Qhochala chola hat | Sombrero de chola qhochala

Violeta Soria, Opinion:

Sombreros vallunos de copa alta aún se venden en la sombrerería Boston, de Cochabamba. DICO SOLÍS
Sombreros vallunos de copa alta aún se venden en la sombrerería Boston, de Cochabamba.
Valley hats with high crowns are still sold in the Boston hat shop in Cochabamba.
DICO SOLÍS

The qhochala chola hat survives in time; women from 5 municipalities bet on him

“It still exists!” Exclaims a woman who passes by the sidewalk of Estaban Arce street almost Jordan, where the Boston hat shop exposes it behind her window.

The traditional hat of the Cochabamba chola, the one with a high crown, black and snow-colored shawl, survives over time. Today, one of the oldest hat shops in the country with 60 years of history in Llajta, such as the iconic Boston, still sells them.

The women of yesteryear from the Punata, Cliza, Arani, Capinota and Vinto provinces are their loyal buyers.

Its presence does not go unnoticed. Everyone stops to watch him for the white glow of him in the midst of several hats. “It still exists!” Exclaims a woman who passes by the sidewalk of Esteban Arce street almost Jordán, where the Boston hat shop exposes it behind her window.

THE HIGH CROWN HAT

Patricia Torrez, head of sales for the Boston hat shop, says that over time the use of this traditional high-cup adornment is still in force, but its acquisition dwindled for various reasons.

One of them is its weight. This piece, woven with thread and covered with plaster, has a height of 13 to 15 centimeters and weighs about half a kilo. To this is added that its elaboration takes at least four days, from assembly, gluing, ironing, painting and drying.

All this process is done by hand by one of the last milliners that exists in Cochabamba: Mr. Eduardo Pereira, who produces them in Punata.

Another factor that contributes to its disuse is cost. One of these pieces can cost more than 100 bolivianos. Added to this is its delicacy, since it can crack with a simple blow. Despite these obstacles, the women of the valley who still buy this piece in the Boston millinery use it in two ways: single women wear the black belt on the left side and married women on the right.

Faced with this scenario, Cochabamba women opted for a hat with a medium top. “This one has a market, there are many people who come with their old hat and have it sewn,” says Torrez.

The people who buy them the most come from the highlands of the Punata and Cliza valleys. They buy them in only two sizes: one large and one small. The price ranges between 70 and 80 bolivianos.

For these dates, the demand is still low. In August, the Boston Millinery received an order for 18 top hats. Most for cultural events. However, requests are expected to increase due to the September holidays, reaching up to four dozen.

Unfortunately, over time, the women of the Cochabamba valley chose to use wide-brimmed hats, lighter, more colorful and made with raw material from China.

THE MILLINERY

Torrez comments that an Italian founded the Boston hat shop. Later it passed into the hands of the Turkish Aliss family and today it is managed by the Torrez family from Cochabamba and the Turkish Aliss. For more than 60 years, this store, located on Estaban Arce street almost Jordán, a few steps from the main square of Cochabamba, has offered at least 100 varieties of hats.

OF SPANISH ORIGIN

The researcher, historian and one of the last vindicators of the Quechua language, Juan Clavijo, says that the use of the white hat was established by the Spanish with a decree in the 17th century. Before, women used scarves.

Initially, all the hats were white, but later they acquired characteristics of each region. Thus, in Cliza and Punata, for example, they are “quasi yellow”. What did not change was the black headband that adorns its top. Clavijo says that this detail represents elegance.

As for its use, it began to decline in the 19th century. “People are changing it for the Chinese industry, comfort and price,” he explains.

During its heyday, the hat indicated status and social level. “The old hat was very expensive and had specialists, not just anyone did it. It was made in a long time”, says the researcher, regarding its valuable elaboration process.

So, the women of yesteryear used to have several pieces, one for each social event. Clavijo still remembers that his mother had this unique piece for every event: one for everyday, another was for parties, birthdays and weddings. He adds that the daughters of the landowners had up to 10 pieces for each event.

“Only those who had money could wear those hats,” he details.

Today, this iconic piece is still found in some provinces such as Punata, Arani and Cliza. However, the artisans who make them are in extinction. In Quillacollo there is no longer any, says Clavijo.

Regarding its validity, the researcher regrets that its disappearance is “imminent”.

“Every process of clothing, food or dance is changing. The hat is definitely lost. Only very old ladies still use it. It is a process that does not go back discarding the original. It’s not bad, but it’s hard to go back to the top hat.”

El sombrero de chola qhochala sobrevive en el tiempo; mujeres de 5 municipios apuestan por él

“¡Todavía existe!”, exclama una mujer que pasa por la acera de la calle Esteban Arce casi Jordán, donde la sombrerería Boston lo expone detrás de su vidriera.

El tradicional sombrero de la chola cochabambina, aquel de copa alta, toquilla negra y de color nieve, sobrevive en el tiempo. Hoy, una de las sombrererías más antigua del país con 60 años de historia en la Llajta, como es la icónica Boston, todavía los vende.

