An agricultural forum held in Santa Cruz de la Sierra once again highlighted the value of public debate spaces that allow citizens to cast informed votes. In a key electoral context for Bolivia, these kinds of events stand out for enabling producers and consumers to rigorously evaluate the proposals of those aspiring to govern.
Unfortunately, Andrónico Rodríguez did not attend the forum, continuing a recurring pattern in his campaign: avoiding face-to-face encounters with opponents and exposure to specialized audiences. This is not a personal criticism but an observation of his record: by not participating in spaces like this, he deprives the electorate of the chance to compare his discourse with concrete sectoral realities—a shortcoming that weakens the informational quality of the electoral process.
In contrast, the three candidates present—Manfred Reyes Villa, Samuel Doria Medina, and Jorge “Tuto” Quiroga—showed notable levels of agreement in their commitments. They reaffirmed the importance of agriculture as a pillar of national development and the need to prioritize it in their government plans. All supported the unrestricted protection of private property, the promotion of individual land titling, and the ten-year renewal of the economic and social function (FES). They also agreed on eliminating restrictions on agricultural exports and ensuring road accessibility to guarantee domestic supply.
There was also consensus on the need to eliminate the diesel subsidy and to strengthen actions against land invasions and cattle theft. This alignment reflects a shared understanding of the countryside’s challenges but did not entirely dissolve programmatic and strategic differences.
One of the most relevant points of divergence was the proposal regarding fuels: Doria Medina opposed removing diesel from the list of controlled substances, while Quiroga and Reyes Villa expressed support for the idea. This difference reveals a more regulatory versus a more open-market approach. Another significant nuance emerged around the role of the state: while Reyes Villa harshly criticized the “failed model” and emphasized order and legal certainty, Quiroga focused on drafting an “Agricultural Salvation Pact” with a more technical tone. Doria Medina, with a more business-oriented profile, emphasized biotechnology and market access, highlighting efficiency as a cross-cutting value.
The diversity of styles was evident: Reyes Villa chose a direct, even confrontational, tone; Quiroga appealed to institutional legacy and planning; Doria Medina sought technical and economic backing for his ideas. This diversity is healthy when rooted in transparency and public commitment.
It is important to emphasize that the commitments made at this forum must not remain electoral rhetoric. As the Eastern Agricultural Chamber (CAO) reminded, institutions will be monitoring the fulfillment of the promises made here and in other venues. That vigilance is a clear call to democratic responsibility and accountability.
In conclusion, this agricultural forum was more than a stage for sharing ideas—it was a test of democratic commitment and an exercise in programmatic transparency. It is now time to turn those promises into tangible actions. Citizens expect more than speeches—they demand results. The productive sector of the country demands it.
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En Santa Cruz de la Sierra se llevó a cabo un foro agropecuario que vuelve a poner en evidencia el valor de los espacios públicos de debate para que la ciudadanía ejerza un voto informado. En un contexto electoral clave para Bolivia, este tipo de eventos destacan por permitir a los productores y consumidores evaluar con rigor las propuestas de quienes aspiran a gobernar.
Lamentablemente, Andrónico Rodríguez no asistió al foro, prolongando una pauta recurrente en su campaña: evitar el cara a cara con contrincantes y la exposición ante audiencias especializadas. No se trata de una crítica personal, sino de una observación sobre su historial: al no participar en espacios como este, priva al electorado de confrontar su discurso con realidades sectoriales concretas; un déficit que merma la calidad informativa del proceso.
En contrapartida, los tres candidatos presentes —Manfred Reyes Villa, Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga— mostraron niveles notables de coincidencia en sus compromisos. Reafirmaron la importancia del agro como eje del desarrollo nacional y la necesidad de priorizarlo en sus planes de gobierno. Todos respaldaron la protección irrestricta de la propiedad privada, así como el impulso a la titulación de tierras individuales y la ampliación cada diez años de la función económica y social (FES). Asimismo, coincidieron en eliminar restricciones a las exportaciones agropecuarias y asegurar la transitabilidad vial para garantizar el abastecimiento interno.
También hubo acuerdo en la necesidad de eliminar la subvención al diésel y fortalecer las acciones contra el avasallamiento y el abigeato. Esa sintonía muestra un entendimiento compartido sobre los desafíos del campo, pero no disolvió del todo las diferencias programáticas y estratégicas.
Entre los puntos de divergencia más relevantes está la propuesta sobre los carburantes: Doria Medina se mostró en contra de retirar al diésel de la lista de sustancias controladas, mientras Quiroga y Reyes Villa se manifestaron a favor. Esta diferencia refleja un enfoque más regulacionista frente a otro más aperturista. Otro matiz importante surgió en el tratamiento del rol estatal: mientras Reyes Villa criticó con dureza el “modelo fallido” y enfatizó el orden y la seguridad jurídica, Quiroga se centró en la elaboración de un “Pacto Agropecuario de Salvación”, con un tono más técnico. Doria Medina, con un perfil más empresarial, puso énfasis en la biotecnología y la apertura de mercados, destacando la eficiencia como valor transversal.
La pluralidad de estilos fue evidente: Reyes Villa optó por un discurso directo, incluso confrontacional; Quiroga apeló al legado institucional y a la planificación; Doria Medina buscó el respaldo técnico y económico a sus ideas. Esa diversidad es saludable si está anclada en la transparencia y el compromiso público.
Es relevante subrayar que los compromisos adquiridos en este foro no deben quedar en la retórica electoral. Según recordó la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), la institucionalidad estará atenta al cumplimiento de lo prometido tanto en este foro como en otros espacios. Esa vigilancia es un claro llamado a la responsabilidad democrática y a la rendición de cuentas.
En conclusión, este foro agropecuario fue más que un escenario de exposición de ideas: fue una prueba de compromiso democrático y un ejercicio de transparencia programática. Ahora corresponde convertir esas promesas en acciones palpables. La ciudadanía espera más que discursos: exige hechos. El país productivo lo demanda.
https://www.eldeber.com.bo/opinion/foro-agropecuario-coincidencias-matices-y-deudas_520129/
