By Renzo Abruzzese, Brujula Digital:
The “social movements” of the MAS
One of the key argumentative pillars of the regimes led by MAS (Movement for Socialism) is powerfully grounded in what they call “social movements.” This term has given rise to a multitude of actions that, theoretically, are “mandates” from such organizations. MAS governs in their name. Almost all official arguments are protected by this ambiguous designation. Despite its intensive and extensive use, it has never been defined in a way that allows the average citizen to know who or what is being discussed. In this column, I wish to reflect on this matter.
The simplest definition of “social movements” indicates that they are social groups motivated by a demand, an unmet expectation, or an act of protest. However, experts on this topic have established that true social movements are inspired by great ideals. Consequently, movements such as feminism, environmentalism, gender demands, and others are properly “social movements.” From this perspective, social mobilizations aimed at, for example, supporting the permanence of a leader, are not social movements; they are, rather, political mobilizations.
Social movements are supposed to carry great ideas aimed at change and arise spontaneously when the need to change things imposes itself over ideologies. But those “movements” organized by some power instance or from the sphere of a ideologically defined party express ideas that their leaders designed as slogans or priority directives, usually accompanied by images with some advertising effect.
These “movements” do not represent anything beyond the current interests of the leaders and their circles of power. Thus, the so-called social movements of MAS are classic propaganda methods typical of the 20th century, influenced by the Soviet Union with its large and showy gatherings, or the power demonstrations by Göring before Hitler. They carry no great ideas, are designed to radicalize the most conservative positions, and are terrified of change.
On the other hand, Johnston Hank, a political scientist specializing in the topic, noted in 2011 that another characteristic of social movements, differentiating them from political-party mobilizations, was that they conducted politics outside of established power. This made it clear that they were not an expression of the government or the party, but of civil society. Unlike this, MAS has made these demonstrations a political device, to the point of replacing arguments and ideas with the “performance” of militancy.
When we look in some detail at the participants of the “social movements,” the first thing that becomes absolutely clear is that they belong to the same category of citizens: for instance, peasants, trade unionists, miners, etc. Rarely do MAS’s social movements show a combination of identities as large as the social movement that forced Evo Morales to resign and flee the country.
On this particular, Alain Touraine has pointed out that in the great “social movements” of the 21st century, two types of actors mobilize: historical and institutional. Historical actors seek to challenge the existing social or political order beyond any social, economic, cultural, or political characteristic that identifies them, while institutional actors seek to defend the status quo and are carefully selected so that the “movement” is actually a concentration of allies. All of MAS’s large public acts are led by institutional actors, by allies, who do not seek to challenge anything. The only thing they aim for is to consolidate the image of the current leader, defend their perks, and prolong the mandate of their leaders as long as possible.
In short, it is about clarifying a conceptual abuse that ends up being a political scam and an act of ideological corruption. The “social movements” used by MAS are not such. The only social movements that, in the light of science, can be defined as such are those born in the heart of ordinary citizens, outside of established power. These do not receive perks or stipends, do not distribute per diems, and do not keep work records. Social movements are those powerful movements of citizens whose only strength is their ideals and who, in their moment, manage to overthrow dictators.
Por Renzo Abruzzese, Brujula Digital:
Los “movimientos sociales” del MAS
Uno de los pilares argumentativos de los regímenes a cargo del MAS se afinca poderosamente en lo que denominan “movimientos sociales”. El término ha dado curso a una infinidad de acciones que, teóricamente, son “mandato” de tales organizaciones. El MAS gobierna en nombre de ellos. Casi todos los argumentos oficialistas se protegen en la confusa designación. A pesar de su uso intensivo y extensivo, nunca se lo ha definido de una manera que le permita al ciudadano de a pie saber de quiénes o de qué están hablando. En esta columna periodística deseo reflexionar sobre el particular.
La definición más simple de “movimientos sociales” nos indica que se trata de grupos sociales motivados por una demanda, una expectativa insatisfecha o un acto de protesta. Los expertos en este tema, sin embargo, establecieron que los verdaderos movimientos sociales se inspiran en grandes ideales y, en consecuencia, movimientos como el feminismo, el ambientalismo, las demandas de género y otros son propiamente “movimientos sociales”. Desde esta perspectiva, las movilizaciones sociales cuyo objeto es, por ejemplo, apoyar la permanencia de un líder, no son movimientos sociales; son, más bien, movilizaciones políticas.
Se supone que los movimientos sociales son portadores de grandes ideas orientadas al cambio y surgen de forma espontánea en los momentos en que la necesidad de cambiar las cosas se impone por encima de las ideologías. Pero aquellos “movimientos” que se organizan desde alguna instancia del poder o desde la esfera de un partido ideológicamente definido, expresan las ideas que sus líderes diseñaron como consignas o directrices prioritarias, que por lo general van acompañadas de imágenes con algún efecto publicitario.
Estos “movimientos” no representan nada más allá de los intereses coyunturales de los dirigentes y sus círculos de poder. De manera que los llamados movimientos sociales del MAS son los clásicos métodos propagandísticos típicos del siglo XX, bajo el influjo de la Unión Soviética con sus grandes y aparatosas concentraciones, o las demostraciones de poder de Göring ante Hitler. No portan ninguna gran idea, se diseñan para radicalizar las posiciones más conservadoras y le tienen terror al cambio.
Por otro lado, Johnston Hank, un politólogo especializado en el tema, hizo notar en 2011 que otra de las características de los movimientos sociales, que los diferenciaba de las movilizaciones político-partidarias, era que hacían política al margen del poder instituido. Así, dejaban claro que no eran una expresión del gobierno o del partido, sino de la sociedad civil. A diferencia de esto, el MAS ha hecho de estas manifestaciones un dispositivo político, al punto de sustituir los argumentos y las ideas por la “performance” de la militancia.
Cuando observamos con cierto detalle a los participantes de los “movimientos sociales”, lo primero que queda absolutamente claro es que pertenecen a la misma categoría de ciudadanos: por decir algo, campesinos, gremiales, mineros, etc. Pocas veces los movimientos sociales del MAS muestran una combinación de identidades tan grande como el movimiento social que obligó a Evo Morales a renunciar y fugar del país.
Sobre este particular, Alain Touraine ha hecho notar que en los grandes “movimientos sociales” del siglo XXI se movilizan dos tipos de actores: los históricos y los institucionales. Los históricos son aquellos que buscan desafiar el orden social o político existente más allá de cualquier característica social, económica, cultural o política que los identifique, mientras que los actores institucionales son aquellos que buscan defender el statu quo y, en consecuencia, se eligen cuidadosamente, de manera que el “movimiento” sea en realidad una concentración de afines. Todos los actos públicos masivos del MAS están protagonizados por actores institucionales, por afines, que no buscan desafiar nada. Lo único que pretenden es consolidar la imagen del caudillo de turno, defender sus prebendas y prolongar lo más posible el mandato de sus caudillos.
En suma, de lo que se trata es de poner en claro un abuso conceptual que termina siendo una estafa política y un acto de corrupción ideológica. Los “movimientos sociales” que utiliza el MAS no son tales. Los únicos movimientos sociales que, a la luz de la ciencia, pueden definirse de esa manera son los que nacen en las entrañas de los ciudadanos de a pie, al margen del poder instituido. Esos que no reciben prebendas ni estipendios, que no reparten viáticos y no hacen registros laborales. Movimientos sociales son esos poderosos desplazamientos de ciudadanos cuya única fuerza son sus ideales y que, en su momento, logran derrocar dictadores.
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