Las mujeres de antaño de las provincias Punata, Cliza, Arani, Capinota y Vinto son sus fieles compradoras.

Su presencia no pasa desapercibida. Todos se detienen a observarlo por su blanco resplandor en medio de varios sombreros. “¡Todavía existe!”, exclama una mujer que pasa por la acera de la calle Esteban Arce casi Jordán, donde la sombrerería Boston lo expone detrás de su vidriera.

EL SOMBRERO DE COPA ALTA

Patricia Torrez, responsable de ventas de la sombrerería Boston, cuenta que con el pasar del tiempo el uso de este tradicional adorno de copa alta todavía está vigente, pero su adquisición menguó por varias razones.

Una de ellas es su peso. Esta pieza, tejida con hilo y recubierta con yeso, tiene una altura de 13 a 15 centímetros y pesa cerca de medio kilo. A ello se suma que su elaboración demora al menos cuatro días, desde el armado, encolado, planchado, pintado y secado.

Todo este proceso es realizado a mano por uno de los últimos sombrereros que existe en Cochabamba: don Eduardo Pereira, quien los produce en Punata.

Otro de los factores que contribuyen a su desuso es el costo. Una de estas piezas llega a costar más de 100 bolivianos. A ello se suma su delicadeza, puesto que a simple golpe puede rajarse. A pesar de estos obstáculos, las mujeres del valle que todavía adquieren esta pieza en la sombrerería Boston la utilizan de dos formas: las solteras llevan el cinto negro del lado izquierdo y las casadas, del derecho.

Ante este escenario, las mujeres cochabambinas optaron por sombrero de copa media. “Este tiene mercado, hay mucha gente que viene con su sombrero antiguo y lo hace costurar”, comenta Torrez.

Las personas que más los adquieren llegan de las tierras altas del valle de Punata y Cliza.  Los compran en dos únicas tallas: una grande y otra pequeña. El precio oscila ente 70 y 80 bolivianos.

Para estas fechas, la demanda todavía es reducida. En agosto, la sombrerería Boston recibió un pedido de 18 sombreros de copa alta. La mayoría, para eventos culturales. Sin embargo, se espera que por las fiestas septembrinas las solicitudes se incrementen, llegando a producir hasta cuatro docenas.

Desafortunadamente, con el pasar del tiempo, las mujeres del valle cochabambino optaron por utilizar sombreros de ala ancha, más livianos, coloridos y realizados con materia prima procedente de China.

LA SOMBRERERÍA

Torrez comenta que un italiano fundó la sombrerería Boston. Posteriormente pasó a manos de la familia turca Aliss y hoy en día está administrada por la familia cochabambina Torrez y la turca Aliss. Desde hace más de 60 años, esta tienda, ubicada en calle Estaban Arce casi Jordán, a pasos de la plaza principal de Cochabamba, oferta al menos 100 variedades de sombreros. 

DE ORIGEN ESPAÑ0L

El investigador, historiador y uno de los últimos reivindicadores de la lengua quechua, Juan Clavijo, cuenta que el uso del sombrero blanco fue instaurado por los españoles con un decreto en el siglo XVII. Antes, las mujeres utilizaban pañoletas.

En un inicio, todos los sombreros eran blancos, pero posteriormente adquirieron características propias de cada región. Es así que en Cliza y Punata, por ejemplo, son “medio amarillos”. Lo que no cambió fue el cintillo negro que adorna su copa. Clavijo cuenta que este detalle representa elegancia.

En cuanto a su uso, este comenzó a declinar en el siglo XIX. “La gente la va cambiando por la industria china, comodidad y precio”, explica. 

Durante su auge, el sombrero indicaba estatus y nivel social. “El sombrero antiguo era carísimo y tenía especialistas, no lo hacía cualquiera. Se hacía en mucho tiempo”, cuenta el investigador, respecto a su valioso proceso de elaboración.

Entonces, las mujeres de antaño solían contar con varias piezas, una para cada evento social. Clavijo aún recuerda que su madre contaba con esta singular pieza para cada evento: una para diario, otra era fiesta, cumpleaños y matrimonios. Añade que las hijas de los hacendados tenían hasta 10 piezas para cada acontecimiento.

“Solo los que tenían plata podían usar esos sombreros”, detalla.

Hoy, esta icónica pieza todavía es encontrada en algunas provincias como Punata, Arani y Cliza. Sin embargo, los artesanos que las elaboran están en extinción. En Quillacollo ya no existe ninguno, asegura Clavijo.

Sobre su vigencia, el investigador lamenta que su desaparición es “inminente”.

“Todo proceso de vestimenta, comida o danza va cambiando. El sombrero se ha perdido definitivamente. Solo las señoras muy antiguas lo siguen utilizando. Es un proceso que no retrocede desechando lo original. No es malo, pero es difícil regresar al sombrero de copa”,

https://www.opinion.com.bo/articulo/cochabamba/sombrero-chola-qhochala-sobrevive-tiempo-sombrereria-boston-todavia-oferta/20220826141714878199.html

Published by Bolivian Thoughts

Senior managerial experience on sustainable development projects.

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