By Ernesto Estremadoiro, El Deber:

The country remains stuck in the World Bank ranking / Photo: Ricardo Montero
Since 1987, Bolivia has remained in the lower-middle-income category, according to the World Bank. While neighbors like Peru and Paraguay climb positions, the country still hasn’t broken through the development ceiling.
In 1987, Bolivia was classified as a lower-middle-income country, according to a ranking compiled by the World Bank. In 2024, it still is. Three and a half decades later, the country has failed to overcome the economic barrier that separates developing nations from those that consolidate growth—despite having experienced a period of high income due to gas exports. The organization’s latest report once again places Bolivia in the same category, alongside countries like Nigeria, Honduras, and Bangladesh.
Each year, the World Bank classifies the world’s economies into four income groups: low, lower-middle, upper-middle, and high. These classifications, updated annually on July 1st, are based on the gross national income (GNI) per capita from the previous year, expressed in U.S. dollars using the Atlas method.
The classification defines lower-middle-income countries as those with a GNI between $1,136 and $4,465. Bolivia has fluctuated within this range for nearly four decades, never reaching the threshold that would place it in the upper-middle-income category.
In 1987, 30% of reporting countries were classified as low-income and 25% as high-income. In 2024, those figures shifted to 12% (low-income) and 40% (high-income).
Boom era
Bolivia made no progress in this measurement even during the boom it experienced between 2006 and 2014 due to high gas exports. This was driven by the surge in natural gas exports to Brazil and Argentina.
Thanks to high international hydrocarbon prices and favorable contracts signed by the state, gas revenue multiplied, allowing the government to finance social programs, increase public investment, and accumulate record international reserves, which reached $15 billion.
This growth cycle, accompanied by a strong state presence in the economy, helped reduce poverty and boost domestic consumption. However, despite the extraordinary revenues, the country failed to diversify its productive matrix or lay the foundations for long-term sustainable development.
Stagnation
This stagnation is more than just a number. It reflects an economy that has failed to diversify, continues to rely on raw material exports—natural gas, minerals, and agricultural products—and faces serious structural limitations.
Despite periods of prosperity, such as the commodity boom in the 2000s, the country has not transformed those extraordinary earnings into a sustainable development model.
Meanwhile, neighboring countries like Peru and Paraguay have shown more consistent progress. Both have improved their indicators in investment, education, and trade openness, achieving upper-middle-income status. Chile and Uruguay, for their part, already belong to the group of high-income countries.
In Bolivia, the challenges are numerous: low educational quality, labor informality, weak institutions, little investment in science and technology, and growing fiscal pressure. This is compounded by an adverse international context, with volatile commodity prices and increasingly limited access to external financing.
Current situation
The report comes at a tense economic time. Over the past year, national GDP grew by just 0.73%. Added to this is double-digit inflation—something not seen since the 1980s. According to the National Institute of Statistics (INE), accumulated inflation has reached 15.53%.
This figure surpasses the annual inflation target set by President Luis Arce Catacora’s government, which is under heavy criticism due to the ongoing economic crisis marked by a shortage of dollars, fuel supply problems, and social unrest.
Another worrying figure comes from the Center for Labor and Agricultural Development Studies (CEDLA), which in a recent report stated that the sustained rise in prices has significantly eroded the purchasing power of Bolivian households.
Using data consolidated through May of this year, the report says that “with 12-month accumulated inflation at 18%, the 5% wage increase is insufficient to reverse the decline in real income, especially among those with the lowest wages.”
“This year’s ‘wage increase’ benefits workers unevenly, deepening the gaps in a labor market characterized by low income and limited stability,” the institution stated in its report.
Government stance
So far, the government has not commented on this study; however, on previous occasions, the Executive Branch has rejected similar reports.
For President Luis Arce Catacora’s administration, these reports do not take into account the measures implemented to contain the effects of the internal crisis. The government has also repeatedly argued that these analyses overlook the impact of the legislative blockade on international loans, which has delayed the disbursement of funds intended for economic recovery.
Recently, the National Institute of Statistics (INE) attributed the economic stagnation and high inflation to social conflicts driven by sectors aligned with former president Evo Morales, who are demanding that he be allowed to run as a candidate in the presidential elections scheduled for August.
Por Ernesto Estremadoiro Flores, El Deber:

El país se mantiene estancado en el ranking del Banco Mundial/Foto: Ricardo Montero
Desde 1987, Bolivia permanece en la categoría de ingreso mediano bajo, según el Banco Mundial. Mientras vecinos como Perú y Paraguay escalan posiciones, el país sigue sin romper el techo del desarrollo.
En 1987, Bolivia era un país de ingreso mediano bajo, según un ranking que elabora el Banco Mundial. En 2024, también lo fue. Tres décadas y media después, el país no ha logrado superar esa barrera económica que separa a las naciones en vías de desarrollo de aquellas que consolidan su crecimiento, esto pese a que vivió en un periodo de ingreso altos por las altas exportaciones de gas. El reciente informe de este organismo vuelve a ubicar al país en la misma categoría, junto a países como Nigeria, Honduras y Bangladesh.
