By El Diario:

Purchasing power is deteriorating

Families Spend Up to 80% of Their Income on Food

  • According to lawmaker and economist José Luis Porcel, inflated prices are hitting the budgets of Bolivian families who depend on temporary jobs, reducing their ability to cover healthcare, education, transportation, and housing expenses.

86% of families have changed their consumption habits, opting for cheaper foods, while markets are seeing fewer customers.

Rising prices for essential goods are putting a strain on Bolivian household budgets, particularly among families who rely on temporary jobs and spend up to 80% of their income on food. This leaves them with less money to cover healthcare, education, transportation, and housing expenses.

José Luis Porcel, a lawmaker and economist with the Libre alliance, warned that middle- and low-income households are facing increasing difficulties in meeting their daily expenses. According to his estimates, some families spend approximately Bs 2,500 a month on food, while a four-member household needs between Bs 4,000 and Bs 4,500 to maintain a modest standard of living.

“The macroeconomy has stabilized somewhat, but the microeconomy is bearing the brunt of inflation, speculation, transportation costs, and the lack of job opportunities,” the lawmaker told Radio Fides.

These concerns coincide with a report by the Ombudsman’s Office, based on research conducted between July and September. The report found that 71% of the households surveyed considered their income insufficient to buy food, while 33% had reduced their daily portions and 76% spent more than half their resources on food.

The monitoring exercise, based on 63 interviews, also found that many families were buying smaller quantities of products or replacing certain foods with cheaper alternatives. These findings raise concerns about living conditions among vulnerable groups, although they do not constitute a nationally representative statistical measurement.

Porcel also warned of the risk of students dropping out of school, as financial hardship may force households to prioritize food and postpone other essential expenses.

“Hunger has no name and no political affiliation,” the lawmaker said, warning that the deterioration of purchasing power could fuel growing social discontent and protests.

The situation is being compounded by rising transportation and production costs, which are passed on to consumers through higher food prices. The challenge is to restore families’ purchasing power, particularly for those without stable sources of income.

Por El Diario:

Se deteriora el poder adquisitivo

Familias destinan hasta 80% de sus ingresos a alimentos

  • Según el diputado y economista José Luis Porcel, el sobreprecio de productos golpea la economía de aquellas familias bolivianas que dependen de trabajos eventuales y se reduce su capacidad para cubrir gastos de salud, educación, transporte y vivienda.
El 86% de las familias modificó sus hábitos de consumo, optando por alimentos más baratos; mientras que en los centros de abasto hay poca presencia de clientes.

El encarecimiento de los productos de primera necesidad golpea la economía de las familias bolivianas, particularmente de aquellas que dependen de trabajos eventuales y destinan hasta el 80% de sus ingresos a la alimentación, situación que reduce su capacidad para cubrir gastos de salud, educación, transporte y vivienda.

El diputado y economista de alianza Libre, José Luis Porcel, advirtió que los hogares de ingresos medios y bajos enfrentan crecientes dificultades para sostener sus gastos cotidianos. Según sus estimaciones, algunas familias destinan aproximadamente Bs 2.500 mensuales a la compra de alimentos, mientras que un hogar de cuatro integrantes requiere entre Bs 4.000 y Bs 4.500 para mantener condiciones de vida austeras.

“La macroeconomía se ha estabilizado un poco, pero la microeconomía es la que está sintiendo el azote de la inflación, de la especulación, del costo de transporte y de la falta de fuentes de trabajo”, afirmó el legislador a Radio Fides.

La preocupación coincide con un informe de la Defensoría del Pueblo, elaborado entre julio y septiembre, que estableció que el 71% de los hogares consultados considera insuficientes sus ingresos para comprar alimentos, mientras que el 33% redujo sus raciones diarias y el 76% destina más de la mitad de sus recursos a ese gasto.

El monitoreo, basado en 63 entrevistas, también identificó que numerosas familias optan por comprar menores cantidades de productos o sustituir alimentos por otros de menor costo. Estos resultados constituyen una alerta sobre las condiciones de vida de los sectores vulnerables, aunque no representan una medición estadística nacional.

Porcel también alertó sobre el riesgo de deserción escolar, debido a que las dificultades económicas pueden obligar a los hogares a priorizar la alimentación y postergar otros gastos indispensables.

“El hambre no tiene nombre, no tiene bandera política”, sostuvo el diputado, al advertir que el deterioro del poder adquisitivo podría incrementar el descontento social y las movilizaciones.

La situación se agrava por el incremento de los costos de transporte y producción, que repercuten en los precios finales de los alimentos. El escenario plantea el desafío de recuperar la capacidad adquisitiva de las familias, principalmente de aquellas que carecen de ingresos estables.

https://www.eldiario.net/portal/2026/10/25/familias-destinan-hasta-80-de-sus-ingresos-a-alimentos/

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