By Fernando Untoja, Eju.tv:
An Aymara Look at the False Dilemma
State failure does not begin with the Republic, but it becomes consolidated with the Plurinational State. The Republic, despite its structural limits, sought to build a nation-state, a common citizenship, and a shared political identity. Its horizon was imperfect, but modern: legal equality, sovereignty, and national belonging.
The Plurinational State deliberately breaks with that project and replaces it with a recent ideological construction. The plurinational is not an ancestral legacy nor an organic historical demand, but a contemporary political formulation designed from power to reconfigure the State on identity-based foundations. Within this framework, a homogeneous political subject —the “indigenous”— is invented, endowed with abstract virtues and stripped of its real diversity. This operation, typical of a decadent Marxist tradition, turns identity into an instrument of control and fragmentation into public policy.
Beyond its symbolic weight, the plurinational model is institutionally unviable. A State cannot sustain itself on multiple differentiated legal subjects without eroding its own coherence. The coexistence of “nations” with distinct political rights breaks the principle of equality before the law, weakens sovereignty, and fragments state authority. Instead of an integrated institutional system, a mosaic of overlapping autonomies, contradictory norms, and dispersed political loyalties emerges, incompatible with modern governability.
The fiction of the 36 “nations” does not describe social or cultural reality; it instrumentalizes it. Far from correcting historical exclusions, the Plurinational State replaces the State–citizen relationship with a corporate and ethnic logic that dissolves citizenship as a universal category.
The pending historical task is not to deepen this identity engineering, but to promote a change of mentality and articulate a political project that restores —or refounds— the Republic on modern bases: full citizenship, the rule of law, and a social order grounded in universal rights, not in identities fabricated from power.
Por Fernando Untoja, Eju.tv:
Una mirada aymara a la falsa disyuntiva
El fracaso estatal no comienza con la República, pero se consolida con el Estado Plurinacional. La República, pese a sus límites estructurales, intentó construir un Estado nación, una ciudadanía común y una identidad política compartida. Su horizonte era imperfecto, pero moderno: igualdad jurídica, soberanía y pertenencia nacional.
El Estado Plurinacional rompe deliberadamente con ese proyecto y lo reemplaza por una construcción ideológica reciente. Lo plurinacional no es una herencia ancestral ni una demanda histórica orgánica, sino una formulación política contemporánea diseñada desde el poder para reconfigurar el Estado sobre bases identitarias. En este marco se inventa un sujeto político homogéneo —el “indígena”— dotado de virtudes abstractas y despojado de su diversidad real. Esta operación, propia de una tradición marxista en decadencia, transforma la identidad en instrumento de control y la fragmentación en política pública.
Más allá de su carga simbólica, lo plurinacional es institucionalmente inviable. Un Estado no puede sostenerse sobre múltiples sujetos jurídicos diferenciados sin erosionar su propia coherencia. La coexistencia de “naciones” con derechos políticos distintos rompe el principio de igualdad ante la ley, debilita la soberanía y fragmenta la autoridad estatal. En lugar de un sistema institucional integrado, emerge un mosaico de autonomías superpuestas, normas contradictorias y lealtades políticas dispersas, incompatible con la gobernabilidad moderna.
La ficción de las 36 “naciones” no describe la realidad social ni cultural; la instrumentaliza. Lejos de corregir exclusiones históricas, el Estado Plurinacional sustituye la relación Estado–ciudadano por una lógica corporativa y étnica que disuelve la ciudadanía como categoría universal.
La tarea histórica pendiente no es profundizar esta ingeniería identitaria, sino promover un cambio de mentalidad y articular un proyecto político que restaure —o refunde— la República sobre bases modernas: ciudadanía plena, Estado de derecho y un orden social fundado en derechos universales, no en identidades fabricadas desde el poder.
https://eju.tv/2026/01/una-mirada-aymara-a-la-falsa-disyuntiva-republica-o-estado-plurinacional/
