarias; la sospecha de una descomunal corrupción en la importación de carburantes; el favorecimiento del contrabando; la mentira y la falta de transparencia en la información; la propaganda triunfalista y el vaciamiento de las reservas internacionales.
El retraso de proyectos (improvisados, por cierto) como el biodiésel, y la ausencia de un plan de transición energética que hubiera permitido mitigar la crisis de los hidrocarburos son pesadas herencias para el nuevo gobierno. Por la importancia del sector en la economía nacional, esa crisis afecta a todo el sistema económico del país, debido a los menores ingresos y mayores costos.
El mencionado DS 5503, en los aspectos que tienen que ver con la energía, acierta en el ajuste universal de precios de algunos combustibles, buscando el menor impacto en la población (mantiene inmutadas las tarifas del gas domiciliario, del GLP y de la electricidad) y el máximo beneficio para el Estado (corta de raíz el contrabando a los países limítrofes y disminuye el déficit fiscal).
Sin embargo, el decreto de marras es tan solo el primer paso —es la cirugía de urgencia, diría— para curar al enfermo.
En efecto, sincerar los precios de algunos combustibles no causa un repunte de la producción de gas y petróleo, la cura del enfermo. Para eso se requiere un largo camino que pasa por recuperar la confianza del capital de riesgo en un Estado que ha violado contratos; por aprobar nuevas leyes en el sector energético (la de hidrocarburos sin duda, pero también la de electricidad, incluyendo a las fuentes renovables de generación eléctrica); por retomar la exploración “en serio”, con inversiones adecuadas a las metas que se buscan; por reestructurar YPFB, volviendo a la idea que se tenía al elaborar la ley 3058 de una empresa moderna y competitiva, una más entre otras del rubro.
Como bien saben las nuevas autoridades del sector, ese camino es largo, pero empieza con pequeños pasos, capaces de alejarnos de la crisis.
En primer lugar, sin querer ser ave de mal agüero, ante la eventualidad de que la “nueva” exploración no tenga el éxito esperado, hay que poner en marcha ya un plan complementario de generación eléctrica con fuentes renovables, involucrando capitales particulares, institucionales y empresariales, en el marco de un Plan de Transición Energética. La alternativa es importar gas natural dentro de pocos años para dar seguridad a departamentos demasiado dependientes del gas, como Santa Cruz.
El 2026 debería ser el año que dé a Bolivia ese Plan pluri decenal, consensuado y aprobado como política de Estado. Si no se hace ahora, ¿cuándo?
No se puede confiar solo en la suerte, (“si tenemos suerte…”, repite el ministro Medinaceli), sino es urgente actuar para incentivar la producción de hidrocarburos de campos maduros y marginales, empezando por retribuir con un precio justo el petróleo nacional, que sigue en 27,11 $/bbl (herencia de un tiempo en que el barril internacional estaba en menos de 40 $) y que no se reajustó en 20 años.
¡Qué el año 2026 renueve el sector de la energía, con suerte y valentía!
https://fzaratti.blog/2026/01/02/balance-anual-del-sector-energetico-boliviano/
