By Renzo Abruzzese, Brújula Digital:
The palpable social anxiety over the shortage of dollars contrasts sharply with the government’s discourse that boasts of economic stability and a glorious future. Its main component, the dollar, has become less a means of exchange and more a fetish. It is a painful symbol of the lost normalcy, one that is beginning to reveal the true reasons that brought us to this point.
When the crisis began, we saw it as a harbinger of the economic difficulties looming ahead; despite this, we held on to the hope that the situation would be brought under control. Later, it became the real measure of our wages, and we began to notice—much sooner than expected—that our monthly income no longer covered our expenses. Eventually, we realized it was our only survival tool. By then, there was no longer any doubt about what we were going through: it was called a crisis, and it had a surname—its surname was MAS.
Liberals tell us it is a reflection of the precariousness of the plurinational model that MAS supporters are so proud of. The fanatic economists of the “Popular Bloc” claim the crisis is the result of maneuvers by an unpatriotic “right-wing” allied with imperialism. We, in the deepest part of our conscience, believe it is the outcome of a powerful dose of incredulity, a considerable amount of fear, and an almost complicit indifference that ended up catching up with us. The crisis is, in addition to the MAS regime’s ineptitude, the consequence of the Bolivian people’s naïve honesty.
The first condition, Incredulity, led a large portion of Bolivians to believe that the authoritarian regime ruling amid a sea of abuses was the key we had been seeking since the founding of the republic, and that the first indigenous man in the Government Palace embodied the definitive solution to our historical sufferings. However, we soon began to wonder whether we really deserved such a government. The second condition, fear, took hold without pretense to the point that it seemed natural. We became used to a unipolar way of thinking and to the rule of self-imposed silence. It became forbidden to think differently under threat of being labeled a right-wing traitor, a ruthless q’ara, or a raving madman dangerously hostile to the Process of Change. Finally, the third condition, indifference, born from a deceptive sense of well-being fostered by the boom in exported commodity prices, resembled more the stupor of a dying person, who in their languor had the power to paralyze protest, suspend critical reasoning, and gag divergent voices under the sacred veil of a racist, triumphant, and hegemonic indigenous identity.
The crisis has revealed the perverse nature of the Process of Change and clearly exposed its resounding failure. It has laid bare the deep damage it inflicted on society, especially on the levels of social subjectivity, beyond its technical and professional ineptitude. Perhaps if MAS could place itself in the present and choose to look to the future instead of clinging to the tired speeches of a failed left, it would find a solution more swiftly, cheaply, and effectively—though that is unlikely given the proverbial historical myopia of today’s left. There is no doubt, however, that this crisis marks a turning point in the development of Bolivia’s economy, politics, and democracy.
Por Renzo Abruzzese, Brújula Digital:
[Si quiere escuchar el resumen, use este link, gracias]
La palpable ansiedad social por la escasez de dólares contrasta con el discurso gubernamental que pregona una estabilidad económica y un futuro glorioso. Su principal componente, el dólar, más que en un medio de cambio se ha convertido en un fetiche. Es un doloroso signo de la normalidad perdida que empieza a develar las verdaderas razones que nos trajeron hasta este punto.
Cuando la crisis se iniciaba, la veíamos como el parámetro de las dificultades económicas que asechaban el futuro; a pesar de ello, guardábamos la esperanza de que la situación se controlaría. Luego pasó a ser el precio real de mi salario y empezamos a notar mucho más pronto de lo esperado que el salario mensual no cubría los gastos. Finalmente nos percatamos que era el único recurso de sobrevivencia que teníamos, a esas alturas ya no quedaba duda de que lo que estábamos pasando tenía un nombre; se llamaba crisis, y tenía apellido, apellidaba MAS.
Los liberales nos dicen que es el reflejo de la precariedad del modelo plurinacional del que los masistas se jactan tanto. Los fanáticos economistas del “Bloque Popular” nos dicen que la crisis se debe a las maniobras de una “derecha” antipatria aliada al imperialismo. Nosotros, en lo más profundo de nuestro fuero interno, pensamos que es la resultante de la combinación de una poderosa dosis de incredulidad, una cantidad considerable de miedo y una indiferencia casi cómplice que terminó pasándonos la factura. La crisis es, a más de la ineptitud del régimen masista la consecuencia de la ingenua honestidad del pueblo boliviano.
La primera condición, la Incredulidad, llevó a una buena parte de los bolivianos a pensar que el régimen autoritario que gobernaba en medio de un mar de abusos era la clave que habíamos estado buscando desde la fundación de la república, y que, aquel primer indio en el Palacio de Gobierno encarnaba la solución definitiva de nuestros pesares históricos, sin embargo, pronto nos pusimos a pensar si nos merecíamos semejante gobierno. La segunda condición, el miedo, se impuso sin tapujos al punto que parecía natural. Nos acostumbramos a un pensamiento unipolar y al imperio del silencio autoimpuesto. Resultó prohibido pensar diferente so pena de ser tachado de derechista antipatria, q’ara despiadado o loco rematado altamente peligroso para el Proceso de Cambio, y finalmente, la tercera condición, la indiferencia producto de un engañoso bienestar que propiciaban la bonanza en los precios de las materias primas exportadas, parecía más al letargo de un moribundo que en su languidez tuvo el poder de paralizar la protesta, suspender la razón crítica y amordazar los discursos divergentes bajo el manto sacrosanto de una indianidad racista, victoriosa y hegemónica.
La crisis ha develado la naturaleza perversa del Proceso de Cambio y muestra con meridiana claridad su estrepitoso fracaso. Ha dejado al descubierto el profundo daño que le hizo a la sociedad, sobre todo en los niveles de la subjetividad social, a más de su ineptitud técnica y profesional. Quizá si el MAS se ubicara en el presente y decidiera mirar el futuro y no quedar anclado en los viejos discursos de la izquierda fracasada, encontraría la solución de manera más ágil, más económica y rápida, cosa difícil dada la proverbial miopía histórica de la izquierda actual. No quepa duda sin embargo que esta crisis es un punto que marcará un antes y un después en el desarrollo de le economía, la política y la democracia boliviana.
https://brujuladigital.net/opinion/incredulidad-miedo-indiferencia
