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Fisonomía – 101 – Physiognomy

Carlos Hugo Molina, Los Tiempos:

The physiognomy of the Bolivian

We have to accept that we are the product of the popular national construction that was born after the Chaco War and that combined mestizos, urban and rural self-employed living in cities and autonomous territories, and informal, corporate, violent and supportive people.

In order for there to be respect for one another in this country, we need to build codes of coexistence that allow us to face a similar line for all, in which, accepting legitimate differences, we accept that they should serve to enrich us. This quality is what the world calls citizenship and is expressed by accepting that, in front of the law, we are equal and that the struggle is to ensure that we all have the same opportunities.

With that so variegated and complex combination, we have been born by history.

Together with these characteristics, there is the path of our solidarity. I have found a critical route to the origin that she has beyond party positions and with diverse, plural and scattered manifestations in the territory.

It turns out that ayni is an economic-social system that Aymara and Quechua cultures practice to live in harmony and balance in the community. It is based on reciprocity and complementarity, manifesting itself as family work among the members of the ayllu, destined for agricultural tasks and the construction of houses.

The minga, a Castilian word, from the Quechua mink’a and appropriate in the East, is the work of solidarity in favor of someone who needs it and that is carried out collectively. It is rewarded with food and drink.

There is the ajtapi, of Aymara origin, as a collective celebration of food that is shared together with knowledge. The name derives from the Aymara verb aphtapiña, which means to bring; in the celebration, each attendee brings a food that is placed on a tablecloth to be served as a community.

The tupambaé, a Guaraní term that means God’s land, is the collective production plot that multiplied in the Missions, and whose fruits were distributed among those in need of the mission: sick, orphaned children, widows, the elderly, or to be used in shortage periods.

The Egalitarians was the ideological political current proposed by Andrés Ibáñez and that was taken from Proudhon and the anarchists of the 19th century. It had a high content of solidarity and served to move the social conscience of the republic.

The co-operative bodies, organizations of artisans and self-employed producers followed, that, in the absence of unions because there were no industries, brought together the capacity of human knowledge from the end of the 19th century to a good part of the 20th century. It is given with great force in eastern Bolivia with solidarity work expressed in “today for you, tomorrow for me” and was sustained in solidarity, respect for human beings, mutual trust, truth, equity and transparency.

Cooperativism is perhaps the highest expression of human solidarity that expresses respect for all and assumes a shared commitment to development and the production of common surpluses. One partner one vote is the best expression of your philosophy that values the person above any other difference.

The common pot is an urban instrument of food solidarity, in which a group cooks for the group that is dedicated to a work of social interest. It is a variant of the minga in the cities. The preste, the compadrazgo, the patronage, the brotherhoods, comparsas and fraternities, are variants of patronage, collective responsibility and solidarity linked to the party and joy.

All these manifestations are in our national DNA to mark a behavior that makes us proud.

The author is Director of Innovation at Cepad

La fisonomía del boliviano

Tenemos que aceptar que somos producto de la construcción nacional popular que nació después de la Guerra del Chaco y que combinó a mestizos, cuentapropistas urbanos y rurales viviendo en ciudades y en territorios autónomos, y a personas informales, corporativas, violentas y solidarias.

Para que en este país exista el respeto de unos a otros, necesitamos construir códigos de convivencia que permitan enfrentar una línea similar para todos, en la que, aceptando las diferencias legítimas, aceptemos que ellas debieran servir para enriquecernos. Esa cualidad es la que el mundo llama ciudadanía y se expresa aceptando que, frente a la ley, somos iguales y que la lucha es por lograr que todos tengamos las mismas oportunidades.

Con esa combinación tan abigarrada y compleja, hemos sido paridos por la historia.

Unido a esas características, existe el camino de nuestra solidaridad. He encontrado una ruta crítica del origen que ella tiene más allá de posiciones partidarias y con manifestaciones diversas, plurales y desparramadas en el territorio.

Resulta que el ayni es un sistema económico-social que las culturas aimaras y quechuas practican para vivir en armonía y equilibrio en la comunidad. Está basado en la reciprocidad y complementariedad manifestándose como trabajo familiar entre los miembros del ayllu, destinado a faenas agrícolas y a la construcción de viviendas.

La minga, palabra castellanizada, del quechua mink´a y apropiada en el Oriente, es el trabajo solidario en favor de alguien que lo necesita y que se ejecuta colectivamente. Se la retribuye con comida y bebida.

Está el ajtapi, de origen aimara, como celebración colectiva del alimento que se lo comparte junto con los saberes. El nombre deriva del verbo aimara aphtapiña, que significa traer; en la celebración, cada asistente lleva un alimento que es colocado sobre un mantel para servirse comunitariamente.

El tupambaé, término guaraní que significa tierra de Dios, es la parcela de producción colectiva que se multiplicó en las Misiones, y cuyos frutos eran distribuidos entre los necesitados de la misión: enfermos, niños huérfanos, viudas, ancianos, o para ser utilizados en tiempo de carencia.

Los Igualitarios fue la corriente política ideológica propuesta por Andrés Ibáñez y que fuera tomada de Proudhon y los anarquistas del siglo XIX. Tenía un alto contenido solidario y sirvió para mover la consciencia social de la república.

Siguieron las mutuales, organizaciones de artesanos y productores cuentapropistas que, a falta de sindicatos porque no existían industrias, agrupaban la capacidad de los saberes humanos desde finales del siglo XIX hasta buena parte del siglo XX. Se da con gran fuerza en el oriente de Bolivia con trabajo solidario expresado en “hoy por ti, mañana por mí” y se sostenía en la solidaridad, respeto al ser humano, confianza mutua, verdad, equidad y transparencia.

El cooperativismo, es quizá la más alta expresión de la solidaridad humana que expresa el respeto por todos y asume el compromiso compartido del desarrollo y la producción de excedentes comunes. Un socio un voto, es la mejor expresión de su filosofía que valora la persona por encima de cualquier otra diferencia.

La olla común es un instrumento urbano de solidaridad alimentaria, en la que un grupo cocina para el colectivo que está dedicado a una labor de interés social. Es una variante de la minga en las ciudades. El preste, el compadrazgo, los padrinazgos, las cofradías, comparsas y fraternidades, son variantes de mecenazgos, responsabilidad colectiva y solidaridad ligadas a la fiesta y a la alegría.

Todas estas manifestaciones, están en nuestro ADN nacional para marcar una conducta que nos enorgullece.

El autor es director de Innovación del Cepad

https://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20201124/columna/fisonomia-del-boliviano