By Juan José Toro, Brújula Digital:
Without being a cyclical repetition of history, there are striking similarities between the “centenary” governments of Bautista Saavedra and Luis Arce:
Both were in charge of leading the celebrations for Bolivia’s centennial anniversaries—Saavedra for the first, and Arce for the second—toward the end of their terms. Bautista handed over power in September 1925, and Luis will do so in November.
Neither sought re-election due to the unpopularity of their administrations, caused by economic crises that triggered public rejection. Yet, both put forward their protégés as candidates: Saavedra supported José Gabino Villanueva, while Arce backs Eduardo del Castillo.
The crises they faced were largely due to opposition from their former allies. A notable political parallel is that the parties of both presidents split during their terms. In Saavedra’s case, the Republican Party fractured into “genuines” and “doctrinarians” or “socialists.” Similarly, Arce saw the MAS divide in two.
Both are university professors, but here the differences begin: Saavedra was a lawyer, while Arce is an economist. Even so, Saavedra at least attempted to resolve the crisis through the Stiffel Nicolaus loan.
Saavedra was an intellectual and journalist who wrote books and tried to implement a socially oriented or “socialist” government, promoting labor reforms like the workplace accident law and the eight-hour workday. However, as often happens, he is better remembered for his most serious error: the Uncía massacre. On the positive side, history recalls two seemingly minor acts: the enactment of the Printing Law and the Centenary Album.
The former still bears his name whenever the law is mentioned—a frequent occurrence—while the latter is a monumental work created by the best historians of his time.
What, in contrast, has Arce’s government done to mark the Bicentennial in a way that will be remembered? Despite the record number of press conferences held by his Minister of Cultures and presidential delegate to announce various activities (sports tournaments, concerts, flag-raisings, mystical hours, dog parades, events marked by ruling party ideology, and other short-lived spectacles), there is nothing truly memorable to point to.
They could have organized gatherings of historians to discuss the gaps in our history, work to fill them, and incorporate those conclusions into social science curricula in schools. But no one thought of that—because the past doesn’t generate profit or pay bribes.
Those who did think along those lines came from academia or the private sector. For instance, Editora del Sur—which publishes Correo del Sur (Sucre) and El Potosí (Potosí)—will release three books with useful historical content, thanks to support from Banco de Crédito.
Another bank, Banco Unión—partially state-owned—organized an international gathering in Sucre and announced a book compiling the presented papers. The greatest highlight of the Bicentennial came from that effort: the installation of a bronze statue of Juana Azurduy in Sucre’s Plaza 25 de Mayo.
From now on, every time someone walks by that plaza and sees the monumental statue, they will recall the Bicentennial. And that initiative cost about half a million bolivianos—a small sum compared to the planned fourth-level hospital for La Paz.
As shown, millions weren’t needed to make the Bicentennial memorable—only initiative, goodwill, and a dose of culture, all of which seem to be lacking even in the ministry dedicated to that purpose.
Juan José Toro is a National Prize winner in Journalism History.
Por Juan José Toro, Brújula Digital:
Sin ser una repetición cíclica de la historia, existen coincidencias entre los gobiernos “centurianos” de Bautista Saavedra y Luis Arce:
A ambos les tocó encabezar los actos de festejo por los centenarios de Bolivia –a Saavedra el primero y Arce el segundo– en la parte final de sus mandatos. Bautista entregó el poder en septiembre de 1925 y Luis lo hará en noviembre.
Ninguno de los dos buscó la reelección, debido a que sus gobiernos fueron impopulares por crisis económicas que provocaron la repulsa ciudadana, pero ambos pusieron de candidatos a sus delfines: Saavedra a José Gabino Villanueva y Arce a Eduardo del Castillo.
Las crisis que enfrentaron se debió, en gran medida, a la oposición que tuvieron de sus antiguos compañeros, ya que lo más notable de las coincidencias políticas es que los partidos de estos dos presidentes se dividieron en sus mandatos. En el caso de Saavedra, el Partido Republicano se dividió en “genuinos” y “doctrinarios” o “socialistas”; mientras que Arce vio partirse en dos al MAS.
Ambos son profesores universitarios, pero ahí comienzan las diferencias porque Bautista fue abogado, en tanto que Arce es economista. Aun así, el primero por lo menos intentó resolver la crisis con el crédito Stiffel Nicolaus.
Saavedra fue un intelectual y periodista que escribió libros e intentó desarrollar un gobierno de corte social o “socialista”, impulsando avances laborales, como la ley de accidentes de trabajo y la jornada de ocho horas, pero, como suele ocurrir, se lo recuerda más por su más grave error: la masacre de Uncía. En lo positivo, pasó a la historia por dos detalles, que en su momento parecieron insignificantes: la promulgación de la Ley de Imprenta y el Álbum del Centenario.
En el primer caso, su nombre salta cada vez que se menciona la norma –y ocurre con bastante frecuencia– mientras que, en el segundo, hablamos de una obra monumental que fue trabajada entre los mejores historiadores de su tiempo.
¿Qué hizo, en cambio, el gobierno de Arce para pasar a la historia encabezando los festejos del Bicentenario? Pese a que su Ministra de Culturas y su delegado presidencial batieron récords de conferencias de prensa para anunciar lo que se estaba haciendo (torneos deportivos, retretas, iza de banderas, horas místicas, desfiles de perros, encuentros marcados por la ideología del partido oficialista y otros actos de trascendencia temporal), la verdad es que no se puede mencionar nada memorable.
Se pudo organizar encuentros de historiadores para debatir sobre los vacíos de nuestra historia, procurar llenarlos, y después llevar las conclusiones a los contenidos de ciencias sociales en los centros de enseñanza, pero a nadie se le ocurrió nada de eso, porque el pasado no es lucrativo, ni paga sobornos.
Quienes apuntaron en ese sentido fueron gente de la academia o la iniciativa privada. Así, la Editora del Sur, que publica los diarios Correo del Sur, de Sucre, y El Potosí, de Potosí, lanzará tres libros con contenidos históricos útiles gracias al respaldo del Banco de Crédito.
Otro Banco, el Unión, que tiene al Estado boliviano como accionista, organizó un encuentro en Sucre con carácter internacional y se anunció un libro con las ponencias presentadas. Y de ese lado vino la mayor novedad del Bicentenario: el emplazamiento de una estatua de bronce de Juana Azurduy en la plaza 25 de Mayo de la capital del Estado.
A partir de entonces, cada vez que alguien pase por el lugar y vea esa monumental obra, se acordará del Bicentenario. Y esa iniciativa costó alrededor de medio millón de bolivianos, una suma pequeña si se compara con el hospital de cuarto nivel proyectado para La Paz.
Como se ve, no hacía falta destinar millones para hacer del Bicentenario algo memorable, sino iniciativa, buena voluntad y una dosis de cultura, que parece escasear hasta en el ministerio de ese ramo.
Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