De forma anual, el Banco Mundial clasifica las economías del mundo en cuatro grupos de ingresos: bajo, mediano bajo, mediano alto y alto. Estas clasificaciones, que se actualizan todos los años el 1 de julio, se basan en el ingreso nacional bruto (INB) per cápita del año anterior, expresado en dólares estadounidenses calculado con el método Atlas.”
La clasificación establece que los países de ingreso mediano bajo tienen un INB entre 1.136 dólares y 4.465 dólares. Bolivia ha oscilado dentro de ese rango durante casi cuatro décadas, sin alcanzar el umbral que lo ubicaría en la categoría de ingreso mediano alto.
En 1987, el 30 % de los países informantes fueron clasificados como países de ingreso bajo y el 25 % como países de ingreso alto. En 2024, estos coeficientes cambiaron a 12 % (ingreso bajo) y 40 % (ingreso alto).
Época del boom
Bolivia no avanzó en esta medición incluso pese al boom que vivió entre 2006 y 2014 por las altas exportaciones de gas. Esto fue impulsado por el auge de las exportaciones de gas natural a Brasil y Argentina.
Gracias a los altos precios internacionales de los hidrocarburos y a contratos favorables firmados por el Estado, los ingresos por renta gasífera se multiplicaron, permitiendo al Gobierno financiar programas sociales, incrementar la inversión pública y acumular reservas internacionales récord, que llegaron a los 15.000 millones de dólares.
Este ciclo de crecimiento, acompañado por una fuerte presencia estatal en la economía, permitió reducir la pobreza y dinamizar el consumo interno; sin embargo, pese a los ingresos extraordinarios, el país no logró diversificar su matriz productiva ni sentar las bases para un desarrollo sostenible a largo plazo.
Estancamiento
Este estancamiento no es solo una cifra. Es el reflejo de una economía que no ha logrado diversificarse, que sigue dependiendo de la exportación de materias primas —gas natural, minerales y productos agrícolas— y que enfrenta serias limitaciones estructurales.
A pesar de periodos de bonanza, como el auge de los commodities en la década de 2000, el país no ha transformado esos ingresos extraordinarios en un modelo de desarrollo sostenible.
Mientras tanto, países vecinos como Perú y Paraguay han mostrado avances más consistentes. Ambos han mejorado sus indicadores de inversión, educación y apertura comercial, y lograron posicionarse en la categoría de ingreso mediano alto. Chile y Uruguay, por su parte, ya forman parte del grupo de países de ingreso alto.
En Bolivia, los desafíos son múltiples: baja calidad educativa, informalidad laboral, debilidad institucional, escasa inversión en ciencia y tecnología, y una creciente presión fiscal. A esto se suma un contexto internacional adverso, con precios volátiles de materias primas y un acceso más restringido al financiamiento externo.
Actualidad
El reporte llega un momento tenso en el ámbito económico. En el último año el PIB nacional, apenas creció un 0,73%. A esto se suma una escalada inflacionaria de dos dígitos, algo que no ocurría justamente desde la época de los 80 en el país. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas (INE) la inflación acumulada llegó a un 15,53%.
Este dato es superior a la meta anual de inflación estimada por el Gobierno del presidente, Luis Arce Catacora, que es muy cuestionado por la actual crisis económica, marcada por la escasez de dólares, problemas en el abastecimiento de combustibles y tensión social.
Otro dato preocupante lo da Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), que en un reciente informe sostiene que el aumento sostenido de precios ha erosionado significativamente el poder adquisitivo de los hogares bolivianos.
Con datos consolidados a mayo de este año, sostiene que “frente a una inflación acumulada a doce meses del 18%, la reposición salarial del 5% resulta insuficiente para revertir el deterioro del ingreso real, especialmente entre quienes perciben menores salarios”.
“El “incremento salarial” de esta gestión beneficia de forma desigual a los trabajadores, profundizando las brechas en un mercado laboral caracterizado por bajos ingresos y limitada estabilidad”, aseguró la institución en su reporte.
Postura estatal
Hasta el momento, el Gobierno no se ha pronunciado sobre este estudio; sin embargo, en anteriores oportunidades, el Poder Ejecutivo ha rechazado informes similares.
Para la administración del presidente Luis Arce Catacora, estos reportes no consideran las medidas que se han implementado para contener los efectos de la crisis interna. Asimismo, el Gobierno ha sostenido en reiteradas ocasiones que estos análisis omiten el impacto del bloqueo legislativo a los créditos internacionales, lo que ha retrasado el desembolso de recursos destinados a la reactivación económica.
Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística (INE) atribuyó el estancamiento económico y la alta inflación a los conflictos sociales impulsados por sectores afines al expresidente Evo Morales, que exigen su habilitación como candidato para las elecciones presidenciales previstas para agosto.
