By Bolivian Thoughts:
The Dollar as a Thermometer of Collapse
Bolivia heads into the October runoff on the edge of the abyss. The MAS, with its populist and arbitrary model, provoked a debacle that is brutally clear in the parallel dollar market: from the official Bs 6.96 it shot up in days to more than Bs 20, now stabilizing near Bs 13 —more than double the legal rate— after a massive purchase of hard currency to import scarce gasoline and diesel. That reckless intervention destroyed the purchasing power of millions.
A Crisis Similar to 1985
Recent history confirms it: Bolivia faces the worst crisis since 1985. Cumulative inflation in 2025 has already surpassed 16%, with medicines up over 100%, food shortages, and hospitals collapsing for lack of basic supplies. International reserves are scraping the bottom: from US$15 billion in 2014 to less than US$2 billion in 2024, with barely US$50 million in liquid assets. Ratings agencies have downgraded our debt to junk status: public debt is now over 90% in dollars.
The Options for the Future
Throughout the campaign, we’ve seen candidates offering more than slogans. One promotes a moderate, fragile, and slow path: capitalism with a social face, a real fight against corruption, and pacts with civil society. The other embraces strong, fast, necessary liberalism: radical reforms, agreements with the IMF, the end of subsidies, justice, and institutional transparency. Se deben romper con dos décadas de desorden y clientelismo.
A Historic Decision
This is not empty speech or propaganda: it is the urgency of stopping the collapse. If as a society we do not climb out of the hole the MAS buried us in —corruption, loss of sovereignty, narco-residues, and authoritarianism— Bolivia will keep sinking.
Today we face a historic opportunity. No one will save us; it is our responsibility to break free from the masista nightmare. Forty years ago Bolivia stopped hyperinflation and started anew, rebuilding its republic from the ashes. Today, standing before the mirror, we can and must do the same. There is no more time for excuses: if we want a country where our families live with dignity, where our incomes and our future are not stolen, we must take a firm step toward real change.
Por Pensamientos Bolivianos:
El dólar como termómetro del colapso
Bolivia llega al balotaje de octubre en una situación límite. El MAS, con su modelo populista y arbitrario, provocó una debacle que se refleja con brutal claridad en el mercado paralelo del dólar: subió en pocos días de unos Bs 6.96 oficiales a más de Bs 20, hoy estabilizado en casi Bs 13 —más del doble del tipo de cambio legal— por una compra masiva de divisas para importar gasolina y diésel escasos. Esa intervención salvaje arrasó con el poder adquisitivo de millones.
Una crisis similar a la de 1985
La historia reciente lo confirma: Bolivia enfrenta la peor crisis desde 1985. La inflación acumulada en 2025 supera el 16 %, con medicamentos aumentados en más del 100 %, escasez de alimentos y hasta colapsos en hospitales por falta de insumos básicos. Las reservas internacionales están en el subsuelo: de US$ 15 mm en 2014 a menos de US$ 2 mm en 2024, apenas unos US$ 50 mm líquidos. Las agencias calificadoras han degradado nuestra deuda a basura: la deuda pública está en más del 90 % en dólares.
Las opciones de futuro
Durante la campaña, hemos visto candidatos que representan algo más que simples discursos. Uno propone una vía moderada, lenta, fragil: capitalismo con rostro social, combate real a la corrupción, pacto con la sociedad civil. El otro abraza un liberalismo fuerte, rápido, necesario, real: reformas radicales, acuerdos con FMI, fin de los subsidios, justicia y transparencia institucional. Se deben romper con dos décadas de desorden y clientelismo.
Una decisión histórica
No es discurso vacuo ni propaganda: es la urgencia de frenar el derrumbe. Si como sociedad no salimos del hueco en el que nos enterró el MAS —corrupción, pérdida de soberanía, residuos de narcotráfico y autoritarismo— Bolivia seguirá hundiéndose.
Hoy tenemos una oportunidad histórica. Nadie va a salvarnos, es nuestra responsabilidad salir de la pesadilla masista. Hace 40 años Bolivia logró detener la hiperinflación y empezar de nuevo: reconstruyó su república desde sus cenizas. Hoy, frente al espejo, podemos y debemos hacer lo mismo. No hay más tiempo para excusas: si queremos un país donde nuestras familias vivan con dignidad, donde no se nos roben los ingresos ni el futuro, debemos dar un paso firme hacia el cambio real.
