By El Diario:
Bolivia continues to rank among the least productive and competitive economies in Latin America, a situation that helps explain its weak economic growth, shortage of formal jobs, and limited improvement in household incomes. This lag is neither recent nor temporary, but the result of structural problems that have accumulated over time and now constrain the country’s development prospects.
Productivity, which measures how efficiently an economy uses its resources, remains low in Bolivia largely due to widespread informality. A significant share of firms and workers operate outside the formal economy because of complex procedures, distortionary taxes, and rigid labor regulations that make compliance costly. As a result, businesses remain small, have limited access to financing, use little technology, and struggle to grow or compete.
Another major challenge is the lack of adequate workforce skills. The education system is poorly aligned with productive needs, creating a gap between labor supply and market demand. Key sectors such as industry, agribusiness, logistics, and modern services face shortages of qualified workers, while many young people enter the labor market without relevant technical skills.
Low adoption of technology and innovation further weakens productivity. Many firms continue to rely on outdated production methods, limited digitalization, and minimal process improvement. This reduces efficiency, increases costs, and undermines product quality, making it harder for Bolivian companies to compete in external markets.
The institutional environment also weighs heavily on competitiveness. Legal uncertainty, frequent rule changes, and a lack of trust toward private enterprise discourage both domestic and foreign investment. Without investment, modernization, diversification, and sustainable job creation become increasingly difficult.
The consequences are evident: slow economic growth, low-quality employment, stagnant wages, and a growing dependence on public spending and domestic demand. When external revenues decline, the economic model becomes fragile and vulnerable to shocks.
To change this trajectory, analysts argue that Bolivia must pursue clear and consistent actions. Simplifying procedures and reducing regulatory costs are essential to encourage formalization. Labor market reforms are needed to promote formal employment and training without discouraging small and medium-sized firms.
Strengthening technical and vocational education is also critical, ensuring that training programs respond to real productive needs. Promoting technology adoption and innovation through financing and technical support can help firms raise productivity. At the same time, restoring legal certainty and stable rules is necessary to attract private investment, while improvements in infrastructure and logistics would lower costs and enhance access to markets.
Without these steps, Bolivia risks remaining locked in a cycle of low productivity and limited opportunities, prolonging an economic stagnation that directly affects living standards.
Por El Diario:
Bolivia continúa ubicada entre los países con menor productividad y competitividad de América Latina, una situación que explica su bajo crecimiento económico, la escasez de empleo formal y la dificultad para mejorar los ingresos de la población. Este rezago no es reciente ni circunstancial, sino el resultado de problemas estructurales que se han acumulado durante años y que hoy limitan seriamente la capacidad del país para desarrollarse.
La productividad, que mide cuánto produce una economía con los recursos que tiene, es baja en Bolivia porque gran parte de su actividad se realiza en condiciones de informalidad. Miles de empresas y trabajadores operan fuera del sistema formal debido a trámites complejos, impuestos distorsivos y regulaciones laborales rígidas que encarecen la formalización. En este contexto, las empresas tienden a mantenerse pequeñas, con bajo acceso a financiamiento, poca tecnología y escasa capacidad para crecer o competir.
A ello se suma una fuerza laboral con limitada capacitación técnica. El sistema educativo no responde adecuadamente a las necesidades del aparato productivo, lo que genera una brecha entre la oferta de trabajadores y la demanda real de habilidades. Sectores clave como la industria, la agroindustria, la logística y los servicios modernos enfrentan dificultades para encontrar personal calificado, mientras muchos jóvenes ingresan al mercado laboral sin las competencias necesarias.
Otro factor central es la baja incorporación de tecnología e innovación. En gran parte del tejido empresarial persisten métodos de producción poco eficientes, con mínima digitalización y escasa mejora de procesos. Esto reduce la productividad, eleva costos y limita la calidad de los bienes y servicios. Sin innovación, la competitividad externa se debilita y las exportaciones pierden dinamismo.
El entorno institucional también juega un papel decisivo. La falta de seguridad jurídica, los cambios frecuentes en las reglas y la desconfianza hacia la inversión privada desalientan tanto el capital nacional como el extranjero. Sin inversión, resulta imposible modernizar la economía, diversificar la producción o generar empleo de calidad.
Las consecuencias de este escenario son claras: crecimiento económico limitado, empleos precarios, salarios bajos y una mayor dependencia del gasto público y del mercado interno. Cuando los ingresos externos disminuyen, el modelo se vuelve vulnerable y la economía entra en tensión.
Para revertir esta situación, los analistas coinciden en que Bolivia necesita avanzar en acciones concretas y sostenidas. Es fundamental facilitar la formalización mediante la simplificación de trámites y la reducción de costos regulatorios. También se requiere una reforma del mercado laboral que incentive la contratación formal y la capacitación, sin castigar a las pequeñas y medianas empresas.
Asimismo, es clave fortalecer la educación técnica y la formación profesional, alineándolas con las necesidades reales del sector productivo. La adopción de tecnología y la innovación deben ser promovidas mediante acceso a financiamiento y asistencia técnica. A esto se suma la necesidad de garantizar seguridad jurídica y reglas claras para atraer inversión privada, así como mejorar la infraestructura y la logística para reducir costos y facilitar el acceso a mercados.
Sin estas medidas, Bolivia corre el riesgo de mantenerse atrapada en un ciclo de baja productividad y escasas oportunidades, prolongando un rezago que afecta directamente el bienestar de su población.
