Editorial, El Deber:
For nearly four years, thousands of Bolivians have learned a lesson that should never have had to be learned: having dollars deposited in a bank did not mean being able to withdraw them. Families who had saved for years, business owners who needed to pay suppliers, and citizens who had entrusted their resources to the financial system found themselves facing restrictions on accessing money that belonged to them. The damage was not merely economic. Trust was also shattered.
Yesterday, Thursday, the Central Bank of Bolivia (BCB) began the early repayment of $333 million corresponding to deposits ranging from $10,001 to $50,000. Payments, originally scheduled to continue until March 2027, have been brought forward by up to 130 days. The decision continues a gradual process that began in January with smaller deposits and was expanded throughout the year.
This is a necessary and positive measure. It allows many families to recover their savings sooner and represents progress in meeting obligations that should never have been called into question. But it is worth remembering a basic principle: returning depositors’ money is neither a concession nor a favor from the authorities. It is the recognition of a right.
Since February 2023, restrictions on access to dollars have damaged the relationship between savers and financial institutions. Anyone who cannot withdraw their funds when they need them will hardly find reasons to deposit money again. And without trust, savings seek other destinations: cash kept at home, transactions outside the banking system, or mechanisms that reduce the resources available to finance productive activity.
The BCB also announced that, starting November 9, financial institutions will directly manage the entire legal reserve corresponding to new foreign-currency deposits. The aim is to ensure that these resources remain available to meet withdrawal requests and encourage dollar savings to return to the banking system. The measure moves in the right direction, although its effectiveness will depend on how it is implemented and how banks respond.
The gap between official resolutions and reality remains considerable. While customers can walk into a bank and deposit or withdraw bolivianos, equivalent transactions in dollars are still restricted, apart from the scheduled repayments. High fees and limitations on using cards or making payments abroad also remain in place. These barriers push citizens toward the parallel market, with higher costs and risks. This is an obvious contradiction of the stated goal of restoring confidence.
An investigation by EL DEBER also found financial institutions that are not opening new dollar savings accounts and others that require a minimum deposit of $10,000. These obstacles illustrate why regulatory changes alone are not enough to restore financial normality.
Nor should the entire responsibility be placed on the banks. The shortage of foreign currency, economic imbalances, and public policy decisions that accompanied this crisis require serious scrutiny. Without stability and predictable rules, no administrative measure alone can guarantee that dollars will return to the banking system.
Trust is rebuilt through rules that are respected and institutions that fully exercise their powers. Using other people’s savings to deal with an economic crisis must never again be considered an option. Bolivia needs to restore the certainty that every citizen can freely access their money and that the so-called “bank mattress” — the practice of keeping cash at home rather than depositing it — will finally become a thing of the past.
The challenge is not simply to return the dollars, but to build a country with a stronger banking culture, where savings are protected, money circulates safely, and confidence in the financial system ceases to be a promise and becomes a guarantee.
Editorial, El Deber:
Durante casi cuatro años, miles de bolivianos aprendieron una lección que nunca debió existir: tener dólares depositados en un banco no significaba poder retirarlos. Familias que habían ahorrado durante años, comerciantes que necesitaban pagar proveedores y ciudadanos que confiaron sus recursos al sistema financiero encontraron restricciones para disponer de un dinero que les pertenecía. El daño no fue solamente económico. También se quebró la confianza.
Durante casi cuatro años, miles de bolivianos aprendieron una lección que nunca debió existir: tener dólares depositados en un banco no significaba poder retirarlos. Familias que habían ahorrado durante años, comerciantes que necesitaban pagar proveedores y ciudadanos que confiaron sus recursos al sistema financiero encontraron restricciones para disponer de un dinero que les pertenecía. El daño no fue solamente económico. También se quebró la confianza.
Ayer jueves, el Banco Central de Bolivia inició la devolución anticipada de 333 millones de dólares correspondientes a depósitos de entre 10.001 y 50.000 dólares. Los pagos, previstos originalmente hasta marzo de 2027, se adelantaron hasta 130 días. La decisión continúa un proceso gradual que comenzó en enero con los depósitos más pequeños y fue ampliándose durante el año.
Es una medida necesaria y positiva. Permite a numerosas familias recuperar antes sus ahorros y representa un avance en el cumplimiento de obligaciones que nunca debieron ponerse en duda. Pero conviene recordar un principio elemental: devolver el dinero de los depositantes no es una concesión ni un favor de las autoridades. Es respetar un derecho.
Desde febrero de 2023, las restricciones al acceso a dólares deterioraron la relación entre los ahorristas y las entidades financieras. Quien no puede retirar sus fondos cuando los necesita difícilmente encontrará razones para volver a depositarlos. Y sin confianza, el ahorro busca otros destinos; el efectivo guardado en casa, las operaciones fuera del sistema o mecanismos que reducen los recursos disponibles para financiar la actividad productiva.
El BCB también anunció que, desde el 9 de noviembre, las entidades financieras administrarán directamente la totalidad del encaje legal correspondiente a nuevos depósitos en moneda extranjera. El propósito es que esos recursos permanezcan disponibles para atender retiros y alentar el retorno del ahorro en dólares. La medida apunta en la dirección correcta, aunque su eficacia dependerá de cómo se aplique y de la respuesta de los bancos.
La distancia entre las resoluciones y la realidad todavía es considerable. Mientras un cliente puede ingresar a un banco para depositar o retirar bolivianos, las operaciones equivalentes en dólares siguen restringidas, salvo las devoluciones programadas. Persisten comisiones elevadas y limitaciones para utilizar tarjetas o realizar pagos en el exterior. Estas barreras empujan a los ciudadanos hacia el mercado paralelo, con mayores costos y riesgos. Es una contradicción evidente con el propósito de recuperar la confianza.
Un recorrido de EL DEBER encontró, además, entidades que no habilitan nuevas cajas de ahorro en dólares y otras que exigen un depósito mínimo de 10.000 dólares. Son obstáculos que muestran por qué una modificación normativa no basta para restablecer la normalidad financiera.
Tampoco corresponde trasladar toda la responsabilidad entera a los bancos. La escasez de divisas, los desequilibrios económicos y las decisiones de política pública que acompañaron esta crisis requieren una evaluación seria. Sin estabilidad y reglas previsibles, ninguna disposición administrativa garantizará por sí sola que los dólares vuelvan al sistema.
La confianza se reconstruye con normas que se cumplen e instituciones que ejercen plenamente sus atribuciones. Disponer del ahorro ajeno nunca más debe ser una alternativa para enfrentar una crisis económica. Bolivia necesita recuperar la seguridad de que cada ciudadano podrá disponer libremente de su dinero y que el llamado “colchón bank” pase definitivamente a la historia.
El desafío no es solamente devolver los dólares, sino construir un país bancarizado, donde el ahorro esté protegido, el dinero circule con seguridad y la confianza en el sistema financiero deje de ser una promesa para convertirse en una garantía.
https://eldeber.com.bo/opinion/dolares-confianza-perdida_1793920344

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