By David J Lozano:
Social Marketing or CSR? What Bolivia Really Needs
Bolivia’s economic crisis is no longer something measured only in inflation rates, exchange rates or government statistics. It is showing up in grocery bills, business costs and, above all, in the growing difficulty of finding a stable job or building a sustainable business.
Fewer than one in five workers has a formal job. Most Bolivians make a living through informal, temporary or self-employed work—activities that may provide an income today but offer little security or room to grow.
Add the shortage of dollars, political uncertainty, corruption and the expansion of illegal economies such as drug trafficking, and the problem becomes bigger than an economic downturn. Bolivia is facing an opportunity crisis.
That raises an interesting question for the private sector: Can social marketing or corporate social responsibility help change that?
Social marketing can certainly play a role. It can encourage financial literacy, business formalization, the purchase of locally made products, tax compliance, entrepreneurship and resistance to corruption and illegal activities.
Its strength is reach. A good campaign can influence millions of people.
But there is an obvious limitation: a campaign can change attitudes, but it cannot create a job.
Telling a young Bolivian to acquire new skills does little if there is nowhere to use them. Encouraging a small business owner to formalize is not enough if that business still cannot access financing, technology or new customers.
This is where corporate social responsibility can make a more direct difference.
CSR is often associated with donations, charity events and community projects. Those efforts have value, but Bolivia needs companies to think beyond philanthropy. The opportunity is to make CSR part of the country’s productive recovery.
A company could finance technical training for young people, create first-job programs, support business incubators, develop small local suppliers, help microbusinesses sell online or establish seed funds for promising entrepreneurs.
These are not simply acts of generosity. They are investments in the economic environment in which companies themselves operate.
Consider a simple example. Instead of spending an entire promotional budget on another advertising campaign, a company could use part of it to train 100 young people in skills that local businesses actually need. Another company could help small producers meet the standards required to become formal suppliers.
The result would be more than good publicity. It could mean new workers, stronger suppliers, growing businesses and, eventually, more taxpayers.
This is where CSR needs to evolve in Bolivia—from symbolic philanthropy to productive responsibility.
That does not make social marketing less important. It makes its role clearer. Social marketing can reinforce these efforts by encouraging people to seek training, formalize businesses, buy locally, innovate and pursue legitimate economic opportunities.
The distinction is simple: CSR can create opportunities; social marketing can help people take advantage of them.

For Bolivia, that combination may be far more useful than either approach on its own.
The country does not have only an information problem. It has an opportunity problem. Millions of people already understand that a formal job is preferable to unstable informal work. Many entrepreneurs already know that a larger, more professional business would be better.
What they often lack is the bridge between where they are and where they want to be.
That bridge can be built, at least in part, by companies willing to invest in skills, employment, suppliers and entrepreneurship.
Helping Bolivia does not necessarily mean giving more away. It can mean creating more people who can work, more businesses that can grow and more opportunities that can remain within the legal economy.
That is a form of corporate social responsibility with a much bigger payoff—not just for society, but for the companies and economy that depend on it.
https://djlh.wordpress.com/2026/09/08/marketing-social-o-rse-social-marketing-or-csr/
Por David J Lozano Herrera:
¿Marketing Social o RSE? Lo que Bolivia realmente necesita
La crisis económica boliviana ya no se mide solamente en inflación, tipo de cambio o cifras oficiales. Se siente en el precio de los alimentos, en el costo de producir y, sobre todo, en la dificultad creciente para encontrar un empleo estable o construir un negocio sostenible.
Menos de uno de cada cinco trabajadores tiene un empleo formal. La mayoría vive del trabajo informal, temporal o por cuenta propia: actividades que pueden generar ingresos hoy, pero ofrecen poca seguridad y escasas posibilidades de crecimiento.
A esto se suman la escasez de dólares, la incertidumbre política, la corrupción y la expansión de economías ilegales como el narcotráfico. El problema, por tanto, va más allá de una desaceleración económica. Bolivia enfrenta una crisis de oportunidades.
Y aquí aparece una pregunta que debería interesar mucho más al sector privado: ¿pueden el marketing social y la responsabilidad social empresarial ayudar a cambiar esta realidad?
El marketing social tiene, sin duda, un papel que cumplir. Puede promover educación financiera, formalización de negocios, consumo de productos nacionales, cultura tributaria, emprendimiento y rechazo a la corrupción y las actividades ilegales.
Su principal ventaja es el alcance. Una buena campaña puede llegar a millones de personas.
Pero tiene una limitación evidente: una campaña puede cambiar actitudes, pero no puede crear un puesto de trabajo.
Decirle a un joven que debe capacitarse sirve de poco si después no encuentra dónde aplicar lo aprendido. Pedirle a un pequeño comerciante que formalice su negocio tampoco es suficiente si sigue sin acceso a financiamiento, tecnología o nuevos clientes.
Aquí es donde la responsabilidad social empresarial puede producir un impacto más directo.
La RSE suele asociarse con donaciones, campañas solidarias y proyectos comunitarios. Todo eso puede ser valioso, pero Bolivia necesita que las empresas vayan más allá de la filantropía. La oportunidad está en convertir la RSE en parte de la recuperación productiva del país.
Una empresa podría financiar capacitación técnica para jóvenes, crear programas de primer empleo, apoyar incubadoras de negocios, desarrollar pequeños proveedores nacionales, ayudar a microempresas a vender por internet o establecer fondos semilla para emprendimientos con potencial.
No se trata simplemente de ser generoso. Se trata de invertir en el entorno económico del que también dependen las propias empresas.
Un ejemplo sencillo: en lugar de destinar todo un presupuesto promocional a otra campaña publicitaria, una empresa podría utilizar parte de esos recursos para capacitar a 100 jóvenes en habilidades que realmente demanda el mercado. Otra podría ayudar a pequeños productores a cumplir los requisitos necesarios para convertirse en proveedores formales.
El resultado sería algo más que una buena imagen. Podría significar nuevos trabajadores, proveedores más sólidos, empresas que crecen y, eventualmente, más contribuyentes.
Ahí es donde la RSE debe evolucionar en Bolivia: de la filantropía simbólica a una responsabilidad productiva.
Esto no hace menos importante al marketing social. Al contrario, define mejor su función. Puede reforzar esos esfuerzos alentando a las personas a capacitarse, formalizar sus negocios, consumir productos nacionales, innovar y buscar oportunidades económicas dentro de la legalidad.
La diferencia es sencilla: la RSE puede crear oportunidades; el marketing social puede ayudar a que las personas las aprovechen.

Para Bolivia, esa combinación puede ser mucho más útil que cualquiera de las dos herramientas por separado.
El país no tiene solamente un problema de información. Tiene un problema de oportunidades. Millones de personas ya saben que un empleo formal es preferible a un trabajo informal e inestable. Muchos emprendedores saben que un negocio más grande y profesionalizado sería mejor.
Lo que muchas veces falta es el puente entre dónde están y dónde quieren llegar.
Ese puente puede ser construido, al menos en parte, por empresas dispuestas a invertir en capacitación, empleo, proveedores y emprendimiento.
Ayudar a Bolivia no significa necesariamente regalar más. Puede significar crear más personas capacitadas para trabajar, más empresas capaces de crecer y más oportunidades que permanezcan dentro de la economía legal.
Esa es una forma de responsabilidad social empresarial cuyo beneficio puede ser mucho mayor: no solo para la sociedad, sino también para las empresas y para la economía de la que todos dependen.
https://djlh.wordpress.com/2026/09/08/marketing-social-o-rse-social-marketing-or-csr/

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