By Oscar Antezana, El Día:
The richness of Bolivian gastronomy is so vast that we often overlook its potential. As I mentioned in the article preceding this one, I speak from experience, having enjoyed Peruvian cuisine for nearly twenty years. The world surrendered to Peruvian ceviche; now it is time for it to discover the complexity and history of a good salteña, the depth of a chairo paceño, the fire of pique macho cochabambino, the refinement of ají de lengua, or the deliciousness of a keperí.
Bolivia must take control of its culinary narrative and project its wealth to the world without insecurity. Every Bolivian market offers a complete culinary experience. The salteña, the cuñapé, and Wistupiku’s empanadas are unmatched in Peru, despite its own wide variety of empanadas. The pique macho cochabambino resembles but surpasses Peru’s lomo saltado in several ways. While Peru also has peanut soup, Bolivia’s variety of soups is far greater: chairo, lamb stew, chaque de trigo, among others that Peru does not have. We share dishes such as anticucho and stuffed potato, but Peru has nothing like charquecán or Irpavi-style pork crackling.
Peru has positioned itself strongly thanks to sustained government support, investment in gastronomic tourism, and media figures like Gastón Acurio and Virgilio Martínez. In Bolivia, as in many other areas, there is no state policy to promote gastronomy. If Bolivia is known abroad, it is almost by chance or word of mouth. (If the Uyuni Salt Flats are famous, it is not the result of a conscious, sustainable promotion policy.)
A Different, Perhaps Better, Model
Bolivia’s proposal does not have to be an imitation. It does not seek to be “the new Peru,” but similarities are undeniable: shared culinary pantries, geographical territory (we share the Altiplano and the Amazon), and the ancient culture of our peoples. Still, Bolivia can offer something different: cuisine more connected to the land, less influenced by foreign trends. Most products come directly from rural communities, as in Peru. There are no media-star chefs here—only anonymous hands cooking as their grandmothers did. Peru has both. We must not ignore successful examples from Peru or Mexico, another gastronomic powerhouse. The goal should be to empower and advise indigenous communities, rescue ancestral techniques, promote expeditions to native communities, and present an aesthetically and narratively coherent culinary discourse—one that blends beauty, flavor, and cultural storytelling.
Peruvian cuisine is a global gastronomic icon. Its fusion dishes, internationally recognized chefs, festivals like Mistura, institutional support (PromPerú), culinary schools, and strategic projection are all part of its success.
Strategic Projection: How to Reach and Surpass Peru?
Bolivia has all the ingredients to lead Latin America’s next gastronomic wave: unique biodiversity, living culture, and passionate cooks. The next step must be strategic: more promotion, more professional training, more public investment, more pride. If the world has already surrendered to Peruvian ceviche, it is time for it to discover the complexity of a good salteña, the depth of a chairo paceño, or the fire of a pique macho cochabambino. Bolivia does not need to copy Peru’s path—it has its own route. That route, full of aroma, flavor, and soul, is already becoming irresistible. Yet some key elements are still missing:
- Institutional support, like Peru’s PromPerú.
- Excellence in professional training, blending culinary technique with ethnobotanical and anthropological research.
- Marketing and gastronomic diplomacy, with state support for events, fairs, congresses, and our own festivals (emulating Mistura).
- Culinary and tourism infrastructure: gastronomic routes, regional destinations, immersive experiences.
- Academic and scientific integration: research on endemic ingredients with universities and R&D centers.
- International collaborations: visiting chefs, pop-ups, congresses to showcase Bolivia’s new cuisine.
Bolivia lacks very little. We have the ingredients, the talent, the hands, the history, and the culture. What we do not have is a state policy. Hopefully, this new centenary will be the moment to begin.
Por Oscar Antezana Malpartida, El Día:
La riqueza de la gastronomía boliviana es tan grande que ignoramos su potencial. Como lo mencioné en el artículo que precedió a éste, lo digo por experiencia, después de deleitarme con la cocina peruana durante casi veinte años. El mundo se rindió al ceviche peruano; es hora de que descubra la complejidad e historia de una buena salteña, la profundidad de un chairo paceño, el fuego del pique macho cochabambino, la fineza del ají de lengua o la sabrosura de un keperí.
