By Francesco Zaratti:
La Paz, 03/18/26 – The recent visit of Bolivian President Rodrigo Paz to his counterpart Lula da Silva in Brasilia sought to realign economic relations between the two nations, which have been dominated for decades by the hydrocarbons sector.
In a pragmatic turn, the need for economic integration seems to have sidelined—at least temporarily—the deep ideological differences between the Bolivian center-right, aligned with Donald Trump’s “Shield of the Americas,” and the “Socialism of the 21st Century,” for which Lula’s government has never hidden its sympathies.
This diplomatic maturity contrasts sharply with the relationship with Chile, where ideological alignment has not prevented a stalemate in the common agenda nor the tightening of migration policies by the José Antonio Kast administration.
The Shadows and Highlights of the Energy Agenda
Although government opacity persists and the full text of the five strategic agreements has not been made public in Bolivia, an analysis of official statements reveals four critical axes in the energy sector:
* Electrical Interconnection: A 420 MW transmission line is planned between the State of Mato Grosso and the border province of Germán Busch in Santa Cruz. International interconnection is a positive move for both countries as it allows for cooperation during energy crises; however, it is not intended for the permanent commercialization of electricity, as is sometimes implied. Doubts remain regarding its immediate viability: energy costs in Brazil are 50% higher, which will put upward pressure on local tariffs, and the uncertainty of the Mutún steel project—which demands over 100 MW of thermoelectricity—remains unresolved.
* New Petrobras Investments: The Brazilian state-owned oil company maintains its interest in Bolivia, as it is the sole buyer of national gas and a company capable of achieving exploration successes, as it did in the 1990s. However, experts are adamant: there will be no real investment without a change in Bolivia’s oil and gas “rules of the game.” The stalled progress in wells like Tariquía is a response to legal uncertainty and the wait for a new Hydrocarbons Law rather than environmental resistance.
* Fertilizers and Geopolitics: Conflicts in the Black Sea and the Persian Gulf open a window of opportunity to produce fertilizers at the border using Bolivian gas for the Brazilian market. Nonetheless, for now, the proposal appears to be more of a statement of “good intentions” than a concrete investment plan—at least until Bolivia increases its gas production.
* Biofuels: Beyond the exchange of technical expertise, there is hope to open markets for Bolivian bioethanol. This would alleviate pressure from local sugar mills to continually increase the blending percentage in domestic gasoline.
Cheers,
Francesco
https://fzaratti.blog/en/bolivias-renewed-energy-relationship-with-brazil/
Por Francesco Zaratti:
La Paz, 18/03/26 – La reciente visita del presidente de Bolivia Rodrigo Paz a su homólogo Lula Da Silva en Brasilia buscaba reconducir las relaciones económicas entre ambos países, dominadas en los últimos decenios por el sector hidrocarburífero.
En un giro pragmático, la necesidad de integración económica parece haber relegado —al menos temporalmente— las profundas diferencias ideológicas entre el centro-derecha boliviano, alineado al “Escudo de las Américas” de Donald Trump, y el “Socialismo del Siglo XXI”, para el cual nunca ocultó sus simpatías el gobierno de Lula.
Esta madurez diplomática contrasta con la relación con Chile, donde la sintonía ideológica no ha evitado el estancamiento de la agenda común ni el endurecimiento migratorio de la administración de José Antonio Kast.
Los claroscuros de la agenda energética
Aunque la opacidad gubernamental persiste y los textos de los cinco acuerdos estratégicos no se han hecho públicos en Bolivia, el análisis de las declaraciones oficiales revela tres ejes críticos en el sector de la energía:
- Interconexión Eléctrica: Se proyecta una línea de 420 MW entre el Estado de Mato Grosso y la provincia fronteriza Germán Busch de Santa Cruz. La interconexión internacional es una medida positiva para ambos países en cuanto permite cooperar en momentos de crisis pero no comercializar permanentemente la energía eléctrica, como a veces se da a entender. Sin embargo, surgen dudas sobre su viabilidad inmediata: el costo de la energía en Brasil es un 50% mayor, lo que presionará al alza las tarifas locales, además de que se mantiene la incógnita del proyecto siderúrgico del Mutún que demanda más de 100 MW de termoelectricidad.
- Nuevas inversiones de Petrobras: La petrolera brasileña mantiene su interés en Bolivia, siendo el único comprador del gas nacional y una empresa en condiciones de lograr éxitos exploratorios, como hizo en los años ‘90. Sin embargo, los expertos son tajantes: no habrá inversión real sin un cambio en las “reglas del juego” petrolero en Bolivia. El freno en pozos como Tariquía responde más a la incertidumbre jurídica y a la espera de una nueva Ley de Hidrocarburos que a la resistencia ambiental.
- Fertilizantes y geopolítica: Los conflictos en el Mar Negro y en el Golfo Pérsico abren una ventana de oportunidad para producir fertilizantes en la frontera con gas boliviano y para el mercado brasileño. No obstante, por ahora, la propuesta parece estar más cerca de las “buenas intenciones” que de un plan de inversión concreto, por lo menos mientras Bolivia no produzca más gas.
- Biocombustibles: Además del intercambio de experiencias, existe la esperanza de abrir mercados para el bioetanol boliviano y así disminuir la presión de los ingenios para que siga incrementándose el porcentaje de mezcla en las gasolinas.
Saludos y salud, Francesco
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