Daily Archives: September 27, 2020

Desprecio y brutalidad contra los indígenas – Contempt and brutality against indigenous people

Gabriela Canedo, El Día:

Chaparina in memory

“We are going to blow them up.” It was the threat of the Secretary General of the Confederation of Intercultural Colonizers of Bolivia against the indigenous people of the lowlands who were leading the Eighth March in defense of their territory and against the highway that the TIPNIS would cross. The “interculturals” had stationed themselves on the San Lorenzo bridge, to prevent the passage of the March that was heading towards La Paz. A contingent of more than five hundred police officers had positioned themselves between the two groups “to protect the marchers.” Two days later, on September 25, 2011, the threats came true. The marchers, indigenous men, women and children were in the camp set up in the town of Chaparina. It was Sunday, the women washed clothes and prepared food. Children played carefree around the camp. Heavily armed policemen surrounded the marchers and brutal repression was unleashed. The explosion of tear gas was heard as the policemen advanced towards the camp, beating and kicking whoever they encountered in their path. Women, children and the elderly were brutally beaten. They bound and gagged the marchers, men and women, children and the elderly, with adhesive tape to put them on the buses that the government had rented and transferred them to the neighboring town of San Borja and then to Trinidad, in order to dismantle the march. The residents of San Borja, notified of the fact, prevented the kidnappers and their victims from passing. The buses then headed for the town of Rurrenabaque, where two Air Force planes were waiting for them to take the marchers to an unknown destination. The population of Rurrenabaque prevented the marchers from getting onto the planes and, surpassing the police force, released the captives. Days later, the mothers were reunited with their children lost during the police intervention, the liberated marchers and those who had managed to escape to the wild forest reorganized and continued their march of more than six hundred kilometers towards the Government Headquarters. The more than a thousand marchers arrived on October 19 in the city of La Paz, amid a tremendous reception that forced the government to negotiate with the marchers.

The operation in Chaparina was a brutal, unnecessary repression, in which there was a violation of human rights. To this was added that no one, absolutely no one knew of the execution of such an operation, “no one gave the order,” the justification was that “the chain of command had been broken,” at that time Sacha Llorenti, Minister of Government, denied having been the architect of such an action, he was released from all responsibility and later was awarded the designation as Bolivian Ambassador to the UN.

The TIPNIS conflict and the repression of Chaparina in particular, was more than a simple break in the chain of command, but marked a momentous turn not only in the course of the TIPNIS conflict, but in the relationship between the government of Evo Morales with indigenous peoples. This conflict revealed that within the government project, the indigenous people and their demands were of no importance. It also revealed that among the organizations allied to the government, the interculturals were the ones who dominated and had prerogatives. And needless to say, a clear contradiction emerged between the Vivir Bien proposal and a crass developmental policy at all costs. The demands of the indigenous people of the Lowlands, and particularly those of the TIPNIS, were read by the MAS government, as a simple influence of the church and environmental, paternalistic NGOs, who usually give donations, which lead the leaders to train them aside and on the other hand, they are given food and courses. In short, the indigenous people did not know what they were doing, or why they were mobilizing, it was actors outside the TIPNIS who incorporated the demands. The classic attitude of infantilizing them. This obtuse reading cost the government its gradual deterioration. Nine years after that repression, it remains to claim that this fact does not go unpunished. Chaparina, is not forgotten.

Chaparina en la memoria

“Los vamos a reventar”. Era la amenaza del Secretario General de la Confederación de Colonizadores Interculturales de Bolivia contra los indígenas de tierras bajas que protagonizaban la Octava Marcha en defensa de su territorio y en contra de la carretera que atravesaría el TIPNIS. Los “interculturales” se habían apostado en el puente San Lorenzo, para impedir el paso de la Marcha que se dirigía hacia La Paz. Un contingente de más de quinientos policías se había situado entre ambos grupos “para proteger a los marchistas”. Dos días después, el 25 de septiembre de 2011, las amenazas se hicieron realidad. Los marchistas, hombres, mujeres y niños indígenas se encontraban en el campamento instalado en la localidad de Chaparina. Era domingo, las mujeres lavaban ropa y preparaban los alimentos. Los niños jugaban despreocupados en los alrededores del campamento. Los policías, fuertemente armados, rodearon a los marchistas y se desató la brutal represión. Se escuchó el estampido de los gases lacrimógenos mientras los policías avanzaban hacia el campamento dando golpes y patadas a quien encontraban en su camino. Mujeres, niños y ancianos fueron golpeados brutalmente. Maniataron y amordazaron a los marchistas, hombres y mujeres, niños y ancianos, con cinta adhesiva para subirlos a los buses que había alquilado el gobierno y trasladarlos hacia la vecina localidad de San Borja y luego a Trinidad, con el fin de desarticular la marcha. Los pobladores de San Borja, anoticiados del hecho impidieron el paso de los secuestradores y sus víctimas. Los buses, entonces, tomaron rumbo hacia la localidad de Rurrenabaque, donde los esperaban dos aviones de la Fuerza Aérea para trasladar a los marchistas con rumbo desconocido. La población de Rurrenabaque impidió que los marchistas fueran subidos a los aviones y, rebasando la fuerza policial liberó a los cautivos. Días después se reencontraron las madres con sus hijos perdidos durante la intervención policial, los marchistas liberados y quienes habían logrado escapar al monte se reorganizaron y prosiguieron su marcha de más de seiscientos kilómetros hacia la Sede de Gobierno. Llegaron los más de mil marchistas el 19 de octubre a la ciudad de La Paz, en medio de un apoteósico recibimiento que obligó al gobierno a negociar con los marchistas.

El operativo en Chaparina fue una brutal represión, innecesaria, en la que hubo violación de los derechos humanos. A esto se sumó que nadie, absolutamente nadie sabía de la ejecución de semejante opertivo, “nadie dio la orden”, el justificativo fue que “se había roto la cadena de mando”, en ese entonces Sacha Llorenti, Ministro de Gobierno, negó haber sido  el artífice de semejante acción, se lo liberó de toda responsabilidad y tiempo después fue premiado con la designación como Embajador de Bolivia ante la ONU.

El conflicto del TIPNIS y la represión de Chaparina en particular, fue algo más que una simple ruptura en la cadena de mando, sino que marcó un giro trascendental no sólo en el curso del conflicto del TIPNIS, sino en la relación del gobierno de Evo Morales con los pueblos indígenas. Este conflicto, desnudó que dentro del proyecto del gobierno, los indígenas y sus reivindicaciones no tenían importancia. Revelaba además que entre las organizaciones aliadas al gobierno, los interculturales eran quienes hegemonizaban y tenían prerrogativas. Y ni qué decir, emergió una clara contradicción entre la propuesta del Vivir Bien y una política crasamente desarrollista a toda costa. Las reivindicaciones de los indígenas de Tierras Bajas, y particularmente las del TIPNIS, fueron leídas por el gobierno del MAS, como simple influencia de la iglesia y ONG ecologistas, paternalistas, que suelen dar donaciones, que llevan a los dirigentes a formarlos a un lado y a otro lado, que les dan comida y cursos. En suma, los indígenas no sabían lo que hacían, ni porqué se movilizaban, eran actores externos al TIPNIS los que incorporaban las demandas. La clásica actitud de infantilizarlos. Esta lectura obtusa, le costó al gobierno su paulatino deterioro. A nueve años de aquella represión, queda reclamar porque este hecho no quede impune. Chaparina, no se olvida.

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