Bolivia debe asumir el liderazgo de su narrativa culinaria y proyectar su riqueza al mundo sin complejos. En cada mercado boliviano se vive una experiencia culinaria completa. La salteña, el cuñapé, las empanadas de Wistupiku no tienen comparación en Perú, a pesar de que allí también existe una gran variedad de empanadas. El pique macho cochabambino es similar, pero supera en varios aspectos al lomo saltado peruano. Si bien en Perú también se consume la sopa de maní, la variedad de sopas bolivianas es infinitamente mayor: el chairo, la cazuela de cordero, un chaque de trigo, entre otras, que no existen en Perú. Compartimos platos como el anticucho y la papa rellena, pero no existe allá un charquecán ni un chicharrón como el de Irpavi.
Perú ha logrado posicionarse con fuerza gracias a un trabajo sostenido del Estado, inversión en turismo gastronómico y figuras mediáticas como Gastón Acurio o Virgilio Martínez. Como muchas otras cosas en Bolivia, no hay una política de Estado para impulsar la gastronomía. Si se conoce algo de Bolivia en el exterior, es casi por casualidad o por boca de la gente. (Si el Salar de Uyuni es conocido, no es resultado de una política de promoción consciente y sostenible).
Un modelo diferente, tal vez mejor
La propuesta boliviana no tiene que ser necesariamente una imitación. No busca ser “el nuevo Perú”, pero no podemos desconocer que existen muchas similitudes: desde las despensas culinarias, el territorio geográfico (compartimos el altiplano y la Amazonía) hasta la cultura milenaria de nuestros pueblos. Sin embargo, puede proponer algo distinto: una cocina más conectada con el territorio, menos contaminada por lo foráneo. La mayoría de los productos vienen directamente de comunidades campesinas, al igual que en Perú. No hay estrellas mediáticas; hay manos anónimas que cocinan como lo hacían sus abuelas. En Perú existen ambas cosas. Es decir, tampoco podemos ser necios e ignorar experiencias exitosas, ya sea de Perú o de México, otra potencia gastronómica mundial. Se debe empoderar y asesorar a comunidades originarias, rescatar técnicas ancestrales, promover expediciones a comunidades indígenas y presentar una coherencia estética-narrativa, es decir, un discurso gastronómico que combine estética, sabor y relato cultural.
La cocina peruana es un ícono de la gastronomía mundial. Su cocina de fusiones, chefs internacionalizados, festivales como Mistura, apoyo institucional (PromPerú), escuelas de gastronomía y una proyección estratégica forman parte de su éxito.
Proyección estratégica: ¿cómo alcanzar y superar a Perú?
Bolivia tiene todos los ingredientes para liderar la próxima ola gastronómica en América Latina: biodiversidad única, cultura viva y cocineros apasionados. El siguiente paso debe ser estratégico: más promoción, más formación profesional, más inversión pública, más orgullo. Porque si el mundo ya se rindió al ceviche peruano, es hora de que descubra la complejidad de una buena salteña, la profundidad de un chairo paceño o el fuego del pique macho cochabambino. Bolivia no necesita copiar el camino del Perú. Tiene su propio sendero. Y ese camino —lleno de aroma, sabor y alma— ya empieza a ser irresistible. Sin embargo, aún carece de elementos clave:
● Apoyo institucional, como PromPerú en el país vecino.
● Formación profesional de excelencia, que combine técnica culinaria e investigación etnobotánica y antropológica. Escuelas de gastronomía.
● Marketing y diplomacia gastronómica, con apoyo estatal en eventos, ferias, congresos y festivales propios (imitando a Mistura en Perú).
● Infraestructura culinaria y turística: rutas gastronómicas, destinos regionales, experiencias inmersivas.
● Integración académica y científica: investigación de ingredientes endémicos con universidades y centros de I+D.
● Colaboraciones internacionales: chefs visitantes, pop-ups, congresos para difundir la nueva cocina boliviana.
A Bolivia no le falta casi nada. Tenemos los ingredientes, el talento, las manos, la historia y la cultura. Lo que no tenemos es una política de Estado. Ojalá se inicie en este nuevo centenario.
https://eldia.com.bo/2025-08-06/opinion/tribuna/gastronomia-igual-o-mejor-que-peru.html
